Universo auricular

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¿Qué expresan las bandas que están de moda? ¿Cuáles son los géneros emergentes y cuáles están agotados? Conocer los gustos adolescentes como una manera de tender puentes con su mundo.

Por: Facundo Baños

 

Alejo Amestoy tiene 17 años y comparte el enlace de Árabe, la canción de Kiubbah Malon que ya lleva más de 31 millones de visitas en YouTube. Poca factura al lado de Mayores, el éxito de Becky que anda por los 950 millones de clics y que Bianca, de 13 años, menciona como un ejemplo de la música que escucha. Los grandes artistas de trap y reguetón baten récords de taquilla cada vez que salen a la cancha con un nuevo videoclip, y esos quiebres de masividad virtual convocan a adolescentes de todo el globo, prolongando indefinidamente la vida útil de los cachorros de la industria.

Bianca Andrenacci cuenta que le gusta aprenderse de memoria algunas letras de amor que tienen un significado lindo para ella. Enseguida envía otra canción, una del cantante británico Ed Sheeran: es una balada romántica, se llama Perfecta y su prosa inocente produce la sensación de un tiempo que ya pasó. Sin embargo, su publicación data del 9 de noviembre de 2017 y ya alcanzó 880 millones de visitas, es decir que el romántico es un género que goza de buena salud y que le sigue dando batalla a las propuestas más descarnadas del reguetón centroamericano. Alejo, a diferencia de Bianca, sabe de qué hablan las letras de trap, entiende el mensaje ambiguo que se esconde en estribillos como el de Becky G. Dice que todos sus amigos escuchan trap, pero que él no se engancha tanto. Se sabe parte de una generación que es volátil en relación con sus preferencias musicales: “Hoy es el reguetón, mañana no sabemos”.

Iván Ferrari tiene 19 años y toca desde chico en una banda que hace covers de los Beatles. Acepta que, si se lo mide con la vara de los chicos de su edad, él se quedó en el tiempo, y que eso debe tener que ver con la influencia que tuvieron sus padres en lo relativo a la música: “No digo que lo de antes era mejor, pero sí que estaba un poco más trabajado, porque la música se hacía artesanalmente y no estaba la mano de los intermediarios y las productoras, al menos no en la dimensión que tienen hoy”. Explica que las estrellas del pop ya no tienen destrezas y que pocas veces escriben sus letras o componen la melodía de sus canciones. “Eso me genera una molestia, porque conozco muchas personas que se quieren dedicar realmente a la música, y no hay un desarrollo posible para ellas». Lo menciona a Abel Pintos como una excepción a la regla: un cantautor que accedió a la masividad a fuerza de trabajar su arte.

“En relación con las bandas que escuchaban los adolescentes de los 90, falta coraje, o al menos una dosis de rebeldía”.

Iván Ferrari

Germán Justo tiene 16 años, y mientras graba algunos audios de WhatsApp para compartir su experiencia, entrevista a sus primitos de 13 y 14 años que están de vacaciones con él. Igual que Iván, menciona la influencia de sus padres y de sus hermanas mayores a la hora de haber formado su propio esquema musical. “Yo digo que somos una generación de artistas muertos. A mí me gusta Queen, a mi primo Nirvana. Llegamos tarde a todo y es una pena, porque de las bandas nuevas siento que no me representa ninguna”. Su primo, dos años menor que él, explica que el trap es una mezcla de rap y música tecno. Germán se compenetra con su rol de entrevistador y le consulta cuáles son sus artistas preferidos: “Duki y Paulo”, responde enseguida, y rescata uno de sus últimos temas, Por lo mío. “Aunque digan que soy un bandolero, solo soy un blanco buscando dinero”, canta Paulo Londra y lo escuchan desde YouTube cerca de 4 millones de personas. Belén, la más chica de los tres, se divierte escuchando reguetón, pero aclara que sabe distinguir cuáles son los artistas que cantan temas sexistas, y que a esos los deja de lado. Prefiere, igual que Bianca, las canciones que son más de amor.

BOY BANDS

Durante un recreo, en su colegio, Martina Mancini se puso a charlar con uno de sus profesores sobre cómo la industria diseña prolijamente las bandas que destina a un público teenager. Él le explicaba que los productores de música procuran que cada uno de los integrantes de estos grupos represente una manera de ser, una personalidad determinada, porque así podrán captar la atención de un público más grande y diverso. Cada chica que los escuche debe verse reflejada en uno de esos jóvenes artistas. El exponente más actual de las boy bands es One Direction, hoy en un impasse, mientras que la referencia histórica han sido los Backstreet Boys, el quinteto que rompió el molde en la década del 90.

Martina Mancini tiene 17 años y dos artistas que le cambian la vida cada vez que los escucha: Residente y Gustavo Cerati. Le provocan sensaciones diferentes, tal vez opuestas: “La voz de Cerati me emociona y me transmite paz, más allá de lo que diga en la canción. Residente escribe sobre la lucha de los pueblos y sobre cómo el capitalismo genera que un chico tenga que salir a robar, y esas cosas me hacen conectar con su música”. Cerati le da paz, Residente le da guerra. Las paredes de su dormitorio están todas escritas, y su hermanita dice sentirse libre allí. Pero el universo musical de Martina no se agota en ellos dos: desde hace un tiempo, empezó a formar parte de la militancia feminista, y fue a partir de esa pertenencia que descubrió nuevas artistas: La Otra, Rebeca Lane y Vicu Villanueva son algunas de sus referentes. “No son temas que te vayan a sugerir YouTube o Spotify. La forma de encontrarse con esta música es más callejera, se da en ámbitos de debate o en alguna manifestación”.

Iván siente que hay poco contenido en la música de esta época: “En relación con las bandas que escuchaban los adolescentes de los 90, falta coraje, o al menos una dosis de rebeldía. Parecería que la cosa está orquestada para que los pibes no piensen por sí mismos. Pero no es culpa de los músicos, es un vaciamiento cultural, y también es político”. Lo que sucede es que hay una industria omnipresente, muy poderosa y que se nutre de canales de circulación como YouTube, que son cada vez más populares.

Por el bordecito del andamiaje andan esos artistas que componen música sin esperar el rescate de algún productor y que escriben las letras que después van a cantar.

“La música me sirve para sentirme más ido del mundo. Acá me siento ofuscado, y con música es como soñar despierto. En un momento perdí mis auriculares y la sufrí bastante: no podía pensar tranquilo y no me sentía imaginativo, y eso hizo que dejara de escribir”, dice Alejo, que cuenta que usa la música para redactar sus propias historias de ficción. “Para mí es primordial: cuando estoy angustiada, me pongo a cantar un tema de Cerati; y cuando no quiero escuchar lo que me están diciendo, tarareo algo de Residente”, dice Martina, y aclara que si no fuera por esa música, no podría sentir tantas cosas que siente.

Lo cierto es que los chicos se harán grandes, y ellos mismos se quitarán los auriculares. Entonces se sabrá qué les dejó la música que los acompañó durante su juventud. Si fue solo una cosa del momento, o si los forjó para lo que vendrá.