Nacho Viale:
“NO ME INTERESA EL QUÉ DIRÁN”

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A sus 38 años, el productor se siente en estado de madurez personal y profesional, y aprendió a lidiar con la mirada ajena. Ansioso e hiperconectado, busca parar la pelota para que la rutina no lo devore.

Por: Juan Martínez
Fotos: Patricio Pérez

Las luces lo buscan, siempre lo hicieron. Nieto de una de las máximas figuras de la historia del cine y la televisión argentina, con una madre también conductora y dos hermanas actrices, Nacho Viale eligió correrse de los flashes y seguir –sin proponérselo como una continuidad del linaje– con la carrera de productor que su abuelo, Daniel Tinayre, llevó adelante.

 

Ser parte del ambiente artístico era prácticamente inevitable: cuando Nacho salía temprano del colegio o no tenía clases, encaraba hacia algún estudio para observar el trabajo de su abuelo. Con su hermana y un amigo jugaban en la temprana adolescencia a crear contenidos para Teletrucho, la señal que imaginaron como pantalla de los noticieros y las ficciones que armaban (híbridos nacidos de la mezcla de los programas del momento, desde Juana y sus hermanas hasta Brigada cola). Frente a la cámara, Juana y Marcos; siempre detrás, él.

 

  • ¿Te sentís más artista o empresario?
Empresario. No tengo la informalidad artística. Antes quizá era más creativo, pero llevar adelante una productora en la Argentina te hace un poco ser más empresario. Es complicado. A veces me gustaría no ocuparme de ciertas cosas de las que me ocupo todos los días, porque no me dejan enfocarme, pero la realidad y la rutina te conducen a eso. Mi socio también es mucho más creativo que yo, y hay todo un equipo de trabajo dando vueltas. También debés contar con un poco de olfato, y eso lo tengo. Soy una persona superabierta, me gusta trabajar con gente, en equipo. No quiero todo el pescado para mí solo.

“Soy una persona superabierta, me gusta trabajar con gente, en equipo. No quiero todo el pescado para mí solo”.

  • ¿Qué te gusta de la producción?
La adrenalina. La que te da un programa en vivo, y también la de crear una historia. Laburás para hacer un éxito, y cuando hacés algo, creés que a todo el mundo le va a gustar, pero la adrenalina está porque en realidad no sabés cómo lo va a tomar la gente, si interpretaste bien el momento, si lograste un producto que entretenga. Porque la televisión es eso: entretener. También informa, ayuda y ancla ciertos conceptos, pero no desde la cima de una pirámide educativa. Ni cerca de eso. Es entretenimiento.

 

HIPERCONECTADO
“Llego a mi casa y prendo la tele. Me duermo viendo tele y apenas me levanto, sigo viendo tele”, afirma Nacho, quien también se reconoce como un “adicto” a su teléfono celular (no para de recibir mensajes durante la producción de fotos y la entrevista), al que solo deja descansar durante esta charla. Suscripto a una aplicación que cada día le entrega todos los diarios en formato digital, permanentemente bucea en busca de información, entretenimiento, inspiración y conexiones. Se desenchufa durante varias horas seguidas una vez al año: cuando se toma una semana para esquiar.

  • Entre todas esas búsquedas, ¿te googleás a vos mismo?
Cero. No me interesa el qué dirán. No me preocupa ni es algo que me desvele. Me interesa que me conozcan diez personas. Mi familia ya me conoce, y mis amigos cercanos, también. Todo el resto, no me importa. Nada: ninguna etiqueta, ningún título superficial. No me interesan los buenos ni los malos, no es que mire si hablan bien. No tengo ese ego de estar atrás del qué dirán. Me resbala bastante.

 

  • ¿Hubo una época en la que la fama te enojaba?
Sí, pero creo que fue un proceso de maduración personal. No es fácil cuando sos más chico y estás expuesto sin haber tomado una decisión. Todos vamos evolucionando, y cambió mi comportamiento. Hay cosas que sigo sin compartir, pero mi reacción es otra. Ahora mi postura es tomarme la vida sin que me importe lo que opinen los demás.

 

  • En ocasiones salís a defender cuando se opina de tu abuela…
No tanto, porque no podés estar todo el día defendiendo algo. He salido a dar declaraciones de admiración, no solo de defensa. Igual, mi abuela es una cuestión laboral. En lo personal, no lo busco ni me interesa. Cuando respondo algo por ella, lo hago en el rol de productor

 

  • ¿Fue más sencillo llegar a ciertos lugares viniendo de una familia conocida?
El común denominador de la gente cree que es fácil conseguir cosas con el apellido, pero a veces es mucho más difícil, porque te miran con otra lupa y te cuesta romper ciertas barreras. No reniego absolutamente nada de las facilidades que me da mi origen en ciertas cosas, soy consciente de que nací en una cuna con bastantes privilegios, pero no todo lo que brilla es oro, y lo que le gusta a alguna gente no le gusta a otra. A mí me encantaría entrar a un lugar y que nadie me mire, ser otro en ciertos momentos de mi vida, pero es lo que tocó y no reniego de nada, ni de lo bueno ni de lo malo. Igual, tampoco es que salgo a la calle y me van parando a cada rato…

“Yo, que soy un ansioso, trato de tomarme un tiempo para ciertas cosas. No está mal, porque las cosas apresuradas tienen mayor riesgo”.

LIBERTAD
Amante de las motos y los autos, le puso Ayrton a su perro en homenaje a Senna, el piloto brasileño de Fórmula 1 que, a su criterio, es el mejor deportista motor de la historia. Heredó la pasión fierrera de su abuelo, primero, y de su padre después.
Desde los cuatro años anda en moto. A los doce, luego de recibir instrucciones de parte de su abuelo, Nacho entró a una concesionaria parisina y, ante la sorpresa del vendedor, encaró la compra de un Mercedes-Benz.

 

  • ¿Qué encontrás ahí?
Los fierros tienen una cosa de riesgo que me gusta mucho. Me gusta la velocidad, ir al autódromo. Son cosas que disfruto. La moto me ha dado una sensación de libertad que está buena, y también una unión especial con mi padre, con quien viajamos mucho. Contamos con un grupo, con amigos que tienen moto, y organizamos salidas.

El fútbol y la paleta son las otras actividades donde consigue relajar su ansiedad habitual. Pero existe un lugar donde definitivamente calma el vértigo con el que vive cada día. Su lugar en el mundo: Casablanca, la residencia que tiene en José Ignacio, Uruguay: “Creo que todos, en la rutina, nos contaminamos de un montón de cosas. Y yo ahí no me contamino, soy mucho más Nacho que en cualquier parte. Pienso en mí mismo, reflexiono, logro descansar más que en cualquier otro lado, y me gusta el lugar. Me siento pleno ahí. Cambiaría cualquier cosa por estar ahí la mayor cantidad de tiempo posible. Trato de ir siempre, no solamente en verano. Me puedo quedar horas mirando el mar sin hacer nada. Ahí dejo de ser ansioso, bajo mucho las revoluciones”.

 

 

  • Es llamativo que, cuando te alejás de lo que hacés todos los días, que es en cierto sentido lo que te define, es cuando “más Nacho” te sentís…
Es que en el día a día no distinguís un montón de cosas. La contaminación del mundo, de la rutina y lo cotidiano, son bravas. Hasta la misma competencia. Yo creo en la competencia, me gusta y es sana, pero muchas veces te cansa. Es como volver a las bases: cargo pilas y salgo lleno. José Ignacio es mi lugar de reflexión. La rutina a veces te lleva a acelerarte mucho, y no tenés tiempo de parar la pelota. Yo no soy de practicar nada, aunque soy católico, pero he leído cosas de religiones y movimientos, y trato de armarme con un poquito de cada cosa. Una vez leí una frase en Twitter o Instagram sobre la Kaballah, de lo que no leí nada más, que decía “Antes de tomar una decisión, pensá tres días”. Yo, que soy un ansioso, trato de tomarme un tiempo para ciertas cosas. No está mal, porque las cosas apresuradas tienen mayor riesgo. Creo que es mejor que las cosas sean prolongadas; la Argentina como país ha sufrido mucho eso de querer todo ya. Históricamente, y no hablo de una corriente política en particular, la Argentina no ha planificado absolutamente nada, fue tomando decisiones como “Hoy todo blanco; mañana, todo negro; pasado, todo azul”. Y no es así. Si algo es una porquería, hay que salir, pero con una transición paulatina, dando pasos sólidos. Si no, así como subís, te caés. Si subís muy rápido, el golpe es fuerte…

“No reniego absolutamente nada de las facilidades que me da mi origen en ciertas cosas, soy consciente de que nací en una cuna con bastantes privilegios, pero no todo lo que brilla es oro”.

  • ¿Qué objetivos tenés por delante?
No soy una persona aferrada al éxito laboral para ser feliz. Prefiero ser una persona feliz y después ver si tengo éxito laboral. Cuando me esté yendo de este mundo, quiero poder mirar para atrás y decir “Fui alguien de bien, la pasé bien, me divertí y fui responsable”. Con aciertos y errores, quiero que la evaluación sea esa. Ser buena persona es mi objetivo. Creo que uno es más o menos rico de acuerdo con la cantidad de bananas que quiere tener en su canasta. Por ahí, vos querés tener diez y yo veinte. Me refiero a la cantidad de prioridades: vos podés querer plata, éxito laboral, una pareja, prestigio y muchas cosas más. Si te pasás la vida tratando de conseguir veinte cosas diferentes para ser feliz, no vas a llegar más y te podés convertir en una persona infeliz. Ojalá que, para llenar mi canasta, no me ponga inconscientemente un objetivo tan alto, para poder ser una persona feliz y de bien.

 

  • ¿Cómo va el equilibrio entre lo que querés y lo que tenés?

Bien, por ahora estoy contento.

 

 

STORYLAB

Nacho Viale fundó la productora en 2013. El caballito de batalla son los almuerzos y las cenas de Mirtha Legrand, que continuarán durante 2019, pero en estos años, produjeron contenido en distintos formatos y para públicos diferentes, incluyendo algunos gustos personales: Nacho quería volver a ver actuar a su abuela y creó el unitario La dueña; quiso hacer la remake de un film que produjo su abuelo, en el que también actuó ella, y estrenó La patota.
También produjo las ficciones La casa del mar y Estocolmo. Este año harán distintas coproducciones con compañías de Brasil.