El teatro puede cambiar la escuela

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¿Es posible promover el teatro como lenguaje transversal en áreas tan disímiles como las matemáticas, las ciencias o los idiomas? La opinión de especialistas sobre la capacidad transformadora de este arte en las escuelas.

Fotos AFP

No por casualidad, el pueblo griego descubrió la democracia a la vez que inventaba el teatro. El teatro es el arte de la palabra, y la palabra es la base del diálogo y la madre de la convivencia”. La cita es de Petra Jesús Blanco Rubio, escritora española de literatura infantil y difusora del concepto “teatro de aula”, que plantea que educar supone sembrar inquietudes. 

“No puede funcionar un sistema educativo en el que se ignora la trascendencia del teatro”, subraya Blanco Rubio en sus textos, cuando invita a experimentar este arte en todos los espacios curriculares, desde las matemáticas hasta la ciencia, los idiomas y las humanidades.

La idea de promover el teatro como lenguaje transversal o complementario a distintas áreas de conocimiento es compartida en el mundo. Aun así, las experiencias son aisladas en las escuelas argentinas.

“Si la mirada integral del desarrollo humano se aplicara a la educación, la formación sería diferente tanto para los docentes como para los alumnos. Hay escuelas en las que aún hoy la asignatura ‘teatro’ no existe. Las docentes suelen convocarme para dar un taller de teatro de seis encuentros con diferentes cursos juntos (60 niños y niñas o más, para abaratar costos) con el objetivo de que sus alumnos puedan expresarse más, ‘descargar energía’, ‘desinhibirse’. Sin dudas que esos son algunos de los ‘efectos’ que el teatro produce, por decirlo así, pero solo algunos. El teatro es mucho más que eso, y no puede aplicarse de cualquier manera”, opina la rosarina Lumila Palavecino, maestra de nivel inicial, actriz, profesora de teatro y directora del grupo de teatro adolescente Lxs Pupis, en la localidad de General Lagos, provincia de Santa Fe.

Natalia Herrera, licenciada en Comunicación Social y creadora de LaS PaLaBraS (@laspalabrasteatro), una iniciativa que utiliza el teatro como un medio de comunicación para empoderar y potenciar el desarrollo de las personas en comunidad, explica que el teatro convoca a hacerse cargo, a poner el cuerpo, a salir de la zona cómoda, a ponerse en el lugar de otros (personas y cosas). “Nos incomoda, nos acerca y nos aleja, nos hace experimentar y no repetir mecánicamente”, enumera. En todo proceso –puntualiza– hay entrega, se comparte, se genera comunión, se está y se convive con otros en tiempo presente. 

Desde hace doce años, Herrera coordina talleres en Río Tercero, provincia de Córdoba, y trabaja “el teatro como lenguaje” con escuelas de distintos niveles. Abordan temas como el ambiente (cuidado y contaminación del entorno natural), las relaciones humanas (violencia, discriminación y formas de canalizar las energías), la sexualidad (prevención de enfermedades de transmisión sexual, embarazos adolescentes, exposición del cuerpo en redes sociales), las adicciones (impacto del consumo de sustancias en los deseos para la vida), la lectura como ejercicio de placer y de descubrimiento, los valores en ejemplos cotidianos, la identidad, las tecnologías, la soledad, el amor y el desamor. 

El teatro, explica Herrera, permite expresar lo que nos sucede a través del cuerpo, la voz y la intención, y ayuda a aprender con la experiencia.

“El teatro no es solo leer y representar una obra. Es, entre otras cosas, conciencia corporal”.
Lumila Palavecino

“El teatro en la escuela potencia la capacidad de exponerse y de escuchar. La posibilidad de animarse y prestarles el cuerpo a un personaje, a una emoción, a una acción para otros. En la secundaria es un gran compañero de manifestación y expresión de dudas y miedos, de frustraciones, nos ayuda a desenroscar, liberar, construir una mirada más amorosa con el mundo”, opina Herrera.

Para Palavecino, la docencia tiene que nutrirse de las herramientas artísticas para contagiar el placer por aprender. Sostiene, en este sentido, que los gobiernos deberían ser los impulsores. 

La actriz Vanina Emiliana Perrone, coordinadora y facilitadora del Espacio de Teatro Abriendo el Telón, en la localidad de Los Cóndores, provincia de Córdoba, subraya que urge incorporar el teatro a la formación docente. “No se puede compartir lo que aún no se conoce”, enfatiza. 

Hoy, el teatro (englobado en la “educación artística” que promueve la Ley Nacional de Educación) aparece como un espacio relegado en muchos colegios. “No solo sería conveniente revisar la importancia que se le otorga en los espacios de educación formal, sino también trabajar arduamente para la incorporación del teatro como herramienta pedagógica en el resto de las asignaturas, como eje transversal de la totalidad de las materias de la currícula”, plantea Perrone. 

La apuesta es que los estudiantes y sus docentes hablen de geografía, física, química, matemática e historia a través del juego teatral. Perrone pone como ejemplo el abordaje de la conquista de América en el nivel inicial, a través de textos como los de la escritora argentina Adela Basch, que incluyen información de varias asignaturas, invitan a repensar la época y a ponerse en lugar de los protagonistas, en sus territorios y con su cultura. A través de los juegos de roles y de la interpretación de la pieza teatral se comprende el tema y se desarrolla un pensamiento crítico. 

“Si el teatro se utiliza como una herramienta pedagógica transversal, y es incorporada ‘a conciencia’ en las escuelas, contribuiría a desarrollar mejores competencias académicas y personales en docentes, estudiantes y hasta personal no docente, y avanzar en la transformación social, que proclama la legislación, y en la construcción de realidades más humanas, equitativas y justas”, opina Perrone.

La cuestión es animarse a enseñar, dice la artista de Los Cóndores, “implicando al cuerpo físico y emocional en su totalidad”. 

SER Y HACER

“El teatro en distintos espacios curriculares puede usarse en infinidad de maneras, ya que no es solo leer y representar una obra. El teatro es, entre otras cosas, conciencia corporal”, opina Palavecino. 

Educación física, grafica, podría ser abordada desde esta conciencia y no solo desde una perspectiva deportiva. “La conciencia corporal enriquece y amplía la aceptación por el propio cuerpo”, dice. 

Cambiar el enfoque y abordar la asignatura con ejercicios teatrales que apunten al conocimiento del cuerpo y sus sensaciones, al cuidado y uso consciente y más creativo que recreativo permitiría incluir a todos los cuerpos, sostiene Lumila, no solo a los habilidosos.

“El teatro eleva la autoestima, desarrolla el pensamiento crítico, sensibiliza, ayuda a socializar”.
Vanina Perrone

“El aprendizaje real, que queda plasmado por años, es el que involucra las emociones”, subraya Palavecino. Propone abordar contenidos que no se trabajen de memoria, sino a través de juegos que requieran poner el cuerpo, la creatividad. Por ejemplo, inventar historias ficticias con células y microorganismos, crear chistes matemáticos, imaginar ser próceres, improvisando sus diálogos y acciones cotidianas. “Sin querer primero a estos personajes no es posible representarlos sin que sea un fastidio o una mera repetición de palabras; pero para eso antes se necesita un trabajo muy entusiasta de estrategias precisas”, indica la docente santafesina.

Perrone coincide en que jugar a través del teatro incrementa la imaginación, la capacidad de escucha, la comunicación, la confianza propia y en los otros, la empatía, el conocimiento de las propias emociones, el aprendizaje cooperativo, la autonomía. “Eleva la autoestima, desarrolla el pensamiento crítico, sensibiliza, ayuda a socializar. En definitiva, aporta nuevas maneras de ser y nuevos lentes para observar”, explica. 

Ponerse en la piel de otros contribuye a desterrar prejuicios y a aceptar las diferencias. 

El teatro, dice Perrone, implica “un hacer” que supone un movimiento y la consecuente transformación del ser humano en cualquier etapa de su vida. “Considero que adentrarse al juego teatral o simplemente hacer uso de las herramientas del teatro conlleva aprendizajes para el ser que se graban en su memoria celular, viéndose luego reflejado en su hacer cotidiano”, concluye.