Tiempo para repensar hábitos nocivos para el planeta

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Los especialistas coinciden en que éste es un buen momento para repensar hábitos que son nocivos para el planeta y transformarlo en una oportunidad.

Este año observamos claramente el impacto que el cese de actividades tuvo en varias zonas del planeta. Al haber menos producción y circulación de vehículos, se redujeron los gases de efecto invernadero y la contaminación en el agua. Según el Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio de Finlandia, las emisiones en China bajaron un 25 por ciento en el primer mes de cuarentena, lo que es equivalente a 200 megatones de dióxido de carbono.

De igual manera, a los canales de Venecia y las islas cercanas de Murano y Burano volvieron el agua más clara, los peces y hasta aves acuáticas como cisnes y cormoranes. Las imágenes satelitales de la Agencia Espacial Europea muestran un rápido descenso en las emisiones de dióxido de nitrógeno (NO2) en los primeros dos meses y medio del año en el norte de Italia. 

En Madrid se registró un efecto parecido. El Sistema de Vigilancia de Calidad del Aire del Ayuntamiento de esa ciudad reveló que durante los primeros días de confinamiento su índice estuvo dentro de la categoría “muy bueno”. Y en Barcelona la Generalitat aseguró que las concentraciones de NO2 disminuyeron a la mitad luego de apenas tres días de confinamiento.

Sin ir más lejos, con una semana de aislamiento la presencia de gases contaminantes en Buenos Aires bajó un 50% comparándolo con el mismo período del año pasado, informó la Secretaría de Ambiente de la Ciudad.

¿Qué pasaría si, pasada la pandemia, tomáramos conciencia y, ya sin la presión de lo inminente, nos propusiéramos un cambio de hábitos?

De sustentable a regenerativo

“Estamos en un escenario al que no estamos acostumbrados. Nos interpela, en primer lugar, a manejar la emergencia, y en segundo lugar, a pensar qué es lo que estamos haciendo como sociedad, cómo estamos viviendo y, por lo tanto, también cómo podemos vivir”, comenta a Convivimos Juan Cruz Zorzoli, director ejecutivo de la asociación civil Amartya, que promueve la sustentabilidad a través de la educación.

“Cuando hablamos en general del cambio climático, hablamos de crisis, del agotamiento de este modelo que quizás en un momento dio respuesta y hoy ya no puede darla. En esa fuerza de cambio de paradigma lo que vemos es que lo que está en juego es nuestro espacio en el planeta. El planeta va a seguir, nosotros no. Lo que está en juego es nuestra supervivencia”, continúa. 

Zorzoli propone, en este tiempo, reflexionar sobre qué significa cuidar la vida y comprometernos como sociedad a hacerlo, pero además, replantear el concepto de sustentabilidad. “La idea principal de la sustentabilidad era, allá por fines de los ´80, no comprometer los recursos de la generación futura por las acciones del presente. Creo que ese escenario ya lo perdimos. En realidad, lo que tenemos que hacer hoy es regenerar sistemas para que las próximas generaciones y nosotros mismos podamos vivir de manera sostenible en el mundo”. 

La pandemia encontró a algunos, que ya tenían hábitos ecológicos, mejor posicionados que a otros. Las comunidades autosustentables, como las ecovillas, y quienes producen sus propios alimentos en huertas urbanas, por ejemplo, o quienes usan energías alternativas y reciclan y reutilizan recursos. Esta crisis se presenta como una oportunidad para que todos incorporemos hábitos más amigables con el ambiente. 

“En estos días, mucha gente podría preguntarse cómo se producen los alimentos. Y probablemente se daría cuenta de que hay muchas cosas que podrían producir ellos en escalas más pequeñas. Lo regenerativo tiene como posibilidad, entender que nuestro rol puede ser mucho más potente que el que es hoy”, señala Zorzoli.

“Me parece que el confinamiento también hace que la gente tome más conciencia de los residuos que genera, de cómo reducirlos, cómo hacer compost”, coincide Guillermo Schulmeier, cofundador y CEO de Emprendia, una agencia de comunicación y prensa enfocada en que las organizaciones y los gobiernos puedan profundizar su compromiso con la sustentabilidad.

“Algo que creo que puede haber venido para quedarse es el teletrabajo. Hay muchas organizaciones que ya lo hacían y en este escenario están siendo muy eficientes porque ya tenían el ejercicio y la metodología, y hay muchas que no y lo están cubriendo”, agrega. El teletrabajo en condiciones adecuadas puede generar una mejor calidad de vida para las personas, sobre todo en las ciudades grandes, ya que elimina la necesidad de trasladarse y la pérdida de tiempo que implica, además de las emisiones contaminantes del transporte.

“Lo que tenemos que hacer hoy es regenerar sistemas para que las próximas generaciones y nosotros mismos podamos vivir de manera sostenible en el mundo”.
Juan Cruz Zorzoli

“Hoy estamos mucho más conectados a través de lazos de cooperación de los que a veces estamos dispuestos a ver y aceptar”, continúa Zorzoli y subraya que “la posibilidad que se abre es la de encontrar procesos de articulación social y ecológica y económica que tengan y hagan mucho más foco en el valor de la cooperación”.

 Reducir el impacto

Estábamos estrenando el siglo cuando el escritor neoyorquino Colin Beavan se planteó por un año desterrar de sus hábitos todos los que perjudican al ambiente. Fue un proyecto extremo pero revelador y dejó como enseñanza que con pequeños cambios en lo cotidiano se puede ayudar al planeta. Algunos que realizó y de los que podemos aprender son:

– En lugar de usar el auto, preferir el transporte público, la bicicleta o caminar.

– Eliminar los plásticos comprando comida directamente de la verdulería, la carnicería, las ferias de barrio o las casas naturistas. Llevar siempre una bolsa de tela.

– Buscar la eficiencia térmica en casa, no bajar el aire acondicionado de los 24°, chequear rendijas en invierno y tener una buena aislación en el techo y las paredes.

– Cuidar que las canillas no pierdan agua, reutilizarla en caso de que sea posible y verificar que las luces de la casa estén apagadas cuando no estemos en los cuartos.

– Tener una huerta orgánica y no usar pesticidas ni herbicidas contaminantes.

– Pensar antes de comprar un nuevo producto. Es preferible pedirlo prestado, compartirlo, reciclar o reutilizar algo que ya tenemos. 

LO NORMAL Y LA CRISIS

Recientemente, la escritora canadiense Naomi Klein resaltó en una entrevista que “cuando la gente habla de cuándo las cosas volverán a la normalidad, debemos recordar que la normalidad era la crisis”. “¿Es normal que Australia ardiera hace un par de meses? ¿Es normal que el Amazonas ardiera un par de meses antes?”, se preguntó. En lo individual, también se puede pensar si no es tiempo de fabricar una nueva normalidad donde las actitudes personales estén en consonancia con el cuidado del planeta.