Papá Noel y los Reyes Magos, ¿hasta cuándo?

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Con frecuencia nos preguntamos hasta qué edad es conveniente sostener las fantasías de los más pequeños. Opinión de padres y especialistas.

Por Carola Sisto

Joaquín e Ignacio Silva jamás creyeron en Papá Noel. De todas formas, cuando, de chicos, alguno de sus amigos les mostraba un juguete que le habían “traído” para Navidad, lo tomaban como algo natural. En su casa, sus padres les habían relatado el cuento de Papá Noel y también les habían explicado que lo mejor era no hacer comentarios, ya que había muchos de sus compañeros que creían en la historia de Navidad.
Sin embargo, esperaban con mucho entusiasmo a los Reyes Magos. Dejaban un zapato junto al arbolito, también colocaban agua y pasto en unos recipientes para los camellos. “No les hicimos creer en Papá Noel porque la Navidad para nosotros tiene una connotación religiosa”, explica Verónica Frere, terapista ocupacional y especialista en estimulación temprana.
Todo lo contrario pasa en la casa de Clara y Joaquín Rebagliati, quienes desde chiquitos esperan con mucha ilusión la Nochebuena. “A mí me encanta celebrar, pero además me parece que es más fácil plegarse a las celebraciones que quedarse de costado. Sobre todo cuando hay chicos pequeños”, explica María Camino, socióloga, y agrega: “No solo nos gusta celebrar, sino que además cada año algún adulto de la familia se disfraza de Papá Noel. Es muy curioso lo que ocurre, porque incluso los grandes, que ya sabemos que es una fantasía, nos emocionamos cada vez que lo vemos aparecer”.

“Siempre lo aconsejable es responder hasta donde pregunta el niño”.
Guadalupe Banfi

Aunque sus hijos ya tienen 18 y 10 años, María asegura que nunca tuvieron la conversación sobre la verdad de la historia. Si bien los chicos se fueron enterando a través de los amigos, la necesidad de mantener una tradición es más importante para todos los integrantes de esta familia.
Cada año en la época navideña muchos chicos tienen la posibilidad de sacarse una foto con Papá Noel en varios centros comerciales. Basta con ver las filas de las familias esperando que les llegue su turno para darse cuenta de que no solo los más pequeños quieren saludar a Santa Claus. Entonces, es inevitable preguntarse: ¿a qué edad los niños se dan cuenta de que Papá Noel no existe?
Para Guadalupe Banfi, psicóloga pediátrica que trabaja en el Hospital Garrahan, no hay una respuesta concreta: “Entre los 7 y los 11 años los chicos empiezan a descubrir que Papá Noel y los Reyes son una fantasía. Pero la edad no es la única variable, hay otros factores que entran en juego, ya que es parte de un proceso psicológico. A esa edad hay más sociabilización, y al abrirse a un mundo social los chicos empiezan a recibir un montón de información”.
Muchos padres temen no saber qué contestar. Por eso siempre es bueno anticiparse y ponerse de acuerdo en la postura que adoptarán. “Si la familia decide sostener la fantasía, siempre lo aconsejable es responder hasta donde indaga el niño. Una forma de contestar es consultarle por qué pregunta eso, qué hipótesis tiene al respecto. Es muy interesante que el niño pueda desarrollar sus propias versiones”, advierte la psicóloga.

EL JUEGO DE SER CÓMPLICES

También puede pasar que los chicos tengan sus sospechas porque escucharon a sus amigos hablar del tema en la escuela, pero prefieren simular que aún creen. “Entre los 6 y 7 años los niños empiezan a percibir que eso no puede ser verdad, porque lo confrontan con su vida real, pero puede pasar que haya un contrato de complicidad, un acuerdo tácito en el que el chico no quiere preguntar para que no se termine la fantasía, y los padres continúan con el relato porque también disfrutan de compartir esto con su hijo”, comenta la licenciada María Virginia Rodiño, psicopedagoga y docente.
De hecho, muchos padres consultan en la escuela a la maestra o a la psicopedagoga sobre qué contestar ante la pregunta del niño que ya empezó a sospechar. Así lo explica Rodiño: “Cuando el chico empieza a relacionar la historia de Papá Noel con la realidad, es lógico que empiece a hacerles preguntas a sus padres. Depende del adulto la orientación que les dará a esas preguntas. Sin duda, la edad juega un papel importante y determinará si los padres seguirán sosteniendo la fantasía o si optarán por responder de forma más abierta. Por ejemplo, ‘No sé, ¿vos qué pensás?’. Así se abre la pregunta, y en función de la respuesta, los padres podrán tener más certezas sobre lo que piensa su hijo. En este tema, como en todos los demás, siempre es fundamental saber escuchar lo que nos preguntan los chicos”.

LAS FANTASÍAS DE LA NIÑEZ

Hay padres que, por sus creencias religiosas o experiencias de cuando eran chicos, optan por contarles a sus hijos la verdad desde el primer momento. Y no falta el tío o el abuelo que critique la decisión, argumentando que es bueno para el niño tener esas fantasías. ¿Puede esta decisión afectar a los niños en su crecimiento?
“Si los papás consideraron que no era una opción para sus hijos, los niños seguramente tendrán otras fantasías e ilusiones que permitirán que se desarrolle su psiquismo. Pero si son papás que obturan siempre que los chicos sueñen y fantaseen, algo que es propio de la inocencia de la infancia y de cómo van descubriendo el mundo, es probable que de adultos sean menos flexibles, más apegados a la realidad, a lo concreto. En la infancia se desarrolla la capacidad creadora, la de simbolizar. Y en la creación se ponen a trabajar muchos mecanismos del psiquismo. Para que el desarrollo se realice en forma saludable es esencial que el adulto no la anule, pero que tampoco la exacerbe”, señala la licenciada Banfi.

“Trasladándolo a otros ámbitos, los niños deben saber siempre la verdad, por más dolorosa que sea”. Claudia Amburgo

HIJOS QUE PROTEGEN A SUS PADRES

En algunas familias, especialmente en aquellas en donde hay varios hijos o primos, puede suceder que los chicos se enteren, pero que no quieran decírselo a los padres no tanto por mantener la fantasía, sino para evitar la frustración de sus papás. “Una vez tuve un paciente de 5 años que me explicó que él ya sabía la verdad sobre Papá Noel, pero que no quería decirle a su papá para que no se pusiera triste”, comparte la doctora Claudia Amburgo de Rabinovich, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), especialista en niños y adolescentes, y supervisora de varios hospitales en la ciudad de Buenos Aires.
Por eso, si en una conversación nuestro hijo nos dice “Ya me di cuenta de que los Reyes no existen y que los camellos no podrían llegar al quinto piso por ascensor”, no inventar excusas o explicaciones. “Si al chico se le niega la percepción, eso sí puede ser un problema. Trasladándolo a otros ámbitos, los niños deben saber siempre la verdad, por más dolorosa que sea. Con las palabras adecuadas para cada edad, según su momento evolutivo. Yo creo que hay que explicar qué se celebra en Navidad y en Reyes, y la razón por la que durante un tiempo mantuvieron la ilusión”, especifica Amburgo.
En definitiva, la ilusión y la capacidad de generar fantasías, en la niñez, es aquello que en la vida adulta nos ayuda a lidiar con la realidad y pensar en transformarla.

 

FICCIONES CON FINAL FELIZ

Por Fernando De Vedia, escritor de literatura infantil.

Como escritor para chicos, construyo mundos de ficción que alimenten su fantasía. Apoyo entonces el mantener viva la ilusión por Papá Noel y los Reyes Magos, que son dos grandes ficciones. Ambas con finales felices (por los regalos). Algunos hablan del daño provocado cuando se revela la verdad, ya que los padres han mentido. Creo que solo es un juego del cual muchos chicos, a edades tempranas, conocen el secreto, pero eligen seguir creyendo. Es el mismo pacto que se da entre ellos y los superhéroes, porque salvo los más pequeños, la mayoría sabe que Superman no vuela en serio. Por eso prefiero que sigan creyendo hasta que quieran (como yo, que me porté bien y espero mi regalo para esta Navidad).