LETICIA BREDICE:
“Me salvó la actuación”

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Con más de veinte años de carrera y toda una vida actuando, Leticia Bredice se sumerge en su profesión para dirigir y enseñar teatro mientras tiene nuevo disco en el horizonte.

Por: Juan Martínez
Fotos: Nicolás Pérez

Cuando Leticia Bredice llega a un lugar, lo transforma, lo electrifica, modifica la energía presente y, de un momento a otro, inevitablemente, todo gira a su alrededor. Es una presencia potente que cambia la lógica que predominaba hasta segundos antes de su llegada e impone una nueva, a la que hay que subirse a surfear como se pueda.

“Actriz” es el nombre de su primer disco (que en breve dejará de ser el único) y es la palabra que la define. Es la profesión que eligió a los doce años y la que la eligió a ella incluso desde antes. “Siempre fui actriz. Hay dos fuentes muy fuertes cuando sos niño: el amor y la felicidad; o el miedo y el enojo. Yo era muy feliz y tenía un mundo precioso, perfecto. De chica, estaba todo el día en el baño, jugando con los desodorantes, el champú, y todos me hacían notas. Yo le hablaba al espejo y le contaba cosas, lloraba porque me peleaba con parejas. Nunca dejé de ser esa actriz. Jugaba mucho a la maestra y enseñaba palabras que no existían, y contaba el verdadero significado. Un día vi a mi mamá en la puerta de la cocina mirándome, muy sorprendida y pensé ‘Guau, no me conoce’”, cuenta.

  • Pasaron treinta años desde que comenzaste a estudiar teatro con Norman Briski, ¿qué te motiva a seguir actuando?

No sé, es lo que más feliz me hace. Aparte, a mí me gusta compartir. Me gustan los textos, los autores, y creo que el cine salva la vida de la gente, y la música también. Hablo en lo emocional. Si algo pasa en la salud de alguien, vas a ver una película y la vida se hace más linda. Y si escuchás música, también. Creo que podría hacer otras cosas, pero siempre sería actriz. A mí me salvó la actuación, y ahora, de grande, entiendo muchas cosas que hice y que dejé por ser actriz. Comencé muy chica y perdí muchísima inocencia. En mi primera película tenía 17 años. Perdí mucha inocencia y gané la profesión.

  • ¿Siempre te hizo feliz?

No siempre, algunas veces me costó. Cuando la gente sabe cosas de tu vida es muy doloroso que te hagan algunas preguntas íntimas como si fuese algo normal. Cada cual tiene su punto de vista y opina, y yo también opino de actores de afuera, pero jamás le diría algo muy privado a un actor que no conozco. En esto se pierde privacidad. También es maravilloso aprender con el tiempo a tener una privacidad a pesar de todo, a que los demás sepan que tenés una vida, cómo sos y que no se asusten. Yo soy así, pido respeto, me banco la crítica y es suya. Igualmente, a pesar de todo esto, me siento muy respetada por el público, de verdad. Trabajar de esto es un acto de felicidad para mí, y siempre intento hacerlo mejor.

“Trabajamos con el cuerpo, y eso hace que a veces pensemos demasiado en qué quieren los demás que seamos, y ahí nos alejamos de lo que deberíamos hacer”.

  • ¿Cómo evaluás si actuás mejor o peor?

Aprendo y estudio todo el tiempo, y creo que hay que crecer permanentemente como actriz. Hay que animarse y meter los pies en el agua y en el barro, y no estar pensando en lo que ve la gente, sino en vivirlo. Trabajamos con el cuerpo, y eso hace que a veces pensemos demasiado en qué quieren los demás que seamos, y ahí nos alejamos de lo que deberíamos hacer. Este es un trabajo en equipo, no solitario. Cuando un actor empieza a tejer y a entrelazarse con los demás, cuando es lo más honesto posible, se nota. Recuerdo, por ejemplo, cuando hice Locas de amor: estaba muy bien escrito, pero nosotras teníamos tanta verdad y nos decíamos los textos con una honestidad tan grande, sin pensar que estábamos pisando al compañero, sino siendo generosas, que eso le llega al que está mirando. Así es el cine italiano, eso es la humanidad, transforma al que lo mira. Ahí sos feliz en la escena, por más que estés contando una gran tragedia, porque lo estás haciendo con honestidad, con tu sangre, con tu cabeza, con tu corazón. Te estás entregando.

  • Cuando tu trabajo no sale como hubieras querido, ¿qué te sucede con eso?

Es algo que puede pasar. A veces no encuentro, no la cazo. Siento que tengo que hacer una cosa y no le encuentro la vuelta. Es como el que pinta: a veces sale algo maravilloso y, a veces, algo que podría tener mejores combinaciones de colores. Me guío más por cómo me sentí, porque no me gusta mirarme después. Generalmente, no lo hago, porque suelen ser historias en las que pasan cosas muy tristes. A veces miro un poquitito y, cuando me veo mal, digo “No, pará”, y termino. En el cine es una cosa, veo una vez la película terminada, pero en televisión no miro más los capítulos una vez que los hice. A veces, porque me impresionan y, otras, porque no estoy, no me veo a mí.

Leticia Bredice; Actriz, Nico Perez
  • Tu hijo, Indio, tiene quince años. Vos a esa altura ya habías elegido una profesión, ¿eso te hace tener cierta rigurosidad con él en ese aspecto?

No, para nada, no tengo eso con mi hijo. Mi luna está en Piscis, soy de estarle encima, pero es un chico muy especial. Me gusta que tiene humor y que mira a los ojos y se la banca. Es difícil criar a un hijo. No sé bien ser madre, voy viendo. Si se siente mal de la panza, pero me pide alfajores o chocolate y eso lo hace feliz, yo se los doy. Hay una cosa con los límites que hay que ir aprendiendo todo el tiempo. La verdad es que se aprende con la vida. Con mi mamá tengo ahora una relación fantástica, pero me costó muchísimos años, constelaciones familiares, psiquiatra, hasta que logramos hablar como dos mujeres grandes. Hoy hablamos así, como dos mujeres, no como madre e hija. Ella me hablaba en un momento como a alguien a quien no conocía, como a una actriz. Por suerte paró con eso y ahora está maravillosa. No hay persona que sea más honesta conmigo que ella, sin herir. Con mi familia ahora tengo, con todos, una relación de verdad, de amor.

A mitad de año, Leticia dirigió la obra Vino, que se sumó al particular formato de Microteatro, un lugar en Buenos Aires donde se presentan espectáculos de quince minutos de duración, en espacios y con elencos reducidos. Allí dirigió a su sobrina Ananda: “Es una actriz impresionante. Lo digo con el corazón feliz. Cuando era chiquita, no lo decía, de mala que soy, pero ahora sí”, reconoce.

  • ¿Qué te produce dirigir?

Me fascina. Me gusta más que actuar. Siento que es un placer muy grande dirigir a un actor y hacerle entender un sentimiento, una forma, llevarlo a otro plano, a otro espacio. Abrirle la cabeza. Como actor, eso es más limitado, porque trabajás con otro, y un director te marca cosas. Vino es algo que siempre quise hacer y nunca creí que iba a lograr. En todas las funciones me reí, en todas las funciones me sorprendí, en todas aluciné con lo que es ser actor y ser libre.

Estás preparando un show con las canciones de tu primer disco y vas a sacar el segundo en breve, ¿te considerás cantante?

“Sos feliz en la escena, por más que estés contando una gran tragedia”.

No, soy una actriz que canta. O sí: soy cantante como una mujer feliz. Porque, para mí, las mujeres que son felices cantan, o se ponen más felices cantando. Eso soy yo. El rótulo, el título, no acompaña a lo que para mí es el ejercicio de la mujer, que es tratar de ser feliz. Hay muchísimas actrices que escriben, pero les da vergüenza y no lo dicen, por ejemplo. Me pasó un montón eso con actrices increíbles. No entiendo cómo no lo muestran, no lo cuentan. Creo que vergüenza o pena, o frustración, es no intentarlo. No importa el éxito. ¿Qué es el éxito?

Leticia Bredice; Actriz, Nico Perez
  • ¿Qué es?

El éxito es un placer por un momento y luego te lo cobran, porque la gente te dice “¿Y? ¿Cuándo te volvemos a ver en la tele?”. ¿Por qué tengo que estar en la tele? El tiempo del no hacer nada, de aprender, de lavar los platos, limpiar la casa, acomodar, pintar, es el tiempo donde uno se hace persona. Criar a un hijo, estar con la familia, dar clases de teatro, tener un amigo con una enfermedad y acompañarlo, que no te alcance la plata para pagar la luz y pensar la tristeza, cómo hacer para salir. Ahí creo que es cuando el actor empieza a mirar al otro y a mirarse, y puede meter adentro del cuerpo un montón de gente. El éxito no es el amor. A veces, y por lo general, el fracaso es lo que más te acerca a tu verdadero amor, a tu verdad. El éxito, si no lo naturalizás, puede llegar a hacerte creer que estás viviendo algo que no vas a poder detener y que debés tener cada vez más, y deja de ser un placer para convertirse en un gran enojo. El éxito también te llena de miedo, por si se va. El fracaso, en cambio, todo el tiempo tiene lucha. El éxito es un resultado, una verdad virtual, pero no es necesario ni vital.

CLASES DE TEATRO

Hace un tiempo, la actriz está a cargo de Metamorfosis: talleres de actuación que da sola o con su sobrina Ananda. Durante el año tiene grupos fijos en Buenos Aires y también algunas fechas en el resto del país.
“Viene mucha gente, y estoy muy sorprendida con eso. No tengo dudas de que la situación social nos hace necesitar reunirnos y abrazarnos, y hablar de lo que nos pasa. Aprendo mucho como actriz. Es un placer para mí hablar de teatro y la humanidad, de cómo en estas últimas décadas se transformó todo con mucha rapidez en una verdad distinta. El teatro tiene que acompañar esto y volverlo un beneficio. Hay que hacerse responsable de la historia sin atacarla, pudiendo atravesar la tragedia y seguir pensando en profundo, leyendo y juntándose con los compañeros, que son los que todo el tiempo enseñan. Son los que tienen ganas de pasar amor e inteligencia, y el arte de lo que es estar en este planeta Tierra, que tiene que ver con la creatividad, con la bondad, la naturaleza y el amor. Es un arte muy difícil de lograr”.
Quienes estén interesados, pueden buscar novedades en su cuenta de Instagram (letibredice) o escribirle a letibredice@gmail.com.

Agradecemos a Jt, Cardinal, Luna Garzón, Justa Osadía y al Hotel Madero Buenos Aires por su gentileza para la producción de esta nota.