Aldana Vega: La diseñadora del desastre

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Aldana Vega se adueñó de la desprolijidad en la creación como un acto de resiliencia. Empezó a estudiar a los 15 años para llegar a diseñar el vestuario de artistas trap como Cazzu, Duki y Nicki Nicole.

Foto Gentileza Aldi Vega

Para sus 15, Aldi Vega le pidió de regalo a su madre una máquina de calor para estampar. No quería un gran vestido ni soñaba con un gran viaje. Su deseo era poder transferir los diseños que venía realizando en sus cuadernos desde muy chica en su casa en Villa Transradio. La localidad de Esteban Echeverría ubicada al suroeste del conurbano bonaerense lleva ese nombre por haber sido, un siglo atrás, un polo radiofónico con conexión directa con Europa y Estados Unidos, luego abandonado. 

Su abuela modista le enseñó a coser y le regaló su primera máquina, pero le advirtió que el trabajo de costurera la llevaría a la soledad y a una vida de infelicidad, ya que su amor por el oficio le había costado su separación. “Me contó que se embobaba horas y días bordando, diseñando, pensando en cada detalle. Se olvidaba de tener una vida social, y ella no quería eso para mí”, dice la diseñadora de 24 años que estudió en la Escuela Argentina de Moda, en la capital porteña, a la vez que hacía el secundario en el Instituto José Hernández, en Lomas de Zamora. 

Su tío, amigo de su padre –que falleció cuando ella tenía ocho meses en medio de un robo– y colega en la empresa de soda donde trabaja toda la familia, la buscaba todas las tardes a la salida del colegio para llevarla al microcentro y esperaba cuatro horas sentado en un banco de una plaza para ayudar a que Aldana cumpliera su sueño profesional. 

Pero su salto a la fama se dio hace dos años con un mono rojo. Aldi Vega se imaginó a una de sus artistas preferidas, Julieta “Cazzu” Cazzuchelli, con una monoprenda rojo fuego y la contactó por Instagram. La trapera le respondió y así empezaron a diseñar juntas el vestuario de sus videos, presentaciones en vivo y premios, hasta llegar a ser tapa de la revista Rolling Stone. Cazzu, además, la alentó a lanzar su propio proyecto, Bualichero. 

  • ¿De qué se trata tu marca?

Bualichero surgió como un trabajo de la facultad de armar una marca comercial. Su nombre viene de los gualichos de los barrios populares y cómo yo quise transformar eso en algo positivo, como la magia blanca. Son prendas con diseño, con estampas personales y una morfología distinta, pero a la vez inclusivas y accesibles. Es un acto de rebeldía. Si yo a los 22 años y desde mi casa pude empezar una marca low cost, de diseño y con todos los talles, creo que eso puede inspirar a otros a hacer lo mismo. Siempre tuve ganas de diseñar pantalones, pero hace dos años venía dando vueltas con los modelos. Cazzu me apuró a hacerlos y, una vez que se los puso, me etiquetó en una foto, y no me pararon de llegar seguidores y consultas, aún cuando mis redes sociales todavía no tenían contenido. 

  • ¿Dónde se conocieron con Cazzu?

A finales de 2017, cuando ella recién lanzaba el hit Loca, la contacté por mensaje privado y le dije que me la imaginaba con un overol corto rojo, y que me encantaría trabajar con ella. Juli todavía estaba viajando entre Jujuy y Buenos Aires, así que, una vez instalada, nos conocimos y empezamos una relación inmensa que me inspira mucho para crear. Cazzu es como una hermana a la que admiro y que quiere que a todos con los que trabaja les vaya bien. Como escuchamos la misma música, charlamos mucho y hablamos el mismo idioma, es muy fácil trabajar juntas, porque entiendo rápido qué es lo que quiere transmitir en cada video y show, y lo interpreto desde su imagen. 

“Es muy fácil crear para Cazzu, porque tenemos los mismos códigos. Es como una hermana, y la admiro mucho”.

  • También tuvo una gran importancia Martín Churba en tu formación, ¿no?

Es mi referente en el diseño argentino. Tanto, que tengo un tatuaje en la muñeca que dice “Cree en tu Martín Churba interior”. Una vez me anoté en un concurso en el que él era uno de los jurados, y yo quería llamar su atención porque había conocido su trabajo en la facultad y me quedé fascinada con sus estampas. Entonces, envié al concurso un link con mi portfolio que se llamaba “Por qué Martín Churba me tiene que elegir a mí”. Su asistente se comunicó conmigo y me invitó a pasar un día con él, a conocer su casa matriz y ver el detrás de escena del armado de un desfile, los fittings con modelos, cómo le pedía opiniones a todo su equipo, y después lo acompañé a una charla que daba a emprendedores del norte. Me acuerdo que mi mamá se pidió ese día en el trabajo porque yo tenía 16 años, y al terminar la jornada no pude contener la emoción y me largué a llorar. Era mi sueño conocerlo, y la realidad superó todas mis expectativas, porque vi cómo se puede ser un diseñador supercreativo, serio y comprometido en ayudar, sin la necesidad de crear un personaje. 

  • ¿Qué aprendizaje te dejaron estos años de experiencia?

Lo más importante es confiar en vos misma y materializar los proyectos, aunque te vaya mal y te equivoques. También, saber que la experiencia viene de la prueba y el error, que muchas veces hay que improvisar y confiar en la intuición, porque, por ejemplo, a mí en la facultad me enseñaron a diseñar, pero no a vender, y empezás a perder plata en varios lugares del negocio o a desaprovechar los tiempos, como cuando las colecciones se agotan muy rápido y tenés un tiempo estancado hasta que volvés a comprar material y entregar. 

SERVICIO SE COSTURA

Si bien tuvo propuestas de inversores para ampliar su negocio, Aldi Vega no quiere convertirse en un Forever 21. Sí le gustaría llegar a alguna Semana de la Moda y poder mostrar una colección extensa y de autoría, como en la que está trabajando para presentar este mes. Su primera presentación se llamará “Servicio de Costura”, en homenaje a su abuela costurera. “La costura es un servicio que está a tu disposición para lo que necesites”, dice Aldi, quien empezó a indagar en sus orígenes y le dieron ganas de contar su historia a través del oficio. “Muchas personas lo denigran y yo lo amo. Es lo que me hace tan diferente y especial”, comenta la “diseñadora del desastre”, apodada así por su estética y sus texturas, que mostrará una colección totalmente opuesta, de sastrería exacta, que le rinde tributo a su abuela a través de sus cuadrillés, ojales, entretelados y bordados, con identidad del barrio de zona sur de Buenos Aires donde se crío.