Los pescadores y el paraíso

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Entre dunas mágicas y atardeceres de ensueño, estos habitantes de Jericoacoara extraen del mar su sustento con una técnica ancestral.

Fotos Cecilia Casenave 

Texto Fabián García

Los habitantes del paraíso también tienen que comer. Son los pescadores de Jericoacoara, con su ancestral técnica manual, quienes los proveen del alimento del mar. De estas transparentes aguas del Atlántico llegan peces como el areaco, el vermelho, la garayuba, la caballa o el róbalo. 

Pescadores había en este paraíso del nordeste, que se ubica a 300 kilómetros de Fortaleza, antes de que los otros brasileños y extranjeros llegaran detrás de la promesa del Washington Post que, en los años 90, publicó un artículo diciendo que justo aquí se extendía una de las 15 mejores playas del planeta.

Bote y red de pesca, camino al agua.
A mar adentro con la red.
Un pescador espera el momento de la recolección de red.

Sigue habiendo todo de aquello que vio el Post hace 30 años: playas interminables y un mar que nada tiene que envidiarles a los sueños. También están las mismas dunas a las que hay que treparse todas las tardes para ver sumergirse el sol en el océano. De aquella publicación hasta ahora, le creció un pueblo de calles de arena que habla en varios idiomas y que antes era solo una aldea de pescadores que falaban en portugués.

Este lugar tiene una enorme ventaja para mantenerse casi igual: es prácticamente una isla en medio del enorme Brasil. La ruta desde Fortaleza termina en Jijoca; entonces, para llegar hay que subirse a camionetas 4×4, buggies o aviones, porque no hay caminos, solo dunas. 

Entregando todo a la resistencia de la red.
La pesca con red es un trabajo en conjunto.

Cuando uno pregunta dónde comprar pescado, le señalan la playa. Kilómetros de playa. Ahí es donde se instalan vecinos y familiares a pescar. Pero pescar no es como ir al supermercado: no todos los días son iguales. Cuando hay mucho viento, los pescadores se quedan en sus casas porque saben que la pesca será magra. En cambio, en época de lluvia, salen casi todos los días. El método consiste en tirar la red lo más adentro del mar posible, esperar unas dos horas en la orilla y empezar a recoger para cosechar el sabroso fruto del día. 

Está visto que, para vivir en el paraíso, solo se necesitan un par de ojotas, una malla y conocer a un pescador. 

CECILIA CASENAVE

Córdoba, 1979. Comunicadora social y fotógrafa. Desde 2006 exhibe su trabajo en muestras colectivas e individuales, participa de concursos y continúa con su formación en talleres, clínicas de obra y revisiones de porfolios. Desarrolla su labor como fotógrafa independiente a través de Estudio Móvil. Colabora en Convivimos y otros medios de comunicación.