Estética vintage

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En la moda, el diseño, el maquillaje, la decoración y hasta la tecnología, el pasado está más presente que nunca. ¿Por qué en pleno siglo XXI es tan atractivo mirar hacia atrás?

Lo vintage y lo retro están de moda. En la primera categoría entran todos aquellos objetos ganados al arcón de los recuerdos, recuperados y puestos en valor: una lámpara acristalada comprada en un mercado de pulgas, un vestido de los años 50 del armario de la abuela o una cartera de los 40 colgada en un perchero de alguna tienda vintage. La segunda clasificación se refiere a la inspiración de lo antiguo sobre lo nuevo: un diseñador que toma la reminiscencia de los años 80 para hacer su nueva colección, una marca de electrodomésticos que diseña un modelo de heladera como las de los 60 o una banda de rock que lanza vinilos. ¿A qué se debe la fascinación por el pasado?

MILENIO

Siempre se dice que, en la moda, todo vuelve. Pero para Benito Fernández hubo un quiebre: el atentado a las Torres Gemelas, en 2001, fue bisagra. “Hasta ese momento, íbamos por el camino de lo minimalista, lo neto, lo simple, lo futurista y los géneros tecnológicos. Con el atentado, todo eso se vio afectado, porque se ligó mucho al avance y a la agresión del mundo. Creo que ahora está pasando lo mismo, y eso nos lleva a vincularnos con el pasado, con la raíz, con las cosas que tienen que ver con nuestros antecesores, vínculos y afectos”, explica el diseñador. 

Si antes se asociaba a las ferias americanas con el olor a naftalina y los canastos para revolver, hoy hay un segmento de ropa vintage de primerísima calidad y con etiquetas de reconocidas marcas internacionales en locales –cadenas, en algunos casos– con una estética muy cuidada y en percheros de lujo. “Antes la ropa vintage era ropa usada, hoy tiene un precio. Hay todo un mercado paralelo a la industria textil que tiene que ver con traer del pasado prendas que a uno lo hacen sentir bien y que pueden ser mezcladas con cosas del presente. Por eso Máxima de Holanda, por ejemplo, repite tres vestidos míos o se adapta un vestido de la madre del rey. Eso está relacionado con una necesidad de pertenencia al hoy, al mismo tiempo que de repensar de dónde venimos y dónde queremos ir”, define el diseñador. 

¿Será que se impone cierta mirada nostálgica? Para el psicólogo Daniel A. Fernández, algunas personas ancladas melancólicamente al pasado podrían encontrar en lo vintage una especie de máquina del tiempo. “Frustradas ante un presente de desánimo y ante un futuro poco prometedor, tal vez hagan una regresión creyendo que todo pasado fue mejor. Pero ¿lo habrá sido realmente? A veces es solo una falsa percepción”, reflexiona. 

CON UN PLUS

Por un lado, en muchos casos estos objetos cobran el valor del hallazgo, de la pieza única que identifica y distingue. A su vez, “recuperar”, “restaurar” y “reciclar” son todos verbos que se relacionan además con la cultura de lo ecológico y con un mercado y un consumo justo y sostenible. También con las crisis económicas del mundo. Así lo piensa la maquilladora Mabby Autino: “El rescate de lo antiguo tiene que ver con el contexto de la economía mundial”. El psicólogo Daniel Fernández acuerda que, en la mayoría de los casos, la vuelta a lo vintage se relaciona básicamente con lo impuesto por los marcadores de tendencias y con el factor económico: “Reciclar es una forma de no alterar la economía”, afirma.

“El rescate de lo antiguo tiene que ver con el contexto de la economía mundial”.
Mabby Autino

Autino también afirma que lo retro se instaló con fuerza desde el 2000 en adelante. “Hasta 1999, había habido tendencias bien definidas década a década. Pero luego, siempre se hizo un revival, adaptado y moderno, pero un revival al fin”, explica. Lo paradójico es que pareciera entonces que, ya en un nuevo milenio, empezó a mirarse con más fuerza para atrás. “Creo que tanto avance de la tecnología atrofió un poco la creatividad. Quizás el no tener que pensar tanto porque Google te lo resuelve todo sea una de las variables para repensar esta tendencia”, postula, y confiesa que cuando todavía en el siglo XX planificaba cómo sería su primer desfile del siglo XXI, lo imaginaba futurista, en plateado y metalizado, tipo robótico, casi como en un film de ciencia ficción. Nada de eso sucedió. Más que “inventar la pólvora”, el nuevo siglo se viene volcando a revalorizar lo precedente. “Las técnicas de maquillaje relacionadas con modelar el rostro, por ejemplo, se pusieron muy de moda en los últimos años en las redes sociales, pero son técnicas que vienen de los comienzos del cine y que se dejaron de hacer en los 80. Hoy se vuelve a eso con tutoriales y con los nombres en inglés, claro, para hacerlo moderno, pero son técnicas de 1920”, se ríe. 

Por gusto o necesidad, lo de antes es cada vez más lo de ahora. 

ENTRE LA INNOVACIÓN Y LO RETRO

Nadie duda de que Japón es líder mundial en electrónica doméstica, robótica, automóviles y hasta en el desarrollo espacial. Pero, al mismo tiempo, ese país viene registrando un aumento en la preferencia por lo analógico. En las principales ciudades niponas hay grandes tiendas electrónicas y locales de segunda mano que se dedican, por ejemplo, a vender, reparar y disponer de insumos para revivir cámaras fotográficas analógicas, o negocios dedicados a la venta de casetes como parte de una nueva cultura musical en expansión.