HERNÁN BARRETO: A PRUEBA DE TODO

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Desde el momento de su nacimiento, se sobrepuso a todas las adversidades que se le cruzaron, y forjó una carrera excepcional. Se demostró a sí mismo de lo que es capaz y cambió su vida.

Tiene cuatro medallas de oro y una de plata a nivel panamericano, tres de bronce y una de plata en mundiales, y tres bronces más en las pruebas de 100 y 200 metros de la categoría T35 de los Juegos Paralímpicos. La carrera deportiva de Hernán Barreto le trajo muchas alegrías, muchas más que las que el conteo de medallas es capaz de transmitir. Gracias al atletismo, cambió su vida. En el deporte encontró un refugio que nunca halló en su casa de origen. Fue el espacio de paz en un contexto tormentoso, el bálsamo que le permitió sonreír e imaginar un futuro mejor.

Su llegada al mundo fue caótica: producto de la violencia que su padre ejercía sobre su madre, incluso estando embarazada, se adelantó el parto. Nació con seis meses de gestación, y una pérdida de oxígeno ocasionó una lesión cerebral que le afectó el desarrollo y la motricidad en piernas y brazos.

La violencia no se detuvo. Al contrario: él también comenzó a recibir los golpes de su padre, quien con el tiempo además lo maltrató psicológicamente: “Me decía que yo no iba a ser nadie, que siempre iba a depender de él
–cuenta Hernán–, pero yo no tengo nada en contra suyo. De hecho, aunque suene loco, de alguna manera agradezco lo que viví, porque me hizo ser quien soy hoy, porque no me caí a pesar de todo”.

A los ocho años, el atletismo se cruzó en su camino y Hernán se aferró a esa oportunidad para salir un rato de su casa. Todos los años, si hacía bien las cosas, podría competir en los Juegos Bonaerenses, un programa que incluía un viaje a Mar del Plata con una semana de estadía: “Sabía que durante una semana tenía todo lo que en mi casa no tenía: comía bien, estaba contento y salía de todas las presiones psicológicas y físicas de mi papá”, explica.

Su deporte favorito, sin embargo, era el fútbol. Cuando llegó a la adolescencia, se incorporó al seleccionado nacional de atletismo, que concentraba y entrenaba cada dos semanas en el Cenard, en la ciudad de Buenos Aires. Durante un tiempo dejó de ir, porque no le alcanzaba el dinero para viajar desde Zárate, pero pudo retomar. En el Cenard, le permitieron concentrar un par de veces con el seleccionado de fútbol para “chicos PC” (con parálisis cerebral), pero llegó el momento de decidir y Hernán entendió que en el atletismo tenía más posibilidades de crecimiento. “Elegí bien, porque pude conseguir un trabajo y comprarme mi casa gracias al deporte. O no, en realidad no fue gracias al deporte, sino gracias a mí, que fui y entrené para ganar medallas y becas”, cuenta.

  • ¿Parte de tu impulso fueron las ganas de demostrar que sí podías hacer lo que otros creían que no?

Creo que sí, que todo lo que me pasó en la niñez me hizo dar cuenta de que realmente la discapacidad está en la sociedad y no en la persona que la tiene. Me propuse ser alguien en la vida. Muchos creen que las personas con discapacidad solo podemos dar lástima, y yo no me quería quedar en eso. Quería demostrarme, primero a mí, que podía conseguir las cosas que yo quisiera, sin depender de nadie.

Con sus primeras medallas grandes, en los Parapanamericanos de Guadalajara, en 2011, arregló la casa de su mamá y sus hermanos, donde él ya no vivía. Con las siguientes, armó su propio hogar junto a su esposa y sus dos hijas.

  • ¿Cambió la forma en la que te ven los demás?

Creo que sí. Cuando era más chico, me pasaba que me acercaba caminando y se cruzaban de vereda. Hoy me ven y algunos me piden una foto. Es diferente la mirada que tienen de lo que soy. Para mí, más allá de lo deportivo, yo creo que hay gente que me admira por lo que soy como persona.

  • ¿Qué te genera ese cambio en la mirada ajena?

Creo que es importante que la sociedad entienda que nadie está exento de tener una discapacidad, porque mañana te agarra un ACV y podés quedar en silla de ruedas. Si bien con el paralimpismo y las transmisiones hemos logrado cambiar la mirada de la sociedad sobre la discapacidad, que nos vean como atletas que compiten y no como pobrecitos, a veces hay personas que no terminan de entenderlo. Incluso gente preparada y con llegada. Todo atleta es un atleta, más allá de si tiene una discapacidad o no.

  • ¿Disfrutás cuando corrés?

Yo entreno para ganar. Trato de disfrutar cuando me toca ir a una competencia, cuando estoy en una villa paralímpica o parapanamericana. Pero durante la competencia, muchas veces no me permito disfrutar de la carrera. Un atleta tiene muchas presiones; y el que no las siente es porque no tiene alma de ganador. En una competencia pienso en que tengo que buscar un resultado, ganar, porque a mí se me paga una beca y con eso como. Si bien lo disfruto, sé que es mi trabajo y que lo que yo haga en la pista va a modificar lo que pueda darle a mi familia. 

PARÍS

La postergación de los Juegos de Tokio, que se realizaron un año más tarde de lo previsto, hizo que el ciclo olímpico de cara a París 2024 resulte más corto. Muchos atletas aprovechan esta situación para animarse a un último tirón. Hernán tiene 30 años y se ilusiona con participar de sus cuartos Juegos Paralímpicos (además de en Tokio, estuvo en Londres 2012 y Río 2016). “Si me toca estar en París y saco un buen resultado, me retiro. Quiero ganar una medalla, porque eso me daría otros cuatro años de beca. Me siento bien, capaz de llegar y ganarla”, confiesa.