Ojo con los ojos (y las ojeras)

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Florencia Servera

Ilustración: Lucas Di Pascuale

Lic. en Enseñanzas de las Ciencias, profesora de Química. Autora de libros de la colección Ciencia que ladra, Siglo XXI Editores.

 

Según más de un romántico, los ojos son la ventana del alma. Ternura, pasión, firmeza, frialdad son unos pocos ejemplos de lo que podemos traducir al mirar los ojos de quienes nos rodean. Y si ampliamos la observación y nos detenemos en sus alrededores, es probable que obtengamos aún más información. Por ejemplo, las ojeras y las bolsas en los ojos pueden delatar una noche agitada, insomnio o cansancio acumulado. Ahora bien, ¿por qué se forman?

Las causas de las ojeras son unas cuantas. En algunos casos, la culpable es la parentela, pues la mayor pigmentación en la zona de los párpados o el menor grosor de la piel en comparación con el que poseen los hombres y las mujeres en general puede ser consecuencia de la carga genética que heredamos. En otros, los principales responsables son los alérgenos. El polen, el polvo y ciertos ingredientes de los cosméticos o medicamentos pueden causar el aumento de la irrigación sanguínea en los alrededores de los ojos. Dado que en los párpados la piel es muy delgada (unos 5 mm aproximadamente), lo que ocurre en las profundidades se manifiesta con facilidad a través del enrojecimiento, la inflamación y otras delicias.

En esta búsqueda de culpables no podemos dejar de mencionar factores como la falta de sueño, el estrés, el tabaquismo y el consumo de alcohol, entre otros tantos. Sus efectos se parecen a los que causan los alérgenos: las ojeras aparecen por la dilatación de los capilares sanguíneos y el aumento del transporte de sangre a la zona ocular.

El paso del tiempo tampoco ayuda. La disminución de la producción de colágeno, elastina y otras proteínas que mantienen la turgencia y elasticidad de la piel contribuye a que el tejido sea cada vez más laxo y que se afloje. Ahí es cuando la fuerza de gravedad hace de las suyas y genera bolsitas en las que se depositan grasas y se acumulan líquidos. Cuanto mayor es la retención de líquidos, más grandes se suelen observar.

Para hacer menos visibles las ojeras y reducir el tamaño de las bolsas que se ubican debajo de los ojos, lo mejor es consultar a un profesional de la salud que identifique sus causas y recomiende el tratamiento más adecuado, que puede incluir desde la aplicación de un producto y la ingesta de un medicamento hasta una pasada por el quirófano. Las recetas caseras suelen ser menos efectivas, porque en caso de alergias u otras patologías no funcionan a largo plazo. Muchas consisten en aplicarse rodajas de pepino frescas, paños fríos o bolsas con geles refrescantes para disminuir la inflamación debido a la contracción de los vasos sanguíneos, que tratan de reducir la pérdida de calor, y la circulación más lenta de los líquidos. Otras recomendaciones incluyen dormir boca arriba y con almohada para favorecer el retorno venoso, comer con poca sal para reducir la retención de líquidos, evitar frotarse los ojos, quitarse el maquillaje con suavidad, hidratarse bien, reducir el consumo de alcohol y dejar de fumar. De cualquier modo, los hábitos de vida saludables –como una buena alimentación, hidratación y descanso– son fundamentales para verse cada vez mejor, menos ojeroso y gozar de una buena salud.

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