El aliado contra el sol

0
78

Florencia Servera

Ilustración: Lucas Di Pascuale

Lic. en Enseñanzas de las Ciencias, profesora de Química. Autora de libros de la colección Ciencia que ladra, Siglo XXI Editores.

Adivina, adivinador, ¿quién es el mejor amigo del sol? Nada más y nada menos que el protector solar. Los motivos para adorarlo en épocas en las que deseamos tomar color son muchos y no solo se relacionan con cuestiones estéticas como la prevención de arrugas, manchas y pecas, sino también con el ámbito de la salud. Su buen uso puede reducir las posibilidades de padecer cáncer de piel y otras afecciones cutáneas con las que nadie quisiera cruzarse. Ahora bien, ¿cómo hacemos para elegir el adecuado? Lo ideal es seguir el consejo del dermatólogo amigo, que conoce las particularidades de nuestra piel y puede dar el mejor consejo. Para los rebeldes que aún no sacaron el turno o no hicieron la recomendada visita anual, aquí va una pizca de información que los ayudará a cuidarse del sol.

Comencemos con lo básico. El famoso FPS o factor de protección solar es un valor que relaciona el tiempo que tarda en enrojecerse la piel protegida unas 24 horas después de la exposición a la radiación UV-B (responsable del bronceado duradero) y el tiempo que demora en hacerlo sin protección. Por ejemplo, si una piel desprotegida tarda diez minutos en enrojecerse sin protector solar, con un FPS de 30 tardará 300 minutos en hacerlo (cinco horas). Para calcular el tiempo de protección, basta con multiplicar el tiempo de enrojecimiento por el FPS. Más allá del resultado, el asunto es que en determinadas circunstancias hay que renovarse el protector más seguido, por ejemplo, cuando se suda mucho, se realizan baños o se está expuesto al sol por mucho tiempo. Eso se debe a que hay componentes del protector que se disuelven en agua o son degradados por la radiación solar.

A la hora de elegir el protector solar, además del FPS, otro condicionante suele ser el precio. Y resulta que los FPS superiores a 50 son bastante más caros que los inferiores. ¿Será porque protegen mucho más que los anteriores? Si bien pueden ser de mejor calidad o con mayor poder de penetración, lo cierto es que el porcentaje de radiación UV contra el que protegen no es muy diferente. Por ejemplo, un FPS de 30 filtra alrededor del 96 por ciento de la radiación solar, y uno de 50 filtra un 98 por ciento (siempre que se utilicen correctamente, como indica la etiqueta). Por más pequeño que parezca el porcentaje, en las pieles sensibles puede marcar la diferencia entre terminar al rojo vivo o continuar disfrutando de una piel intacta. Entonces, la decisión deberá basarse en las características de la propia piel y sus necesidades. Lo ideal es usar un protector que como mínimo tenga un FPS de 30.

De los porcentajes de filtración de cada protector según su FPS se desprende la evidencia que contradice uno de los argumentos de aquellos que se rehúsan a usarlo: como no filtran el 100 por ciento de la radiación UV, quienes se lo aplican se broncean igual (aunque tarden más en lograrlo). Además, corren menos riesgo de sufrir quemaduras y tienen menos probabilidades de padecer un cáncer de piel.

En resumen, aplicarse un buen protector solar es uno de los hábitos más saludables de los días soleados. Ser dueño de una piel sana no tiene precio.