Cacho Buenaventura: “Me encanta la locura de vivir contento y transmitirla”

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El ícono del humor cordobés cumple 50 años haciendo reír al país. Una charla íntima y profunda sobre la magia de estar vivo. 

Las siestas son innegociables en la vida de Cacho Buenaventura. Dice que es la manera de darle tiempo a su alma para que lo alcance e ir al mismo ritmo. También desacomodar el curso de las cosas con humoradas, como hacer reír a un amigo internado con su propio problema; o a su mujer, su público más difícil, sentándose al revés en el cuatriciclo camino al teatro. Luego de atajarle cinco penales a Dios y haber sobrevivido a varias terapias intensivas, dice que estar contento es el mejor remedio. 

Habla mucho, pero también es un gran escucha. Sobre todo, un atento observador. Nada de lo que cuenta en sus espectáculos es inventado, son anécdotas que recogió de sus propias vivencias. Los amigos, la familia, personajes de Cruz de Eje, la ciudad donde nació hace 64 años, son la fuente de las historias que, con un toque histriónico, convierte en una inyección de carcajadas para los espectadores. 

  • ¿Qué te sorprendió de esta temporada? 

Volver, pensé que no iba a volver. Estaba desilusionado con el teatro, porque siempre le estoy escapando a la banalidad, a la frivolidad, a lo superficial, tengo un compromiso más profundo que un par de lentes negros con respecto a mi trayectoria y el resultado de mi trabajo. Estaba un poco raro con el teatro, las notas, la competencia, porque no te llaman para preguntarte nada trascendente, sino boludeces, te piden hablar de chusmeríos. Entonces volví con la condición de hacerle frente a eso. El show y la relación con la gente trascienden el humor. Hablamos de cosas muy lindas con el público, nos reímos de aquello que, generalmente, molesta, pone de mal humor o arruina el día. Los espectadores vienen con esa complicidad, esperando ver con qué va a salir este loco. 

  • ¿Por qué trasciende el humor?  

La gente busca una expresión liberadora que te haga romper cadenas. Se ríe a carcajadas de boludeces, entonces ¿mañana por qué te vas a enojar? Qué suerte que mi trabajo sea sacar esa sonrisa que escondiste y ayudar a ponerte bien. Me agradecen a la salida del espectáculo, porque pueden venir con los hijos. Hasta los adolescentes se ríen, y a mí me emociona. He hecho reír a sus abuelos, a sus padres. Eso trasciende el humor, hablamos de dónde vienen, del clima, y, cuando te das cuenta, estamos haciendo contacto con el público. Creo que hemos estado enojados mucho tiempo, la gente se cansó de ese enojo, a lo mejor inducido, quiere estar en paz y festejar un desayuno, un café, una reunión, y agradecerla.

  • Convocás a la familia…

Es la idea. La gente le apuesta al humor. No creo que tenga más plata, está mejor de ánimo, entonces dice tomemos una cerveza, vayamos al teatro. Y está bueno juntarnos para estar contentos. 

  • ¿Cómo definís tu propuesta?

Soy un tipo que vive loco de contento y no tengo ningún problema con que se me note la locura de estar feliz. Amanecer con vida es muy importante, valoro mucho el tiempo, el tuyo y el mío. No soy humorista, soy un tipo gracioso, muy agradecido. Tengo la suerte de subir al escenario y que la gente me diga: “Te miro y me empiezo a reír”. ¿Será un don? No sé. Me han dado premios por stand up, capocómico, humorista, pero, por gracioso, ninguno. ¡Ah, sí! La gente que te espera para decirte gracias, que es el premio que me interesa. Nunca me encasillé en qué soy, tampoco a dónde voy. Solo sé que voy para allá y lo que me toque será mi camino, entonces, lo tomo y sigo. Me encanta la locura de vivir contento y transmitirla. 

  • ¿Qué le dirías a aquel chico que se subió al escenario hace 50 años? 

A ese chico lo preservo, todavía me habita. Me he preocupado de conservar mi inconsciencia, mis ignorancias. Por ahí algunos te dicen: “¡Ehh, cómo no vas a saber!”, pero no quiero saber más, estoy bien con lo que aprendí, es una forma de preservar ese niño. Y lo tengo en muy buena relación con el viejo que también llevo adentro, que es hacia donde voy definitivamente. Están en paz, hay armonía. Eso se me nota.

  • ¿Por qué no usás guion en tus espectáculos? 

La memoria falla, la fe no. Soy cristiano, pero no vendo estampitas ni me molesta que otro piense diferente. En los minutos previos a subir al escenario, necesito pedir inspiración para decir cosas agradables, para que la gente sienta que valió la pena estar ahí. Ese ratito antes necesito estar conmigo, le pido inspiración al tata Dios para invocar su alegría, su sabiduría. Y en su nombre hacer reír a la gente, darle paz, darle tranquilidad. Me da mucha satisfacción ver reír a una persona hasta las lágrimas. 

  • En la actualidad ¿están corridos los límites del humor? 

Siempre ha habido límites, pero nos los hemos llevado puestos. No creo que haya que dejar de decir o hacer algunas cosas, no las deberíamos haber hecho nunca. Si me llevé puesta alguna de esas cosas, realmente me arrepiento y pido sentidas disculpas, ojalá que el daño no sea irreparable o que la sensibilidad no sea tanta como para no poder perdonar. Si no, vamos a apuñalar el humor y vamos a andar todo el día con cara de “traste”, de socorro. Me parece bárbaro que la gente reclame su derecho a estar en paz, lo que no me parece bueno es la hipersensibilidad, todos somos sensibles a todo. Pero lo hipersensible me parece extremo, demasiado lejos del otro. Lo bueno de esos extremos es arrimarlos al centro, al medio donde está el equilibrio. Dejar la hipersensibilidad y acercarnos todos a la sensibilidad común y corriente. Es hora de reencontrarnos, de sentarnos y hablar, de dejar de estar tan enojados.

  • ¿Cuáles son los momentos claves de tu carrera?

Subir al escenario a los 14 años y descubrir este mundo maravilloso, lleno de magia y encanto. Son trucos de magia que nunca quise descubrir, siempre aposté a disfrutarla. Venirme de Cruz del Eje a Córdoba. Sentí que me arrancaron un pedazo, por eso nunca me fui ni a Buenos Aires ni a ningún otro lado, no estaba dispuesto a aceptar otro desarraigo. Incluso tuve una oferta para ir a cantar boleros a Los Ángeles, pero no quise ir. También conocer todo el país. 

Cuando quería ser cantante, boxeador o futbolista, mi padre me dijo que no hiciera planes porque el único que sabe hacerlo es Dios, que solo fuera derecho para que no se pierdan los que tenía para mí. Te juro que no me ha costado todo lo que conseguí, será por eso que lo disfruto tanto, tal vez por eso tampoco presumo de lo que tengo. Además, hubo mucha gente involucrada para que yo llegara acá, mis maestros, mis tías que me apañaban y me malcriaban. Mis primos, mis amigos. Soy un enamorado de la amistad porque ha sido muy importante. 

  • ¿Tuviste suerte?

Soy un negro suertudo, me llamo Buenaventura. También he trabajado muchísimo, la suerte no llega sola. Hay gente que hace muchísimo esfuerzo y no alcanza. Pero yo no me frustré, cada vez volví a ponerme de pie y seguí hasta que lo logré. Creo que eso puede inspirar a otra gente. 

  • ¿Existe el humor cordobés? 

Sí. El humor cordobés tiene privilegios sobre los otros humores, que también son bárbaros. Me encanta el de los santiagueños, los riojanos, el norte tiene un humor especial, los porteños también. Nosotros tuvimos mayor difusión, fundamentalmente por la universidad. Al venir gente de todo el país a estudiar acá, cuando se iban de la ciudad, se cansaron de hablar bien de nosotros. Por eso la fama del humor cordobés, ha tenido mejor marketing

“CACHO” DE CARLOS PAZ

Para superar el nido vacío por la partida de sus hijos a la vida adulta, Cacho y su mujer, Stella Maris, eligieron Villa Carlos Paz como residencia. Hace más de diez años, se construyeron una casa pensada solo para ellos dos, sin imaginar que, al poco tiempo, llegarían los nietos. En total tienen siete, que van de los 2 a los 16 años. “Ahora nos tenemos que llevar bien, porque la relación es directa. Escucharnos, respetarnos los tiempos. Por ejemplo, se queda en cama para que yo descanse un poco más. Salimos a caminar, a andar en bici por la costanera, vamos a pilates. Después de las giras, necesito volver a casa para sanarme y estar bien”. Confiesa que a su edad ya no quiere tener razón, sino estar en paz. 

Yo no me frustré, cada vez volví a ponerme de pie y seguí hasta que lo logré.

  • ¿En qué cambiaste de padre a abuelo?

Yo digo que en nada, pero los chicos reclaman todo: “Qué bien que viniste a la fiestita, porque a la mía no fuiste”. Lo que pasa es que, a veces, en algunos eventos, parece que sos más importante vos que ellos, pero bueno, pongo el pecho, subo, cuento un chiste y nos quedamos contentos todos. Mi esposa me dice que me matan los nietos, pero también lo hicieron mis hijos, yo estoy feliz de haber sido papá a los 19  años.

  • ¿Qué te gusta del billar? 

Entretenimiento y diversión tiene que haber. Soy feliz viendo televisión, escuchando música, pensando, encontrándome con amigos. Juego al casín, necesito ir todos los días un rato porque es todo: los amigos, el café, las conversaciones, las cargadas. Es un lindo lugar para estar, reencontrarse. Como estamos todos viejos, se empiezan a preocupar si no aparecemos. El billar es un lugar a donde voy a estar en paz, con mis amigos, a disfrutarnos, y a reírme. Me hacen reír ellos. 

Soy feliz viendo televisión, escuchando música, pensando, encontrándome con amigos.

  • ¿Qué hubieras hecho como vicegobernador? (Fue candidato en 2015).

Escuchar a la gente, me interesaba atender lo primordial. Entré a la política por convicción. Quería inspirar a los probos, a los capaces, a los idóneos, a que se animaran a participar, y, sobre todo, a los jóvenes. Estoy convencido de que es el tiempo de ellos, hay que hacerles lugar, pero teniendo a los viejos como referentes, como fuente de sabiduría. 

PING-PONG

Un libro: Martín Fierro.

Un músico: Muchos: Piazzola, Chango Nieto, Polaco Goyeneche, Plácido Domingo, Charly García, La Mona, Mercedes Sosa. 

Cine o series: Cine. No me quieren por los panchos y el pochoclo.

Una comida: Hasta hace poco, la carne. Me fascina el asado. Cualquier comida, lo que me gusta es con quién la compartís.

Un maestro: Luis Fernando Correa, el pícaro cordobés, Jorge Tisera. Deberíamos tenerlos más en cuenta, respetarlos y convocarlos más. Hicimos una apología de lo prematuro, de repente, porque un tipo sube un chiste a las redes y lo visitan miles de personas, ya sale de estrella. Pero es demasiado rápido y duran ese rato.

Nuevas generaciones: Camilo y Nardo, están totalmente locos.

Fotos: Sebastián Salguero.