Más liviano que el aire

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A diez años de haber ganado el Premio Clarín Novela, un fragmento de la edición aniversario de Más liviano que el aire, la gran novela de Federico Jeanmaire, con un prólogo inédito del autor. 

Siéntese sobre la tapa del inodoro. Si quiere. No vaya a creer que lo estoy obligando. Se me ocurre, nomás, que puede estar más cómodo sentado sobre la tapa del inodoro. Yo también me traje una silla y la puse cerca de la puerta.

Le voy a contar algo.

No refunfuñe. Le va a hacer mal ponerse así y,  además, no va a ganar nada. Hasta le puede llegar a subir la presión. Se lo juro. A mí me ha pasado.

Algo.  Le voy a contar algo que tengo muchas ganas de contarle.

Por favor. Sea bueno. Cállese de una vez, cálmese, deje de golpear la puerta como un tonto y escuche quietito que no le va a venir nada mal escucharme.

Le conviene, yo sé lo que le digo.

Siempre se aprende de los viejos. Claro que a ustedes, me refiero a los jóvenes, les parece que no, que nada se puede aprender de una vieja tan vieja como yo. Noventa y tres años, tengo. Para noventa y cuatro. Mucho, ¿no?

Da la impresión, no se lo voy a negar, pero la verdad es que se pasa rapidísimo; una casi ni alcanza a darse cuenta de que está viva y ya tiene que morirse. Aunque usted no me crea, está en todo su derecho. Sin embargo, le repito que el tiempo vuela, que pasa volando como dice la gente. Y una ni se entera. A una le parece que todo ocurrió ayer o un rato antes de ayer. Pero no lo quiero entretener con estas cuestiones: si usted me deja, yo le cuento lo que quiero contarle sobre mi madre y listo, ya está, le prometo que no lo molesto más.

Sí, sobre mi madre.

Así me gusta, que sea un poco más dócil, que entienda, que se deje contar. Usted es joven y aunque sea mentira, estoy segura de que todavía cree que tiene toda la vida por delante. Un montón de tiempo por delante. Y eso es mentira, por supuesto. Una mentira tan grande como el tiempo. Pero usted todavía no lo sabe y, cuando lo sepa, créame que ya va a ser demasiado tarde. Como me pasó a mí. De todos modos, le agradezco que ahora tenga ganas de escuchar. Y de aprender, también.

Ah. Entonces no tiene ganas. Ni de una cosa ni de la otra. Y, bueno, puede ser que no tenga ganas. Aunque, claro, yo le voy a contar igual lo que quiero contarle. Mejor es que lo sepa desde ahora. Usted se me queda bien calladito, yo le cuento y, después, ya me dirá si le interesó lo que le conté o no le interesó un comino. De cualquier manera, la verdad es que estoy un poco sorda, qué se le va hacer, problemas de la edad. Así que. El asunto es que mi madre se llamaba Delia. Pero le decían Delita. Y aunque no llegué a conocerla, permítame que yo también la llame Delita. Para mí es Delita, siempre será Delita, vio cómo son esas cosas.

¿Tampoco le importa saber cómo se llamaba o cómo le decían a mi madre?

 Tendría que importarle, es el asunto del que quiero hablarle y, si usted no registra el nombre de la protagonista, se le va hacer muy difícil seguirme. Además se trata de mi madre, no sea maleducado, tenga un poco más de respeto.

No, no, no. Así no vamos a llegar a ningún lado: usted no me deja que le cuente y entonces todo se alarga. A mí no me importa, le digo la verdad, estoy muy sola. Todo el santo día, sola. Todos los días de toda la vida, sola. Sin embargo, a usted me parece que sí debería importarle. Usted todavía supone, se le nota, que tiene la vida entera por delante, que tiene muchas cosas por hacer, que tiene futuro, un porvenir. Para mí, creo que ya se lo dije antes, discúlpeme si me repito, usted no tiene nada, ninguna de esas cosas. Pero no por usted mismo, no se piense que le tengo ojeriza o que tengo una cuestión personal en contra suya. No. Nada de eso. Se lo digo a usted porque usted es el que ahora mismo está acá, encerrado en el baño, si fuera otro cualquiera el que estuviera en su lugar, también le diría lo mismo. 

Federico Jeanmaire

Nació en Baradero, provincia de Buenos Aires, en 1957. Es licenciado en Letras y ha sido profesor en la Universidad de Buenos Aires. Publicó numerosas novelas, entre ellas, Desatando casi los nudos, Una virgen peronista, Papá, La patria, Fernández mata a Fernández y Tacos altos. Con Mitre (1998), obtuvo el Premio Especial Ricardo Rojas. En 2008, ganó el Premio Emecé con Vida interior y en 2009, el Premio Clarín Novela con Más liviano que el aire.

Tacos altos

Editorial Anagrama

Más liviano que el aire

Editorial Edhasa