Por qué es importante leerles cuentos

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Antes de dormir, en casa o mientras se viaja…, no hay lugar donde no quepa la lectura. Es un momento único y la entrada a nuevos mundos, palabras y expresiones que irán formando el bagaje cultural que acompañará a los niños toda la vida.

Foto: iStock

Por qué es importante leerles cuentos a los chicos? La pregunta cobra real dimensión frente a los datos del Informe sobre Equidades en el Ejercicio de los Derechos de Niños y Niñas (período 2010-2017) de la Universidad Católica Argentina, que muestra que en la Argentina cuatro de cada diez chicos entre 0 y 12 años no tienen libros infantiles en sus hogares.

Especialistas en procesos de lectoescritura e investigación educativa aseguran que la lectura permite a los niños, además de reconocer el afecto que se les transmite en ese momento, incorporar vocabulario y nuevos conocimientos, y les facilita el aprendizaje del proceso de lectura y escritura. 

Celia Rosemberg, doctora en Educación (UBA) y directora del Centro Interdisciplinario de Investigaciones en Psicología Matemática y Experimental (CIIPME/CONICET), asegura que es muy importante que los chicos participen tempranamente de situaciones de lectura de cuentos y otros textos. En una entrevista realizada por la Fundación Arcor y publicada en su sitio web, afirma: “La hora de lectura antes de irse a dormir, tan común en muchos hogares, es importante que siga existiendo, porque al leerle un cuento a un chico, el adulto lo introduce a otros mundos, a un vocabulario no familiar, lo acerca a otras realidades, a otras formas de expresión, organizaciones sintácticas más complejas, y eso ha mostrado hacer una gran diferencia a la hora en que los chicos tienen que aprender a leer y escribir en el marco escolar”. 

Un material educativo realizado por la misma fundación, que reúne contenidos desarrollados por Rosemberg y Alejandra Stein, vicedirectora de CIIPME, sobre la lectura de cuentos en el hogar, explicita que “para aprender, los niños y niñas deben contar con el apoyo de un adulto que, en la interacción, los guíe a que centren su atención en los conocimientos y las habilidades que son la base del proceso de alfabetización”.

De esta manera, pueden ampliar sus horizontes, conocer lugares y situaciones representados en la historia que comparten y habituarse a otro estilo de lenguaje, aprender el significado de términos poco familiares y expresar sentimientos propios a través de la vida de un personaje, entre otras tantas experiencias de disfrute y aprendizaje a las que da apertura la lectura compartida de una linda historia.

VALORAR EL ENCUENTRO

Leer es importante y necesario porque “ese momento queda grabado en el imaginario de los chicos”, afirma Natalia Porta López, coordinadora del Plan Nacional de Lecturas del Ministerio de Educación de la Nación. La autora de literatura infantil, también coordinadora del Programa Abuelas Cuentacuentos de la Fundación Mempo Giardinelli, recomienda tener siempre a mano un libro. “Leerles permite obtener algo lindo para compartir; el chico sabe que mientras dure el cuento, ese adulto que lee va a quedarse con él dialogando, y así se va creando el amor por la lectura”, añade.

Ese encuentro genera una “huella afectiva”, “el recuerdo de algo muy amoroso que alguien nos da muy generosamente y sin pedir nada a cambio”, afirma la especialista. 

“Es importante porque ese momento queda grabado en el imaginario de los chicos”.
Natalia Porta López

“El rol de los adultos es compartir literatura sin pedir después ejercicios o interpretaciones, sobre todo, únicas. Los adultos tenemos que estar atentos a todas las interpretaciones de los chicos y no descalificarlas, para que sigan teniendo ganas de leer y no lo tomen como si fuera un trabajo o un mensaje por descifrar. Queremos que disfruten, no que sientan obligación”, subraya Porta López.

“No hay necesariamente un espacio del día más adecuado que otro; lo conveniente es leerles en cualquier momento, porque no hay lugar donde no quepa la lectura. Hay momentos donde quizá no podemos leer, pero es omnipresente la oportunidad de compartir una rima, un cuento corto, por ejemplo, antes o después de comer, mientras jugamos en el jardín, o podemos introducir el libro como objeto lúdico”, agrega.

Para ella, el contacto con el libro en papel permite “identificar al objeto libro como centro de los encuentros con alguien, ya sea un par o un adulto”. 

Estela García, voluntaria del Programa Abuelas Cuentacuentos que funciona en la ciudad de Venado Tuerto, Santa Fe, se incorporó a la iniciativa impulsada por el escritor chaqueño cuando su hija estaba en la escuela primaria, y hoy continúa allí. Junto con otras voluntarias, visitan escuelas y llevan libros para compartir con los estudiantes. “Un niño que lee incorpora imaginación; los cuentos los transportan a otros paisajes, y ellos –que son ávidos y curiosos de recibir nuevas historias– las van recreando cuando las escuchan”, relata García.

Por su parte, María Teresa Andruetto, ganadora del premio Hans Christian Andersen, el galardón más importante dentro del campo de la literatura infantil y juvenil, apunta: “Siempre el libro en papel permite el encuentro del niño con un adulto o con otros chicos escuchando a alguien que lee, que en la virtualidad se da con la computadora o un aparato electrónico”. La escritora cordobesa señala que “escuchar un cuento todas las noches, en la cama o al momento de cenar, tiene un gran valor afectivo, y, además, les permite a niños y niñas acceder a universos diferentes, imaginarios o reales”. 

Andruetto considera que leerles a niños antes de dormir, en general, se vincula a “un momento al final del día, de reposo, de descanso y de encuentro: un camino para transmitir amor, abrazo, proximidad mediante la calidez de la voz, para que ese niño pueda hacer preguntas, que se detenga, vuelva a las páginas… Es un momento para él solo que a veces en el furor de la vida cotidiana no somos capaces de encontrar”.