Vinos de montaña

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El origen de las uvas se ha vuelto el factor más importante después del hacedor, aunque cada vez se busque intervenir lo menos posible en bodega para no interferir entre el carácter de lugar y la expresión del vino. Es así como nació un nuevo concepto: “vinos de montaña”. Es cierto que la cordillera de los Andes siempre fue el marco de fondo para los vinos de la región de Cuyo y que los viñedos del Valle Calchaquí están sobre montañas. Pero el “descubrimiento” del Valle de Uco, que aportó mucho a la revolución cualitativa y estilística del vino argentino, permitió redefinir algo que parecía obvio. De la altura se sabe que no mejora los vinos, pero sí que permite obtener uvas con características diferentes. Sin embargo, hay hallazgos que necesitan tiempo, porque en vitivinicultura hay que esperar años para ver si los “experimentos vínicos” dan resultados positivos. Los vinos de montaña son aquellos moldeados por el paisaje y su influencia. Cuanto más pegado el viñedo al pedemonte, como sucede en la IG San Pablo (Mendoza), el microclima y el suelo cambian completamente, conformando un ecosistema único. Y esto no solo obliga a cultivar allí variedades de ciclo corto, porque hay mayor nubosidad y precipitaciones, sino que permite crear vinos mordientes, tensos y muy refrescantes. Por su parte, en las alturas del NOA también pegan más el sol y los vientos, haciendo que los hollejos sean más gruesos y concentrados, otorgándoles a los vinos una personalidad diferente, un carácter de montaña. 

TIPS

Los pescados y frutos de mar cada vez se consumen más, y promueven la creatividad en la cocina. Además, durante el confinamiento muchos se han volcado a las pescaderías de barrio, preocupados por la dieta en tiempos de sedentarismo. Las redes sociales también posibilitaron que el mundo del pescado sea más conocido, promoviendo información y recetas. Requieren mucha preparación, pero la clave está en su frescura. Los colores deben ser rosados vivos, los ojos tienen que estar brillantes, y las agallas, bien rojas. Y si se puede, mejor comprar el pescado entero. Para el maridaje no solo hay que tener en cuenta el tipo de pescado, sino la preparación y la salsa. El filet de merluza, la chernia, el mero y el besugo, vuelta y vuelta, van muy bien con blancos equilibrados. Los mariscos, con espumosos y rosados; mientras que el atún (sellado), el salmón (al horno) y el dorado (a la parrilla) se lucen más con tintos.

MINIGUÍA DE VINOS

Saurus Estate Pinot Noir Rosé 2020

Familia Schroeder, Neuquén.

$450

Puntos: 88

Es uno de los ocho Pinot Noir que elabora la bodega. Se trata de un rosado con todas las virtudes del varietal y del terruño patagónico. De aromas frutados y paladar fresco, con la fuerza de la juventud. Trago equilibrado y vibrante, con cierta untuosidad que lo hace ideal para acompañar pescados y mariscos en la mesa. Además, viene con práctica tapa a rosca.


Famiglia Bianchi Cabernet Sauvignon 2018

Bodegas Bianchi, San Rafael.

$554

Puntos: 90

Este clásico de clásicos está más vigente que nunca, confirmando que el oasis sur de Mendoza es un terruño ideal para el Cabernet Sauvignon. De aromas amables y expresivos, con notas de especias. En boca se percibe su carácter frutal, con frescura, y la madera bien integrada. Además, sus texturas equilibradas le aportan profundidad. Está para descorchar o guardar.


Kaiken Ultra Alturas Chardonnay 2018

Bodega Kaiken, Mendoza.

$990

Puntos: 90,5

Elaborado con uvas de diferentes viñedos en Altamira y Vistalba, Rogelio Rabino (enólogo) logró un blanco bien completo. De aromas típicos y equilibrados. Paladar refrescante, con volumen y paso graso, y con las notas de crianza (solo el 35 por ciento del vino fermentó y reposó 12 meses en barricas) asomando sobre el final de boca. Su trago es amable, persistente y franco.