Singapur y los maestros

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En la prueba PISA 2018, los estudiantes de Singapur alcanzaron nuevamente los más altos rendimientos. Efectivamente, en esas pruebas en las que participan estudiantes de 15 años escolarizados en numerosos países y jurisdicciones –fueron 79 en 2018– Singapur se ubicó en el segundo lugar en comprensión lectora, en matemática y en ciencias, después del conjunto de cuatro ciudades chinas (Pekín, Shanghái, Jiangsu y Zhejiang) que lideraron todas las disciplinas. 

Por eso, resultan ilustrativas las declaraciones que, a propósito del sistema educativo de Singapur, el secretario general de su sindicato de maestros, Mike Thiruman, realizó durante un congreso internacional celebrado en México. Interrogado acerca del factor más importante en el logro de esos resultados, respondió que “si bien la respuesta políticamente correcta sería ‘los maestros’, en realidad es la sociedad. La sociedad valora tremendamente la educación, y los padres buscan que sus hijos reciban la mejor formación posible. Para todos, la educación es la prioridad absoluta”. 

Ese interés social se manifiesta en el prestigio del que gozan los maestros, el que, a su vez, se traduce en salarios que están entre los más altos de Singapur. Allí convertirse en maestro no es una tarea sencilla, porque no lo es ingresar a la formación docente. Los estudios son también muy exigentes y la formación prosigue una vez que los maestros se incorporan al sistema. Además, son permanentemente evaluados. Existe a este respecto un diálogo abierto con el sindicato docente, ya que todos buscan cooperar. Dijo Thiruman: “El centro de un sistema educativo son los maestros. El sistema será tan bueno o tan malo como los maestros. En Singapur no tenemos tantos recursos. Tenemos personas, así que invertimos en ellas, en las mejores, y las convertimos en maestros”.

“Ese interés social se manifiesta en el prestigio del que gozan los maestros, con salarios entre los más altos de Singapur”.

En lo que respecta a la metodología de la enseñanza, en los últimos años han intentado reducir los contenidos, buscando que los chicos adquieran los conceptos básicos y los puedan aplicar a problemas de distintas áreas. “Creemos que los alumnos deben llevarse la filosofía, la manera de pensar de las distintas disciplinas”, afirmó Thiruman, y añadió: “Cuando enseñamos matemática no nos enfocamos en las operaciones, sino en el concepto. Por eso, ya en la primaria enseñamos álgebra. Buscamos que, desde chicos, comprendan la lógica. Después les resulta mucho más sencillo entender las operaciones”.

Thiruman respondió a las reiteradas críticas a la competitividad que caracteriza a la educación en Singapur: “La competencia es bienvenida y muy positiva. La competencia que se genera no es salvaje ni mucho menos. Mi hijo está por rendir el examen final de secundaria y sus compañeros vienen a casa a prepararlo juntos, para retarse entre ellos. En realidad, existe una competencia colaborativa, ya que no se trata de que uno se salve y el otro quede abajo”. El examen final de secundaria, que caracteriza a casi todos los sistemas educativos del mundo, es muy exigente en Singapur.

Destacando el hecho de que la educación es fundamental para el desarrollo de un país, Thiruman concluyó señalando que “cuando ingresan al aula, los docentes deben decirse a sí mismos: ‘Hoy voy a moldear el futuro de la nación’”.