Florencia Torrente:
“Hay que hacer, experimentar, expresarse”

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Se sube al escenario con Mentiras inteligentes, ensaya dos obras, participa en la película que produce su mamá -Araceli González-, canta, pinta, dibuja, escribe, medita y dirige una marca de accesorios. La multifacética vida de Flor Torrente.

Por Juan Martínez
Fotos Patricio Pérez

Cada noche, entre cuatro y siete sueños llenan nuestra mente de imágenes y sensaciones. Olvidamos casi todas cuando nos despertamos. Florencia Torrente es de quienes creen que allí hay información muy valiosa como para resignarse a su pérdida, y tiene un kit “atrapasueños” con el que busca capturar algunos de esos momentos: en su mesa de luz hay cuadernos, lápices y su celular, donde anota apenas puede lo que acaba de pasar en su cabeza. “También estoy leyendo Diario de sueños, que habla de su interpretación y de que tenemos que ser muy conscientes de que hablan por nosotros. Es nuestro inconsciente queriendo decir algo de nuestra realidad, algo que no queremos, no podemos o no sabemos ver; o no entendemos. Este libro me da ejercicios para que pueda recordar mis sueños y para que pueda investigar cosas”, cuenta.

 

  • ¿Te volvía loca que se te esfumaran?

Sí, porque tengo sueños muy flasheros y con aromas, sensaciones y texturas muy delirantes. Algunos muy realistas. Empecé a preguntarme “¿Qué es esto? ¿Qué pasa acá?”. Cuando entrás en ese universo, es tremendo. Este libro te ayuda a ser el director de tus propios sueños. ¿No te pasa que a veces te dormís, te despertás queriendo volver a un sueño y pensando mucho, mucho, lo conseguís? Todo es ejercicio.

 

Máquina incansable de crear, Florencia se pasa el día atendiendo a cada estímulo que le llega, para conectarlo con otro y ver qué resultado se produce. Lo de los sueños es una continuidad de esta avidez para que no se le escape nada. Todo es material de creación, todo puede derivar en las muchas plataformas donde canaliza su sensibilidad: es actriz, dibujante, artista plástica, cantante, escribe guiones y lleva adelante Helicia, una marca de accesorios femeninos a la que dio vida como a un personaje, creándole una historia y una identidad que la explicaran.

  • ¿Cómo organizás los tiempos entre tantas actividades?

No sé. A veces es difícil, pero coordinando y ordenando, creo que las cosas se pueden. Ahora estoy con Mentiras inteligentes [N. de la R.: obra que protagoniza junto a Mariano Martínez, Arnaldo André y BetianaBlum], ensayando dos obras para Microteatro; haciendo algunas cosas para Sola, una película producida por mi mamá y por Fabián Mazzei, en la que actuamos los tres. También estoy escribiendo una serie con una amiga. Estamos haciendo algo que queremos hacer, esperando a nadie.

“Si no siento que algo que estoy llevando a cabo me atraviesa, no puedo hacerlo. No me sale”.

  • Nunca estás esperando, ¿no?

No, porque todo lleva su tiempo, y si empezás a trabajar sobre las cosas y dejás que vayan surgiendo solitas, de pronto no sabés qué pasó y un montón de cosas hermosas sucedieron. Eso es lo que me parece interesante de la vida: hacer, experimentar, expresarse. ¿Esperar? ¿A quién?[

  • ¿Sentís que, entre todos esos canales de expresión, alguno sea más tuyo que el resto?

No, no puedo elegir uno. No hay una tabla de posiciones. Todo tiene que ver conmigo, y siento que en este momento de la vida estoy pudiendo fusionar todas esas cosas. De pronto, todo cobró sentido. Cuando era chica, estudiaba pintura, modelo vivo, teoría del color, canto, teatro shakespeariano y más. Estudié cómo abrir mi propia tienda a los 18 años, sin tener idea de que esto [señala el depósito de su local] fuera a existir. Yo iba a un colegio donde tocaba la flauta traversa en la banda, y tenía mil horas de arte. Conectaba mucho. Eso hace que una explote su creatividad y empiece a encontrar un montón de formas de expresarse, no solamente por un canal, sino por un montón, y con convicción. Lo importante es que cualquier cosa que hagas, la hagas de verdad, con convicción y constancia. Porque a mí todo el tiempo me decían “El que mucho abarca, poco aprieta”… Yo abarco todo lo que creo que puedo abarcar, si no, no lo abarcaría. Si no siento que algo que estoy haciendo me atraviesa, no puedo hacerlo. No me sale. De pronto, todos esos puntos empiezan a conectarse entre sí.

  • ¿Identificás cuándo comenzaron a conectarse?

Más o menos: a los 18 me fui a Nueva York queriendo estudiar pintura y hacer modelo vivo. Me gustaba mucho dibujar también. Fui y me explotó la cabeza. Pensaba “Sé que quiero esto, pero también que hay un montón de cosas que quiero y que no sé”. Entonces, ¿qué mejor manera que probar todas? Me paré en la universidad, me fijé todo lo que había para hacer y decía “Ok, me gusta esto, esto, esto y esto”. Cuando terminaba, me fijaba si me seguía gustando cada cosa como para dedicarme más. Todo en algún punto se fusiona, con amor. Ese conocimiento de la fotografía, del color, de un montón de cosas, hacen que Helicia sea lo que es. Y todo eso también me ayuda a actuar mejor.

  • ¿Cómo lo aplicás a la hora de actuar?

Dibujo al personaje y las situaciones, mientras me voy aprendiendo el guion. Me imagino las cosas, la ropa, los colores que esa persona podría tener. Escribo su pasado, sus proyectos, su niñez, sus parejas, sus relaciones. Voy construyendo toda una historia alrededor, porque los personajes deben tener historias para ser sólidos; si no tienen solidez, no los creés. Todos mis personajes primero son garabatos que salen de mi mano.

“Todos mis personajes primero son garabatos que salen de mi mano”.

Hace algunos años, Florencia comenzó a sentirse rara. Tenía malestares que no lograba definir, hasta que su mamá les puso nombre: ataques de pánico. El método que encontró para sacarlos de su vida fue meditar, una actividad de la que se enamoró casi instantáneamente. “Hacía yoga de forma muy intermitente y siempre quise meditar. Empezó a pasar el tiempo, y a raíz de los ataques de pánico me acerqué. Los empecé a trabajar desde la meditación y los resolví sin tomar ningún medicamento. Meditar me cambió la vida. Es una herramienta con la que, si en algún momento te vuelve a suceder, sabés cómo salir de ahí y entender que no te estás muriendo ni te vas a quedar sin aire. Comprendés que todo es tu cabeza, que quiere controlarte la vida. Entendí que podés hacer que tu mente se enfoque en otra cosa y no te queme el cerebro”, explica.

  • Con lo de capturar los sueños y esto, ¿estás tratando de controlar tu mente?

No, de distraerla. A la mente nunca vamos a poder ganarle. Es imposible, pero podés distraerla con cosas, mandándola a que se concentre en la respiración, en los sueños o en cualquier otra cosa. Meditar no es solamente sentarte, vestirte de budista y poner las manos hacia arriba. No es poner la mente en blanco, sino poder entregarte a vos mismo, concentrar y mandar a tu mente adonde vos quieras, y no al revés. Para eso, podés recluirte o podés meditar incluso corriendo. Yo lo hago en cualquier lado: me meto en algún lugar, donde pueda, me encierro dos segundos y ya está. Inclusive, a veces, antes de salir al escenario, si me duele la cabeza o estoy pensando en muchas cosas, me siento donde estoy y me baja todo.

 

Entre todos los cuadernos que Florencia llena de frases, pensamientos, y dibujos, se destacan aquellos destinados a las intenciones. En ellos, la artista vuelca sus deseos, lo que quiere que le suceda.

  • ¿Es un llamador de aquello que querés? ¿O un toque de atención para vos, para no desviarte de un objetivo?

Es, para mí, acomodar todas esas cosas que están dando vueltas en el aire. Saber qué quiero. Y se trata de leerlo, no es que lo escribís un día y no abrís nunca más el cuaderno. Hay momentos específicos o importantes en los que está bueno intencionar o reforzar tus intenciones, que es cuando hay luna nueva, luna llena, eclipses. Lo importante es luego releerlas, ver si pusiste exactamente lo que querías poner, ir editándolas. Es maravilloso enfrentarte a ese cuaderno todo tachado por las cosas que van sucediendo. La gente toma como algo banal, cliché, tonto o infantil el pensar positivamente o proyectar las cosas de forma positiva. Pero, si vos te levantás todos los días pensando en que tu vida es una porquería, por más que de verdad lo sea, nunca vas a salir de ahí. No es que yo sea feliz todos los días de mi vida y esté elevada, sintiéndome bárbara. No. Tengo mis días de angustia, de depresión, de felicidad. Lo importante de las meditaciones y de esas cosas es poder apropiarte de otro tipo de momentos.

“Constantemente suceden cosas, a veces somos más permeables y a veces, menos”.

  • Lo que estás viviendo ahora, con las obras, la película que se viene, la marca, ¿son intenciones que escribiste? ¿O son parte del camino hacia otras intenciones escritas?

Todo es para todo: lo bueno, lo malo, lo lindo, lo feo. Todo es para eso, para hoy y para el futuro. En definitiva, un ejercicio que realizo diariamente, que a veces recuerdo y a veces no, es hacer algo diferente cada día. Puede ser recorrer una nueva calle o un lugar, decir algo diferente, aprender algo nuevo, conocer a alguien. Lo que sea. Ese ejercicio me parece maravilloso. Trato de ejercitarlo. Cuando sucede, lo registro automáticamente, y está buenísimo.
Estás en un ejercicio que es doble: hacer que las cosas pasen, y darte cuenta, que no se te escapen.
Creo que eso es un poco el quid de la vida: registrar. Constantemente suceden cosas, a veces somos más permeables y a veces menos. En medio de un día agitado se te pueden pasar, pero creo que la meditación es algo que te vuelve automáticamente a tu eje, en tres minutos. Y eso lo tengo todos los días de mi vida.

 

SU ABUELA Y EL COLÓN

“El año pasado, Valeria Ambrosio, la directora de Mentiras inteligentes, dirigió y coordinó un homenaje a María Elena Walsh en el Teatro Colón, y me invitó a cantar y conducir el evento, junto a Diego Peretti. Fue una de las cosas más flasheras de mi vida. Quizás en algún lugar muy remoto de mi imaginación estaba cantar alguna vez ahí, porque mi abuela bailaba en el Colón cuando era chiquita. Que se presentara la oportunidad fue una locura infinita. Que haya podido estar mi abuela, que falleció unos meses más tarde, fue lo más increíble. La vida es muy delirante y hermosa. Ella estaba feliz de que su nieta estuviera ahí, donde ella bailaba cuando era chiquitita. No había nada que ella amara más que bailar. La tengo siempre conmigo, en todo momento. Es a la persona a la cual le pido cualquier cosa que quiero que suceda en mi vida. Les hablo a ella y a mi abuelo, y siento sus respuestas”.