¡Que canten los niños!

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Los coros en las escuelas tienen múltiples beneficios para los chicos y adolescentes. Desde fomentar la socialización y el autoconocimiento hasta mejorar sus trayectorias educativas. También contribuyen a transformar las instituciones.

Por: Dai García Cueto  

Foto: AFP

 

Hay muchas razones para que el canto esté incorporado en las currículas de los sistemas educativos. Cantar es tan propio del ser humano como hablar; entonces, que los estudiantes de nivel escolar puedan hacerlo aporta al desarrollo de la comunicación y de la expresión sonora, entre otros beneficios. La lista de efectos positivos es amplia y diversa, abarcando aspectos físicos, psicológicos, sociales, musicales, culturales, educacionales y expresivos de niños y adolescentes.

Si hablamos de la importancia de armar un espacio coral dentro de una escuela, hay que empezar por el impacto que tienen en los procesos educativos y cognitivos. En la mayoría de las experiencias, los chicos que participan del coro obtienen mejores resultados en el resto de las materias. “El estudio sistemático de un instrumento, en este caso la voz, les da un objetivo, los ordena y les permite ver el progreso. En las escuelas, a veces, esto no sucede y les cuesta concentrarse. El aprendizaje musical que van incorporando los ayuda en el rendimiento escolar”, explica Juan Pablo Cadierno, director del coro de la Universidad Nacional de Tucumán y del coro preparatorio de estudiantes secundarios de la Escuela Manuel Belgrano.

“¡Hay equipo!” es una frase que se escucha entre los deportistas, sin embargo, también se aplica a los coros, ya que cada uno de los integrantes es fundamental para que el grupo funcione y el resultado será inalcanzable sin el compañero de al lado. A su vez, se parecen a los deportes en cuanto al entrenamiento y al ensayo que requieren, aunque a diferencia de las actividades deportivas, en los coros la competencia queda fuera y pueden compartir la práctica varones y mujeres.

“Los niños encuentran un espacio no competitivo donde cada uno se siente importante ocupando su lugar”, comenta Maximiliano Bosio, profesor de Música en escuelas primarias de Santa Fe y uno de los impulsores del Campamento Coral en la provincia. En el mismo sentido, Cadierno sostiene que se trata de “una comunidad que persigue objetivos comunes. De esta manera, el joven aprende a trabajar socialmente y en beneficio de un grupo”. Para Guillermo Pellicer, director de coro en la Escuela de Niños Cantores de Córdoba, Instituto Domingo Zipoli, se puede incentivar a los chicos sin la presión de tener que ser finalistas de un torneo. Y explica: “Con el tiempo se irán preparando para asumir triunfos y derrotas, porque el trabajo en conjunto sirve para autosuperarse; lo que hicimos mal, podemos hacerlo mejor. Son valores que te sirven para muchos aspectos de la vida, ya que se forman en el esfuerzo sano, no por competir, sino para superarse y festejar el resultado de un conjunto”. Todos para uno y uno para todos, como decían los tres mosqueteros.

“Los niños encuentran un espacio no competitivo donde cada uno se siente importante ocupando su lugar”. Maximiliano Bosio

Además, el trabajo en grupo va de la mano del fortalecimiento de la autoestima personal, pues cada chico ocupa un lugar único y es una pieza clave del conjunto. De esa manera, “se siente importante, se da cuenta de que los docentes lo necesitamos y de que es necesario en el grupo. Esto, al mismo tiempo, genera un sentido de pertenencia”, comenta Bosio.

A quienes están transitando la adolescencia, los diferentes roles por ocupar en un coro pueden ayudarlos a encontrarse. «Están atravesando un momento en que necesitan ser valiosos, no saben qué hacer y están boyando en el curso, tratando de copiarse uno del otro, del docente, de los padres. El coro es un buen lugar, porque hay diversas funciones. Además, al encontrar su lugar en esta minisociedad que es la escuela, tienen el ejercicio para luego encontrarse en la familia, en el barrio, en los ámbitos sociales más grandes”, sostiene Pellicer, también director del Coro de Niños de la Ciudad de Córdoba. Es decir, se convierten en un espacio para el autoconocimiento, tanto a nivel psicológico y social como corporal. “Para aprender a cantar en un proceso consciente, deben aprender a percibirse a sí mismos, su respiración, su tracto vocal. Van conociendo las posibilidades de su cuerpo, revisando la postura, cómo respiran. Cantar los lleva a hacerse más dueños de sí mismos”, dice Cadierno, quien estuvo al frente de uno de los Coros del Bicentenario en San Miguel de Tucumán entre 2008 y 2016, como parte de un programa nacional que crea orquestas y coros para estudiantes primarios y secundarios.

EN EL AULA

En el país, en general, los coros están previstos como instancias extracurriculares impulsados por los profesores de Música y son más habituales en colegios de educación católica. Sin embargo, todas las aulas podrían constituir uno en donde el total de los estudiantes pueda cantar, ya que no es necesario tener buena voz para hacerlo. Cantar es afinar, y cualquiera podría lograrlo, solo basta educar el oído.

“El que canta bien abre la boca y lo hace, pero para aquellos que todavía no saben, es muy violento ese primer intento, se te pueden burlar”, explica Pellicer. Cantar es una de las manifestaciones que apriori dejan expuesto a quien lo practica, entonces si a un niño se le dice que es incorrecto lo que está haciendo, quedará marcado, y tal vez no se anime a repetirlo. Para Cadierno, “hay que tratar de no basarse en la censura, porque eso bloquea centros afectivos y corporales”. En su caso, aplica la estrategia de trabajar con grupos grandes, “porque al sentir que son muchos, el resultado no depende tanto de lo individual. Por otra parte, que el grupo sea atractivo en diversidad hace que sea legitimado por los mismos chicos”. Por eso, elegir solo a quienes ya cantan bien dará resultados estéticos al corto plazo, “pero las bases de ese proyecto no serán tan positivas para la comunidad. Al incluir a todos el coro puede no sonar lindo al comienzo, sin embargo, será un espacio de aprendizaje y convocante”, agrega.