Maternidad: ¿Por qué siempre me siento culpable?

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Hay mamás que viven sintiéndose mal por cada cosa que hacen: porque no les dedican tiempo suficiente a sus hijos o porque trabajan demasiado. Qué hay que saber para sacarse la mochila de la culpa.

Por: Paola Florio

 

Silvia López es enfermera y trabaja de lunes a sábado. Por eso, aunque llueva o truene, cada domingo después del desayuno se toma dos colectivos para ir a visitar a su hija, de 29 años, que vive en Moreno, Buenos Aires, con sus mellizos. Siempre tuvieron muy buena relación. Pero desde que su hija se divorció, siente mucha culpa cuando llega el momento de despedirse. Experimenta como una puntada en el pecho cada vez que la abraza para decirle que la ve en una semana. Está segura de que a su hija le vendría bien una abuela que cuide a sus nietos, pero ella estudió de grande y siente mucho orgullo por su profesión.

Cecilia Rossi también convive con la culpa. Pero, en su caso, a diario. Tiene dos hijos, de 7 y 10 años. Ella es farmacéutica. Como es la responsable de abrir la farmacia donde trabaja, sale de su casa antes de que sus hijos se despierten. Su esposo también se va temprano, así que contrató a una señora del barrio para que les prepare el desayuno y los lleve caminando a la escuela. Cecilia no solo no ve a sus hijos cuando se levantan, sino que tampoco puede ir a ningún acto ni reunión de padres, ya que siempre son a primera hora. A la tarde, los va a buscar a la escuela y ahí recupera la alegría, cada día.

“Las razones por las cuales una mamá siente culpa frente a dejar a su hijo en una guardería, jardín o escuela pueden ser muy diversas. Podemos identificar conflictos entre creencias”, explica la doctora Edith Vega, psicóloga de Fundación Hospitalaria. Y enumera:

•Que la madre desee un espacio personal de realización y disfrute de su trabajo. Siente culpa al oponer su deseo individual a lo que ella cree que debería experimentar como madre. Existe tensión entre la mujer y la madre.

•Que la madre solo trabaje por necesidad económica. Preferiría cuidar de sus hijos antes que dejarlos. En este caso, sufre de pena y a ella misma le duele la separación. Y se siente culpable por no poder contar con los recursos necesarios para dedicarse a la familia. Existe tensión entre la realidad y el deseo.

”La mayoría de las veces no somos conscientes al expresar algunos pensamientos, cuando nos golpean la culpa y el cansancio”. Carmen Celso

•Que la madre simplemente necesite un poco de separación de sus hijos. A veces los chicos van a guardería o jardín aunque la madre permanezca en casa. La culpa aparece por el mandato sociocultural de entrega absoluta de una madre. Existe tensión entre el espacio personal y el espacio familiar.

¿CULPA O RESPONSABILIDAD?

Ya sea porque necesitamos trabajar y no nos queda otra opción, porque elegimos ese trabajo debido a que es nuestra vocación o porque realizamos alguna actividad para tener un rato para nosotras, la mayoría siente culpa. Pero ¿qué hay de nuestras responsabilidades?

Según la doctora Vega, “es relevante diferenciar culpa y responsabilidad. Sobre la mamá suele recaer la responsabilidad del cuidado hacia la prole y hacia la previsión de las diferentes necesidades de cada uno de los miembros de la familia. Cuanto más pueda compartirlo con su

pareja, su red familiar y social, mayores posibilidades tendrá de brindar una perspectiva constructiva que integre las diferentes necesidades”.

RIESGOS

La mayoría de las veces no somos conscientes, pero es bastante común expresar en voz alta, delante de nuestros hijos, algunos de los pensamientos que se nos cruzan cuando nos golpean la culpa y el cansancio. Algo así es lo que le pasó a Carmen Celso, que una vez llegó tan cansada del trabajo que se puso a llorar, mientras le decía a su hijo menor que si ella no trabajaba no tenían para comer. A los minutos, su hijo desapareció y volvió con su alcancía para “ayudar”. Carmen se quedó helada. Y de nuevo apareció la culpa, pero esta vez por hablar de más.

“Cuanta mayor congruencia haya en el mensaje transmitido por la mamá, habrá menor dificultad en transmitirlo”, comentó la doctora Vega.

Estos son, según la especialista de la Fundación Hospitalaria, algunos aspectos para considerar al momento de conversar con el hijo, teniendo en cuenta las diferentes edades:

•Evitar victimizarse.

•Valorar encuentros originales fuera de horario: sumar una cuota de juego o diversión a lo que se hace. Si cocinamos, podemos invitar a nuestros hijos a jugar en un lugar seguro en la cocina o ayudarnos amasando. Si vamos de compras, podemos aprovechar para pensar juntos qué nos gusta comer, detenernos unos minutos en la parte de los libros infantiles o ver algún juguete (no para comprar en ese momento).

•Utilizar el momento del baño como un espacio para sumergir juguetes o hacer burbujas.

•Expresar con autenticidad los sentimientos: puede ser una oportunidad para intercambiar sobre los dilemas que plantea la vida. Escuchar los sentimientos y pensamientos de los hijos sin censura, favoreciendo el diálogo cotidiano frente a los obstáculos.

Aunque todas quisiéramos ser la mujer maravilla y las mejores en todos los ámbitos, quizá haya llegado el momento de reconocer todo lo que hacemos diariamente para, de una vez por todas, dejar la culpa afuera de nuestras vidas. Conversar con otras mujeres que viven situaciones similares y bajar las exigencias seguramente nos ayudará a sentirnos más acompañadas.

MEJORES OPORTUNIDADES

Las mujeres cuyas madres trabajaron fuera de sus casas tienen más oportunidades de conseguir trabajo y de sostener la responsabilidad de contar con un equipo a cargo, según una investigación realizada en 24 países por KathleenMcGinn y colaboradores, publicada por la Escuela de Negocios de Harvard.

Además, el estudio muestra diferencias salariales: si bien en los hombres los investigadores no observaron variaciones, encontraron que las mujeres con madres que salían a trabajar tienen mayores salarios.

Otro dato llamativo que descubrieron fue que quienes se acostumbraron a vivir en una casa donde la madre se iba a trabajar son más colaboradores con las tareas del hogar.