Memorias sensoriales: glosario olfativo para recordarlo todo

Por Cecilia Acuña

Eau de parfum, eau de toilette u eau de cologne son términos que suenan conocidos. Sin embargo, ¿se sabe con certeza a qué se refieren? Una guía para entender las diferencias entre los distintos tipos de fragancias y dar con la adecuada para cada piel.

Los primeros registros formales del desarrollo de los perfumes nos llegan de la civilización sumeria, unos 3500 años antes de Cristo. Es decir, hace casi 6000 años. Hay que terminar con el mito de que fueron los franceses del Renacimiento quienes los crearon. Lo que sí hicieron ellos fue popularizar su uso. En esa época, debido a la falta de higiene tanto de los pobres como de los ricos, los perfumes eran utilizados para tapar los malos olores. Cuentan que incluso reyes y cortesanos se bañaban una vez al año. De ahí que el sector de las fragancias haya crecido tanto en París. Pero antes que ellos estuvieron los griegos, los romanos, los árabes y los italianos haciendo sus aportes a la historia del perfume. 

Las fragancias de hoy son la evolución de aquellas primeras mezclas de especias, flores y otras variedades de la flora natural. Lástima que cuando se leen las etiquetas de esos bellos frascos que parecen joyas, que maravillan a la vista, no se encuentre información que oriente en la elección del perfume adecuado. Allí figura solo el nombre, la marca, la cantidad y una clasificación que es reconocida por el usuario, pero que quizás no termina de entender.  

Junto con las notas aromáticas, es justo esa clasificación sin detallar la otra de las claves para elegir un perfume. Se trata de la concentración: es posible decir que encontrarla es casi tan importante como elegir la fragancia perfecta. Si el perfume es demasiado ligero, se desvanecerá muy rápido. Si es demasiado fuerte, sofocará a quien lo lleve puesto y a todos los que pasen cerca. “La concentración perfecta depende de la química de cada uno y también de las circunstancias. Hay pieles que expanden el perfume más que otras. Además, no es lo mismo perfumarse para salir a correr, en cuyo caso se usa una colonia, que para ir a una fiesta de noche, que se acompaña con un eau de parfum, mucho más concentrado”, asegura Marta Harff, creadora de la marca Perfumum Bue, que desarrolla dos líneas: una de cosméticos y otra de ambientadores.

“La concentración perfecta depende de la química de cada uno y también de las circunstancias”.
Marta Harff

Para comprender el tema de la concentración conviene saber de qué están hechos los perfumes. “Están compuestos de alcohol y esencia, que es la mezcla de diferentes materias primas aromáticas naturales y sintéticas. La concentración, entonces, depende directamente de la cantidad de esencia que llevan”, afirman los especialistas del equipo de Fragancias Cannon. “Cuando la cantidad de esencia es menor al diez por ciento, lleva también agua”, agrega Harff. La ecuación es fácil: cuanta más esencia, más concentración y más intenso el aroma. 

A continuación, el significado de esas tres palabras pequeñas que aparecen en los frascos para saber de su importancia. 

PARFUM

No se refiere a la esencia de perfume, sino a la concentración más alta disponible en el mercado. “Se trata de entre el 20 y 30 por ciento de la esencia. Mucho más que suficiente para que el aroma sea notable y potente”, explica Melina Napolitano, de Smell Me, un emprendimiento que realiza talleres educativos de experimentación olfativa para toda clase de instituciones. La estela tiende a marear a los acompañantes y, como el lápiz de labios, suele transferirse. 

EAU DE PARFUM

“Se trata de la segunda concentración de esencia más alta de los perfumes: entre un 15 y un 18 por ciento”, indica Harff. Diseñados para durar todo el día, no hacen doler la cabeza ni tampoco espantan a los demás. Todos los lanzamientos de nuevas fragancias se hacen en esta concentración, que es la más común de encontrar en el mostrador de una perfumería. El aroma acompaña durante todo el día sin aturdir. 

EAU DE TOILETTE

“Esta categoría tiene una concentración más baja de esencia, entre el 6 y el 15 por ciento. Están hechas para que se evaporen más rápido y que no necesariamente duren hasta la noche”, asegura Napolitano. Muchos dicen que el eau de toilette fue pensado para usar durante el día, mientras que el eau de parfum fue hecho para la noche. Pero es como todo en la belleza, se trata de lo que cada uno prefiera, de lo que dé más placer y comodidad. 

EAU DE COLOGNE

Traducido al criollo es la colonia. La que se ponían las abuelas antes de ir a dormir, la de los bebés y la que se usa también como término referido a los aromas masculinos. “El agua de colonia tiene una concentración del tres al seis por ciento”, señalan desde Cannon. En este caso, son tres los ingredientes: alcohol, esencia y agua. Son excelentes para refrescarse, pero su aroma dura tan solo un par de horas. 

EAU DE FRAICHE

“Es un body mist que contiene un dos por ciento, que es la menor concentración disponible”, indica Harff. Tampoco está compuesto por una gran cantidad de alcohol. Junto con la fragancia, el resto del eau de fraiche es principalmente agua. 

ELEGIR UN PERFUME SEGÚN LA PIEL

“Comenzar a probar desde la concentración más suave hasta la más intensa para saber cómo reacciona la piel”, recomienda Napolitano. Esto requiere paciencia de parte de las vendedoras, que deberán controlar su ansiedad por vender.  

“Debido a que la fragancia pasa por tres períodos –notas de salida, medio y fondo–, conviene aplicar las distintas posibles esencias en diferentes días antes de comprar la definitiva”, sugiere Napolitano. 

“Durante el verano, se aconsejan notas frescas, cítricas y volátiles. En cambio, en invierno, se suele apelar más a las notas calientes o gourmand, como vainilla, cacao y notas especiadas. De todas maneras, eso depende de cada uno, hay personas que usan el perfume como identidad y lo llevan puesto todo el año, no hay reglas para este amor”, reflexiona Napolitano.