¿Quién dijo que la matemática es aburrida?

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Mateo, Frederick y Joaquín disfrutan de resolver problemas. "Hay que ser positivo. Si te estresás, fuiste", aseguran.

Tres chicos egresados de escuelas primarias municipales de Córdoba que acaban de ingresar en colegios secundarios de la universidad –Joaquín, Mateo y Frederick– demuestran por qué, además de importante, la matemática es divertida.

Fotos Sebastián Salguero

Frederick Choque Huanca (11) y los gemelos Joaquín y Mateo Barrozo López (12) debaten a instancias de Convivimos sobre un problema matemático como lo harían tres científicos en un laboratorio. Sacan un papel y un lápiz, y elaboran hipótesis para resolver un dilema de cifras que, en una ocasión, a Frederick le quedó pendiente de resolver. 

Son tres egresados de escuelas primarias municipales de la ciudad de Córdoba (la Molinari Romero, de barrio Residencial San Carlos, y la Carlos Fernández Ordoñez, de Santa Isabel II Sección) que fueron distinguidos en varias ocasiones en las Olimpíadas de Matemáticas locales y nacionales. También son flamantes ingresantes al Colegio Nacional de Monserrat, en el caso de los hermanos, y al Manuel Belgrano, en el de Frederick, ambas instituciones preuniversitarias de Córdoba.

La evidente pasión que los chicos le ponen a la matemática podría echar por tierra la idea de que es difícil y aburrida. Cuando se les pregunta, ensayan argumentos acerca de por qué no debería haber razones para que los alumnos argentinos obtengan paupérrimos resultados en las evaluaciones internacionales PISA. 

Frederick asegura que la ciencia que estudia las propiedades de entidades abstractas como los números “es una ayuda para la vida”, para desenvolverse a la hora de hacer las compras o de pagar las cuentas. Además, es una puerta de entrada para el buen desempeño en otras materias y templa la perseverancia. “Cuando algo me va mal, intento e intento y siempre lo saco”, asegura este niño sonriente de una familia boliviana, que juega en el club de rugby de Villa El Libertador.

“La matemática está crucialmente presente, aunque posiblemente escondida, en casi todo lo que usamos a diario”. 
Leandro Cagliero

Para Joaquín, es “una manera de pensar”, y para Mateo es “el futuro”. “Para resolver un problema hay que ser positivo y encontrarle la vuelta. Esto hay que difundirlo junto con la matemática. Porque si te estresás, fuiste”, explica. 

Los tres comenzaron a desarrollar su gusto por la matemática durante los entrenamientos para participar en las Olimpíadas municipales, y cada vez que llegaban a una solución, se agigantaba la satisfacción y el deseo de ir por más. Esta disciplina los ayuda a pensar diferente, los desafía. “Hay veces que en el colegio se enseña que hay que hacer ‘esto y esto’. No te enseñan que hay que pensar en cómo hacerlo. Hay muchas maneras de llegar a un resultado”, sostiene Joaquín. 

Su hermano opina: “Unos te dan más libertad y otros menos. Nuestro profesor en las Olimpíadas [Rubén López de Neira, que define a estas competencias como ‘una aventura intelectual colectiva producto de múltiples aventuras personales’] nos daba más libertad, pero en el colegio teníamos que hacerlo sí o sí de una sola manera para llegar a un resultado”. 

¿Qué recomendarían a los maestros? “Que enseñen a resolver problemas desde ángulos diferentes, con distintos procedimientos”, propone Joaquín, que sueña con estudiar Programación. “Que lo hagan como un juego”, sugiere Frederick, futuro economista. Y Mateo, interesado en capacitarse en robótica, opina: “Que los profesores no sean tan estructurados”.

La profesora Viviana Romero, asesora en matemática para las escuelas municipales, considera que para los docentes es un gran desafío desarrollar la capacidad de resolver situaciones problemáticas. Pero cuando se logra, se expande hacia otros conocimientos, como la lectura, la escritura y el trabajo en equipo.

“La resolución de problemas, como metodología de trabajo, abre un abanico de posibilidades que permite superar temores, desgano, apatía y dificultades que surgen al abordar determinados contenidos matemáticos”, apunta de Neira, encargado de estadísticas de alumnos y de las Olimpíadas municipales.

Mateo, Frederick y Joaquín disfrutan de resolver problemas. “Hay que ser positivo. Si te estresás, fuiste”, aseguran.

GIMNASIA PARA EL CEREBRO

Leandro Cagliero, doctor en Matemática, vicepresidente de la Unión Matemática Argentina, investigador del Conicet y profesor de la Facultad de Matemática, Astronomía, Física y Computación (Famaf) de la Universidad Nacional de Córdoba, explica por qué la matemática es una asignatura prioritaria.

Por un lado, coincide en la utilidad práctica que tiene en la vida cotidiana. Saber matemática ayuda a evaluar si un plan de cuotas es más conveniente que otro, a calcular cuánta pintura hace falta para una habitación, a comprender el significado del “precio por unidad” que aparece en los productos de un supermercado, a determinar si la promoción “pagá 2, llevá 3” es mejor o peor que un descuento del 70 por ciento en cada unidad, a dimensionar el valor de verdad de una encuesta, a predecir la evolución a futuro de variables de las que tenemos registro histórico, a saber si es más probable ganar el Quini o el Loto, a adaptar una receta de seis porciones para que rinda diez. Y más.

Sin embargo, sostiene que no es el principal motivo por el cual hay que enseñarla. Aunque no la veamos, la matemática posee una enorme presencia en el mundo de hoy. 

“Todo instrumento, herramienta o servicio que tenga algo de tecnología está repleto de matemática. La matemática se encuentra crucialmente presente, aunque posiblemente escondida, en casi todo lo que usamos a diario, desde un simple juego de piñones de bicicleta hasta los sofisticados aparatos para diagnóstico por imágenes; pasando por celulares, televisión, computadora de un auto, redes sociales, buscadores de Internet, aplicaciones para jueguitos, electrodomésticos”, enumera Cagliero. 

“Es una excelente y fundamental gimnasia para el cerebro”.
Leandro Cagliero

Tiene un rol fundamental en el desarrollo de otras ciencias y constituye los cimientos de decenas de carreras universitarias centrales para el desarrollo de un país. “Una mala preparación de los adolescentes en matemática impacta directamente en la capacidad creativa y productiva de una nación”, enfatiza.

Como si esto fuera poco, la matemática es una pieza clave en el ámbito intelectual del ser humano. “Como ninguna otra disciplina, nos ayuda a desarrollar ciertas capacidades mentales de central relevancia. Es una excelente y fundamental gimnasia para el cerebro. Ayuda a razonar, a distinguir premisas de conclusiones, a pensar analítica y críticamente”, añade Cagliero. 

Enseña, también, a diseñar y evaluar estrategias, a reconocer fallos y corregirlos. “Desarrolla la paciencia y el rigor a la hora de implementar algoritmos y protocolos. Nos enseña a buscar patrones de regularidad y a hacer clasificaciones”, concluye.

La tecnología también es una aliada. Micaela Beloqui, docente marplatense, desarrolló un canal en You Tube (Matemática con Mica) que registra millones de visualizaciones. “Al observar las trabas para concentrarse que tienen los estudiantes, You Tube me da la oportunidad de trabajar junto a ellos desde esta plataforma y acortar una clase en cinco minutos para que puedan avanzar. Desde casa, lo aprenden sin distracciones”, asegura. 

Cómo despertar el gusto

Los expertos aseguran que los docentes son los encargados de transmitir el gusto por la matemática junto con la convicción de que aprenderla ayuda a crecer integralmente. Algunas pautas que comparte Leandro Cagliero:

– Es una tarea que inevitablemente requiere esfuerzo y algo de disciplina. Para que los estudiantes acepten hacerlo es imprescindible que sepan el porqué o el para qué. Esto debe ser claramente explicado.

– Es fundamental que el esfuerzo sea entretenido y orientado al gusto de quienes lo practican. Los docentes deben presentar situaciones que a los estudiantes les resulten familiares y de interés, enseñarles a resolver problemas.

– La formación docente es crucial, no solo la inicial, sino, especialmente, la continua.