Preparar a los animales para la llegada del bebé

El nacimiento de un hijo y los cambios que esto implica, pueden provocar estrés en las mascotas de la casa. Cómo prepararlas para favorecer el encuentro y el vínculo posterior.

Los perros y los gatos perciben las modificaciones ambientales que anteceden a la llegada de un hijo, tanto en lo que refiere a las cuestiones físicas que suele sufrir la vivienda como a las sociales. Además, podrán notar las alteraciones de ánimo de sus tutores”, explica Marina Snitcofsky, veterinaria especialista en etología clínica. Al cambio de muebles, las nuevas distribuciones de los espacios y las reformas, se suman las modificaciones en las rutinas y en el vínculo con sus dueños, diferentes horarios y visitas continuas de familiares o amigos. Todo esto puede convertirse en fuente de ansiedad para las mascotas. 

Con el fin de que no sufran, es conveniente prepararlas. “En el caso de los perros, es recomendable modificar las rutinas que se verán afectadas, como los momentos de paseo y de juego, o el sitio de descanso”, sostiene la especialista. Advierte que si no es posible sacarlos con la frecuencia óptima, se debería contratar a un paseador con antelación para permitir la habituación al grupo. Además, hay que brindarles un espacio donde dormir que sea solo de ellos. De tener gatos en la casa, habrá que lograr que se habitúen con anterioridad a los objetos voluminosos, como el cochecito, la cuna o la silla de comer. “Hay que dejarlos disponibles y armados para que puedan reconocerlos como parte constitutiva de su territorio, y enseñarles de manera anticipada a no subirse ni dormir sobre ellos”, recomienda la etóloga. También convendría familiarizarlos con los perfumes para la ropa de bebé. 

“Todas las interacciones entre mascotas y niños deben ser supervisadas por un adulto”, aclara Snitcofsky, y sugiere que la presentación con el perro se haga de manera controlada: tendría que estar cansado luego de un largo paseo, a cargo de un adulto y con elementos de sujeción y control (collar y correa, e, incluso, bozal). No es conveniente, en tanto, forzar el contacto con el gato, quien necesitará superficies elevadas (estantes, torre de juegos) y escondites (cajas, espacio debajo de muebles). En uno u otro caso, si el encuentro es favorable y el animal está tranquilo y actúa amistosamente, habrá que ofrecerle un refuerzo positivo o premio, ya sea un alimento que le guste, un juguete nuevo o simplemente caricias. 

“En general, es beneficioso que mientras estén en el mismo ambiente, el perro o el gato reciban atención, para que asocien la presencia y la cercanía del bebé con estímulos positivos y agradables”, comenta la experta. A su vez, dice que “cuando el niño crece y comienza a moverse y a querer tocar a la mascota, se le debe enseñar a hacerlo suavemente, sin permitir que la trate con brusquedad, ofreciéndole siempre al animal una vía de escape. Los perros –aclara– deben estar bien jerarquizados para evitar situaciones de competencia que los lleven a manifestar agresión; y los gatos necesitan tener un ambiente apropiado, con sitios para guarecerse sin ser molestados o invadidos”. 

UN VÍNCULO ETERNO

Si el trato se desenvuelve sobre los carriles deseados, la relación que se establezca entre el niño y el animal será estrecha, saludable y positiva para ambos. De hecho, pasarán mucho tiempo jugando juntos; lo que les permitirá a los chicos desarrollar características necesarias como la empatía, el compañerismo y el respeto por el otro, mejorando su autoestima, seguridad y socialización. Las mascotas, en tanto, aprenderán de paciencia y autocontroles al ser indicado por sus dueños un contacto físico suave, sin brusquedad ni forcejeos. Crecer juntos será, sin dudas, un recuerdo imborrable.