La carpa del Sol

0
37

Es maravilloso ver cómo se preparan los artistas para amigarse con la huidiza perfección. Recorrido por el “detrás de escena” de un espectáculo-homenaje a la fortaleza de las mujeres.

Fotos: Sebastián Salguero

Texto: Fabián García

Informe: Dai García Cueto

 

El sol brilla y también vive adentro de una carpa. Una carpa en la que convive un equipo de 24 países, que habla mucho en inglés, pero que cada tanto deja escuchar palabras en japonés, ruso o polaco. Adentro también hay extensos momentos de silencio en los que se puede oír el suave deslizamiento de un cuerpo sobre la colchoneta. Los circos son el territorio mimado de los sueños y las fantasías. ¿Quién no se paró desde los pies de niño frente a uno, para mirar los colores fantásticos de la carpa, o soñó volar como los trapecistas mientras los labios se contorneaban con ese gesto universal del asombro infinito? El Cirque du Soleil es capaz de eso y también de elevar cualquier maravilla más allá del salto de sus acróbatas. Por eso debe ser que, cuando llega, es recibido como un hijo pródigo.

Guy Laliberté lo fundó en 1984. Tiene sus oficinas y búnker donde nacen sus espectáculos, en Montreal, Canadá, pero visita todo el planeta. Este año aterrizó en la Argentina con Amaluna. “La base de las artes circenses es confiar en uno mismo y, al mismo tiempo, confiar en los demás”, cuenta Marie-Noëlle Caron, encargada de las relaciones públicas del circo en una nota publicada en El País Semanal. La artista que representa a Miranda en la obra tiene dos huevos fritos de cielo como ojos y ensaya tirándose al agua como una sirena. Mientras eso sucede, Mami, que trabaja en la compañía desde hace 20 años, pasa por un costado conectada vaya a saber con qué país y no mira.

En la carpa de entrenamiento, otra de las artistas pone una de sus piernas sobre la cabeza. Uno de los artistas varones se estira como un oso mientras lee algo en su notebook. Las maravillas del Sol se entrenan en esa carpa, trabajando cada detalle con la paciencia que solo puede dar la pasión. El ensayo, en cambio, se realiza en el escenario. Se juntan el artista y los técnicos de luces y de sonido, porque la performance requerirá la coordinación milimétrica de los tres. Por eso, durante el desarrollo de la rutina ya no hay un entrenador junto al artista, sino un jefe de escenario. Hoy lo harán solo una vez. Ya se sienten preparados para lograr que se toquen la realidad y la fantasía.

SEBASTIÁN SALGUERO

Fotoperiodista nacido en Río Tercero, Córdoba. Estudió Fotografía en la Escuela de Artes Aplicadas Lino E. Spilimbergo. Ha recibido numerosos premios. En la actualidad, ejerce de manera freelance, colaborando para editoriales y medios gráficos, agencias nacionales e internacionales. Es docente en el CEF (Centro de Estudios Fotográficos) de Córdoba e integra el equipo de Fedimages. Web: www.sebastiansalguero.com.ar