Liga Puneña de Fútbol. Una cancha, muchos sueños

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La Liga Puneña de Fútbol cumple 75 años e impulsa una campaña para que cientos de chicos puedan jugar en una cancha en buenas condiciones.

Por: Juan Martínez

Foto: Gentileza Fundación Liga Puneña

 

Es difícil jugar cuando corre el viento y se levanta la tierra, la arenilla, y se te mete en los ojos. Ver un partido en La Quiaca es como ver uno en Marte: ¿cómo van a poder jugar a un toque si es de tierra, ripio, arena, todo desnivelado?”. Así Mario Lobo, mítico futbolista jujeño, resumió en un par de líneas las dificultades a las que se enfrentan los chicos de la localidad fronteriza para jugar. Sin embargo, cada fin de semana, entre 500 y 700 chicos patean la pelota en la cancha de la Liga Puneña.

Con motivo de los 75 años que cumple la institución, un grupo de allegados a la zona decidió poner en marcha una campaña para mejorar las condiciones de la única cancha de acceso público del lugar, donde se reúnen 27 clubes de La Quiaca y localidades aledañas. Algunos de ellos son centenarios o están a punto de serlo, a pesar de tener una estructura mínima y un financiamiento casi nulo: “Hay clubes que son mantenidos por dos o tres personas que ponen plata de su bolsillo. Es difícil. Acá, el presidente de la liga siempre dura mucho, pero porque nadie más se quiere hacer cargo”, confiesa Ronald Campos, titular de la entidad desde hace 18 años.

“La Puna es la región con mayor retraso en términos económicos y sociales de la provincia de Jujuy, la más pobre. Así y todo, para los chicos ir a jugar los fines de semana es un acontecimiento. Se movilizan familias y pueblos enteros, es una cosa muy potente”, relata César Cabrera, uno de los responsables de la campaña Un Metro de Sueños, con la que buscan cubrir la tierra del campo de juego con césped sintético, nivelar el suelo, colocar iluminación y un cerco perimetral.

Juan Alfaro también forma parte de la iniciativa. Él jugó de chico en el Club Atlético Argentino, donde hoy da sus pasos iniciales en Primera su hijo Juan Martín. En las décadas que pasaron desde su juventud hasta la de su hijo, las condiciones en las que se juega al fútbol en La Quiaca no cambiaron demasiado: “Las canchas son insufribles, de tierra y llenas de piedras, sin nivelación”, cuenta.

Con canchas en malas condiciones y sin ingresos para mantener a los clubes, ¿por qué insistir? Responde Alfaro: “Esta es una zona donde se pelea permanentemente contra el alcoholismo y la vagancia. Hay mucha deserción escolar. Nosotros estamos constantemente tratando de mostrarles cosas a los chicos para que tengan una mejor calidad de vida. Es el objetivo fundamental de la campaña, que nuestros niños tengan mejores condiciones de vida y puedan desarrollarse en el deporte. Creemos que el deporte es inclusivo: no tiene raza ni religión”.

Son muchos los que entienden cuánto puede ayudar el deporte por fuera de una cancha, y por eso realizan tareas titánicas y se cargan al hombro responsabilidades enormes. Hay dirigentes que cada fin de semana van a buscar a los chicos casa por casa para llevarlos a jugar, y se pasan horas al costado del campo de juego observándolos y alentándolos. No hay dinero en juego, solo pasión, amor y esfuerzo.

“A ese esfuerzo queremos sumarnos, mejorando las condiciones para que el trabajo que hicieron los clubes tanto tiempo se vea compensado, y para que los chicos estén incentivados. Queremos conseguir una cancha que logre que los chicos digan ‘Yo quiero jugar ahí’ y donde se desarrollen”, se ilusiona Alfaro.

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