Agustina Barroso: Una mujer de selección

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Jugaba al básquet y al fútbol simultáneamente, hasta que la convocaron a la selección sub-17. Pasó por todas las categorías y jugó dos mundiales con la celeste y blanca.

Foto Gentileza AFA 

Las macetas y los vidrios sanos eran cada vez menos en casa de los Barroso, hasta que Claudia decidió que era suficiente: un día, a la salida del jardín, llevó a su hija Agustina al club para que comenzara a jugar al fútbol. Fue el comienzo de una historia que incluye varios países y dos mundiales.

Agustina Barroso es una de las defensoras centrales de la selección argentina de fútbol y lleva una década vistiendo la celeste y blanca en diferentes categorías desde que un llamado para convocarla a la sub-17 hizo que dejara el básquet y se volcara de lleno al fútbol: “Yo ya estaba jugando al básquet en la primera de Quilmes, en Mar del Plata; me gustan mucho los dos deportes. Pero el fútbol me da esa cosa en la panza antes de entrenar y jugar… Es lo que amo. Me apasiona el vestuario, ponerme los botines y salir a entrenar. Ya con el hecho de entrenar estoy feliz”, asegura.

Hija de profesores de educación física, el acceso al deporte siempre estuvo a mano. A diferencia de lo que les pasó a muchas jugadoras, no hubo inconvenientes cuando comenzó a pedir que le regalaran pelotas en lugar de muñecas. Sin embargo, a medida que crecía, se le hacía más difícil seguir formando parte del equipo mixto en el que jugaba, porque los padres de los nenes rivales no la trataban bien. Para pasar desapercibida y poder seguir jugando, decidió cortarse el pelo. “No aceptaban que una chica jugara con ellos. Hoy me da un poco de risa, lo manejo de otra manera, pero en ese momento, con doce años, era complicado entenderlo. Nunca quise dejar de jugar, y mi familia me acompañó y me apoyó siempre. Tengo una imagen mía, un recuerdo, de estar afuera de la cancha, viendo, y preguntarme por qué me pasaba eso. Cuando volvía a casa, les contaba a mis papás, y ellos intentaban explicarme. Con el paso del tiempo, se fue comprendiendo que no se trata de un deporte masculino o femenino. Es un deporte, simplemente”.

Actualmente Agustina reside en Vinhedo, a una hora de San Pablo, Brasil, donde defiende la camiseta del Palmeiras. Es la cuarta etapa que vive en aquel país, luego de sus pasos por Ferroviaria, Osasco Audax (con el que fue campeona en la Libertadores 2017) y Corinthians. 

  • También jugaste en Inglaterra (Fylde Ladies) y España (Madrid FCC). ¿Cómo compararías el juego y el desarrollo de cada lugar respecto de la Argentina?

En Inglaterra el juego es muchísimo más fuerte, más físico, como se ve en el fútbol de los varones; en España es más técnico y táctico; y acá, en Brasil, es un poco más difícil, porque las brasileras te salen con jugadas en las que no sabés para dónde te van a ir. Las españolas son más predecibles. De todos los lugares aprendí algo. Aquí hay torneos sub-12, sub-15 y sub-20, o sea que tienen competencia desde chicas. En España están las canteras, donde empiezan desde los cuatro, cinco años. Quieras o no, eso hace la diferencia, porque en la Argentina una nena empieza mucho más tarde. Va a llevar un par de años hasta que los clubes y también la asociación entiendan que hay que tener inferiores.

“Nunca quise dejar de jugar, y mi familia me acompañó y me apoyó siempre”.

Integra una generación de jugadoras que vivió muchas experiencias en la selección. Jugó un Mundial sub-20 y también uno de mayores, ganó una medalla de bronce en la Copa América de 2018 y una de oro en los Juegos Suramericanos de 2014. Y también vivió la desidia dirigencial que más de una vez las dejó sin lo mínimo indispensable para poder competir: en la preparación para aquella Copa América, antes de un partido amistoso, las jugadoras llegaron a dormir en un micro ante la falta de hospedaje contratado por la AFA. “Cuando pasan los años vas entendiendo la necesidad de un montón de cosas. Si hoy me preguntás, no haría lo que hice a los 17, de irme a Brasil por poco dinero, y tampoco aceptaría muchas cosas. No sé si me arriesgaría de la misma forma”.

  • En aquel momento, ¿se imaginaban que al año siguiente jugarían un mundial?

Creo que no, nadie se lo imaginó. Había mucha desorganización, pero siempre que me llamen de la selección, iré, aunque sea por un caramelo. Pero no es la manera, las chicas y adolescentes que vienen atrás no deberían hacerlo. Porque te exigen resultados, y para eso se necesita estructura, trabajo y tiempo. Creo que es lo que se está haciendo ahora, ya hace un año y pico que se entendió.

  • ¿Por qué, cuando no ofrecía nada a cambio, seguías yendo?

Porque amo a mi país, y amo representarlo. Creo que la vida deportiva tiene una fecha de vencimiento, y a los 40 años no voy a poder representarlo, así que lo quiero aprovechar ahora. 

FUTURO

Durante sus dos pasos por UAI Urquiza, Agustina aprovechó para estudiar Kinesiología. Le queda un año de carrera, ya que la interrumpió para aprovechar la oferta del Palmeiras. Tiene 27 años y bastante carrera por delante, pero ya se imagina lo que vendrá después, con dos caminos posibles: “Me encanta la kinesiología. Siempre estoy informándome, hablo con los kinesiólogos de la selección y los que tengo en los clubes. Pero también me gusta la cocina y me encantaría abrir mi propio restaurante”.