Mariana Genesio:
“Lo vivo todo como una película”

Protagonista y directora de su propia historia, Mariana Genesio Peña soportó momentos duros y supo aprovechar los golpes de suerte para instalarse como actriz. Carismática y luchadora, llegó para quedarse.

Fotos Pato Pérez

Un teatro lleno, una actriz que sube al escenario a recibir un premio, un reflector enorme, otra artista que hace un giro para quedar frente a la cámara, un estallido de luces. En los 80, la apertura de El mundo del espectáculo se colaba en los hogares de todo el país. En Córdoba, frente a la pantalla, Mariana Genesio Peña –la actriz trans que protagoniza la tira más vista de la televisión argentina– observaba obnubilada la secuencia y se imaginaba rodeada de todos esos flashes.

“Me deslumbraba esa imagen, me perturbó toda mi vida. Ahí empecé a querer ser famosa, todavía sin tener muy definido si quería ser actriz, cantante o modelo. De chiquita me gustaban las divas de Hollywood, como Marilyn Monroe; después, pasé por popstars como Madonna, Michael Jackson, Blondie. También tiene que ver con buscar la aceptación de todos, el sentir que gusto, que soy querida. Tuve una abuela que era muy devota de mí y me adulaba todo el tiempo. Me subía a un pedestal. Salí a la calle y necesitaba eso, lo buscaba. Por eso mi deseo de ser famosa”, confiesa.

La concreción de ese deseo –que a la larga llegaría– no fue tarea sencilla. Los prejuicios familiares la alejaron del arte (su papá no quería que tomara clases de baile porque eran “muy femeninas”), y el sueño quedó archivado unos cuantos años. Un encuentro casual encauzó todo nuevamente: “Durante mi adolescencia no hice nada artístico. Cuando terminé la secundaria, empecé a estudiar Psicología, pero abandoné en la mitad del año. Después pasé a la Facultad de Lenguas a estudiar Traductorado de Inglés. Un día que salía de la facultad, me encontré con un amigo que era dueño de un boliche. Me dijo ‘Venite a trabajar con nosotros’, y así empecé como bartender. A las pocas semanas ya estaba subida en el escenario haciendo shows. Ahí retomé mis clases de danza, de actuación, y me di cuenta de que esto era lo mío”.

  • ¿Cómo fue tu llegada a Buenos Aires?

Después de trabajar en este boliche, comencé a hacer shows y formamos una compañía de espectáculos. Tuve un descubridor, que se llama Luizo Vega: me contrató como performer. Hacíamos televisión en Córdoba y shows en Carlos Paz. Entonces sentí que ya estaba encaminada y que era momento de irme a la gran ciudad a buscar el mainstream. Me vine en 2008 contra viento y marea, medio en contra de la voluntad de mi familia, sola y sin un peso, porque no tenía nada resuelto económicamente, ni vivienda ni trabajo. Me fui a vivir a una pensión y a buscar trabajo, lo que se hizo muy duro.

  • ¿Qué hiciste en esos meses iniciales?

Buscaba trabajo. Empecé a salir, a conocer amigos, me fui armando una red. Conocí a Paz, que es un amigue que me llamó para hacer juntos performances, shows, obritas de teatro. Me fui a vivir con él, pero pasaron un par de meses y ya no teníamos plata para pagar el alquiler. Estaba pensando seriamente en volver a Córdoba.

  • ¿Cómo te sentías con esa posibilidad?

Deprimida, muy amargada y angustiada. No quería saber nada con volver a Córdoba, porque para mí significaba un fracaso. Por esas cosas de la vida, milagrosas, entró Nico al bar, nos conocimos y empezamos a salir. Al mes, estábamos viviendo juntos. Ahí se acomodó un poco todo, porque ya no tenía la necesidad de pagar un alquiler, entonces podía continuar con mis estudios de actuación y hacer otras cositas a la par.

“Nico” es Nicolás Giacobone, guionista argentino que ganó un Óscar en 2015 por el film Birdman. En su discurso, Nico saludó: “A Titi, Adrián, Clari, Mariana and our dog, Larry”. Allí, el mundo entero posó sus ojos en la acompañante del guionista: una rubia que lucía un vestido rosa pálido que alquiló para la ocasión. Después de haberla peleado durante años en el teatro off  (en Buenos Aires y Nueva York), se convirtió en la imagen que proyectaban todas las pantallas, aunque aún nadie sabía su nombre ni que era actriz. “Toda mi vida tiene que ser como una película. A veces es para mal, pero bueno, deben pasar cosas malas para que, después, todo lo lindo sea para festejar. Me encanta la comedia romántica y mi objetivo es dedicarme a eso. No sé qué es consecuencia de qué, pero la historia que yo viví con Nicolás es una historia de película, de comedia romántica, porque todo era como una escena, se fue dando milagrosamente, y todo llevaba a un camino inesperado”, cuenta. 

  • Hubo muchos momentos en tu vida en los que los demás querían algo distinto a lo que vos sentías, ¿te hacían dudar esas opiniones?

Yo creo que me tengo que escuchar solamente a mí, no le encuentro otro sentido a la vida. Si hay algo que quiero hacer y no lo hago porque todo el mundo me dice que no, o las circunstancias me dicen que es imposible, dejo de existir. Entonces escucho, pero no le doy importancia. Escucho mi corazón, mi intuición. Me dejo llevar por eso. No importa si las circunstancias me están diciendo que no va a suceder nunca. Yo lo intento, no pierdo nada.

  • ¿Eso estuvo siempre con vos o lo fuiste aprendiendo?

Creo que sí, que siempre estuvo conmigo. La relación más importante de mi vida siempre fue conmigo misma. Ya de chiquita era medio solitaria a veces. No era antisocial, siempre tuve muchos amigos y me encantaba juntarme y jugar con ellos y mis primos, pero me resguardaba un momento para mí. Me encerraba en el baño, hablaba conmigo en el espejo. Me encantaba jugar sola, y eso hizo que hasta el día de hoy me lleve tan bien conmigo misma y sepa escucharme y prestarme atención.

“Me gusta que mi trabajo tenga más fama que mi persona”.

El año pasado, con su segunda temporada en El marginal, y, sobre todo, este año, con uno de los protagónicos en la tira Pequeña Victoria, Mariana llegó a los lugares donde siempre quiso estar y donde alguna vez creyó que no llegaría: “Pensaba que había un lugar y que en algún momento lo iba a ocupar, pero me parecía que faltaba mucho. Pasaban los años, iba creciendo, y comencé a creer que ese espacio lo iba a ocupar alguna persona de una generación más a futuro. Nunca perdí las esperanzas ni el deseo, pero en un momento dije ‘Si muero en el teatro under, no importa, al menos estoy haciendo lo que me gusta’”.

  • ¿Cómo llevás tu situación actual? ¿Pensás “pertenezco aquí”? ¿O todavía te sentís como alguien de afuera?

Un poco y un poco. No dejo de sorprenderme y lo vivo todo como una película. Me observo y digo “¡Qué loco! Mirá dónde estoy”. Comparto el set con grandes figuras de la Argentina, me veo en tapas de revista y ahora soy cholula de mí misma. Las cosas que me dice la gente, que me reconozcan en la calle, que me quieran abrazar, que me quieran… Hay gente que no me conoce y me dice que me ama. Creo que me va a costar mucho creerme que soy eso. Por otro lado, digo “Bueno, esto es lo que siempre quise”.

  • Y por algo te llamaron…

Sí, lo principal es eso. Doy lo mejor siempre. Solo en la actuación soy ciento por ciento exigente conmigo misma. Busco ayuda, soy muy de arremangarme, llamo, pido coaching, hablo con maestros, con mis propios compañeros, me dejo aconsejar y pongo todo.

De chica te atrajo la fascinación por las luces, ¿qué te gusta hoy de tu profesión?

“Hasta el año pasado, no había en la televisión argentina lugar para contar historias como la mía”.

Me siento cómoda e incómoda a la vez, y me gusta. Me resulta cómodo poner al servicio de mi personaje todas las cosas que viví: mis emociones, mis estados de ánimo, mi cuerpo y mi carácter. Y, por otro lado, hay una cosa incómoda y desafiante en ponerme en pieles que no tienen nada que ver conmigo. Cómo poder encastrar todo eso me parece apasionante, y no encuentro otra disciplina que me genere lo mismo. Por eso estoy en esto.

  • Ya quedó totalmente de lado la atracción de la fama, lo que te gusta es actuar…

Nunca dejé de desear la fama, pero hoy estoy experimentando esto de que la gente conozca mi personaje y no me conozca a mí. Cuando terminé de hacer El marginal, me gritaban “¡Gina!” en la calle. Hoy me gritan “¡Emma!”. Mucha gente no sabe ni quién soy yo, y la verdad es que me gusta mucho más eso, que mi trabajo tenga más fama que mi persona.

  • Cuando eras chica te hiciste cargo de lo que te pasaba, ¿pensabas que el mundo iba a saber acompañar estos cambios?

No sé si lo pensaba a largo plazo, creo que lo iba viviendo día a día. Me conformaba mucho con lo que sucedía. A medida que iba creciendo, me parecía que todo era oportuno. Cuando decidí empezar a vivir como Mariana, me sentí en un mundo preparado para eso, pero había otras cosas que pensé que tendrían que pasar muchos años más para que se dieran. Por ejemplo, cuando llegué a Buenos Aires no tenía documento, identidad. No existía la Ley de Matrimonio Igualitario ni un montón de cosas. Hasta el año pasado, no había en la televisión argentina lugar para contar historias como la mía. Fue una gran sorpresa.

  • No sos de militar causas, pero aquí encontraste una oportunidad y la aprovechaste.

Mi militancia es la actuación. Cualquier cosa que una persona pueda hacer socialmente, en lo diario, es una gran militancia, porque está demostrando cuál es la verdadera inclusión.

REDES Y TEATRO CLÁSICO

Los frutos del gran año laboral de Mariana llegan en forma de likes y nuevas propuestas laborales.

  • ¿Cómo te manejás con las redes sociales?

Estoy experimentando ahora esto de ser conocida y que me escriba tanta gente. Se convierte, por momentos, en una especie de vicio, no puedo parar de leer los mensajes que me llegan. Porque son todos cálidos. Si fueran agresivos, creo que cerraría la cuenta. Estoy todo el tiempo con las redes, aunque no me gusta tanto. Por suerte, ahora comienzo una obra de teatro, me voy a internar en los ensayos y en la sala. Eso es una burbuja que te separa de lo que sucede en el mundo.

  • Toda una burbuja: estrenás Don Gil de las calzas verdes, de Tirso de Molina, una obra de 1615…

Sí, es un desafío inmenso para mí, porque nunca había hecho teatro clásico fuera de las clases de actuación. Mi personaje es una persona que decide transformarse, disfrazarse de hombre y después de mujer. Tengo que ser como tres personas al mismo tiempo, y el del verso es un lenguaje teatral que yo nunca manejé. Estoy bastante asustada, pero al mismo tiempo, entusiasmada.