Gardel y García Lorca

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Se dice frecuentemente que el último concierto de Carlitos en Buenos Aires fue en septiembre de 1933 en el Teatro 25 de Mayo de Villa Urquiza. Pero en realidad fue en el Teatro San Martín, el 19 de octubre.

Sin embargo, hubo otro concierto, privado, con un invitado de lujo: Federico García Lorca, que había llegado el 13 de octubre a Buenos Aires y permanecería durante seis meses entre nosotros. 

Fue a principios de noviembre de 1933, en una de esas noches mágicas de la calle Corrientes, todavía angosta, cuando Federico salía de ver un ensayo en el Teatro Smart (hoy Multiteatro) acompañado por el periodista Pablo Suero y el escritor César Tiempo. Al llegar a la esquina de Libertad se cruzaron con Gardel; después de las presentaciones de rigor, Carlitos los invitó a su casa. Allí “el Mudo” lo homenajeó con Caminito, Claveles mendocinos, La tropilla y Mis flores negras. García Lorca retribuyó sentándose al piano a entonar melodías españolas y a recitar alguno de sus poemas. 

El poeta quedó muy impresionado con la calidad artística de Carlos Gardel. Comenzaba a surgir una amistad basada en la mutua admiración. Carlitos le habría dicho: “¡A ver cuándo nos escribe un tango! Ustedes los andaluces son tan sentimentales como nosotros”1 y, según una versión de un periodista español, se ofreció a ponerle música al Romancero gitano de Federico.2

Su biógrafo, Ian Gibson, asegura que aquí conoció el éxito y el reconocimiento. La zapatera prodigiosa llenó durante meses la sala del Teatro Avenida. Aunque estrenada en 1930 con la compañía de Margarita Xirgu en Madrid, al decir de Lorca: “En realidad su verdadero estreno es en Buenos Aires y bailada por la gracia extraordinaria de Lola Membrives”. Este éxito, sumado al de Bodas de sangre, motivó esta carta a sus padres: “Yo no he visto en mi vida una cosa igual de entusiasmo y cariño. El gran Teatro Avenida es como diez veces el Teatro Español de Madrid y estaba totalmente ocupado por una muchedumbre”.3

“Fue a principios de noviembre de 1933, en una de esas noches mágicas de la calle Corrientes…”.

En la misma carta les diría: “Buenos Aires es una ciudad maravillosa. Es como me gustaría que fuera España: cosmopolita, llena de amigos, desprejuiciada, tumultuosa, desbordante de vida y de cultura. Mientras en Madrid silban y patalean cuando no entienden una obra, en Buenos Aires te agradecen la dificultad, les gusta exigirse. Son un público maravilloso”. 

Brindó varias conferencias en Buenos Aires, la primera, a poco de llegar, sobre “Juego y teoría del duende”, en la que le regaló al público argentino estas palabras: “En los comienzos de mi vida de autor dramático yo considero como fuerte espaldarazo esta ayuda atenta de Buenos Aires que correspondo buscando su perfil más agudo entre sus barcos, sus bandoneones, sus finos caballos tendidos al viento, la música dormida de su castellano suave y los hogares lindos del pueblo donde el tango abre en el crepúsculo sus mejores abanicos de lágrimas”.

Federico y Carlitos nunca más se volverían a ver. Cada uno partiría hacia su trágico destino. 

1. César Tiempo,  Suplemento Cultural del diario Clarín, 01/07/ 1971.

2. Antonio Lorenzo en El Economista.es, 02/02/2020.

3. Ídem.