GERMÁN KRAUS:
¡No soy artista, soy artesano de la profesión!

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Se filmaba en blanco y negro cuando Germán Kraus comenzó con la actuación. Cincuenta años después sigue en carrera, y en plena temporada teatral en Mendoza, habló con Convivimos.

Por: Dai García Cueto
Fotos: Laura Ortego

Los años pueden sumar experiencia o jugar en contra. Germán Kraus sabe que para tenerlos de su lado y convertirlos en un “plus” a la hora de actuar, hay que seguir estudiando y estar en actividad como cuando todavía no tenía arrugas. “Es un buen momento en mi vida profesional y personal”, resume convencido de que se puede seguir creciendo.
Con más de 50 años de trayectoria ininterrumpida, fue la cara de muchos personajes recordados de la televisión argentina, como Pepe, el papá de Dibu en Mi familia es un dibujo. También se hizo su lugar en el cine y en el teatro.
Antes de convertirse en galán de ficción, trabajaba en la empresa familiar –una fábrica de vidrios y cristales–, pesaba cerca de 100 kilos y era pilar izquierdo en su equipo de rugby. En un momento, el negocio cambió de rumbo hacia la construcción de propiedades horizontales, y él lo tomó como un indicio para también darle un giro a su vida. Se separó de su mujer, adelgazó 23 kilos y se decidió por la actuación. “Fue un momento de coincidencias. Por un lado, esas rupturas en mi parte afectiva, y por otro, las compañías que tenía de los lugares donde ya estudiaba teatro”. Tenía 23 años y aún era conocido como “Oscar Alberto Grillo”.
Se formó en el Instituto de Arte Moderno de Buenos Aires, donde fue compañero de Hugo Arana y Arturo Puig, entre otros actores. En 1968, siendo todavía estudiante y mientras realizaba La real cacería del sol en el Teatro San Martín, le surge su primera participación en la pantalla chica en Estrellita, esa pobre campesina, una telenovela que llegó a medir 40 puntos de rating. Todavía se acuerda de cuando su mamá tenía que correr a las jóvenes mujeres que se atornillaban a la entrada de su casa y se ríe cuando esa imagen le vuelve a la memoria. “Desde la primera novela me llevo muy bien con el público, soy un gran agradecido. Incluso cuando te va a ver un espectador hay que dar lo mejor, porque esa persona se preparó y se tomó el tiempo para ir, entonces merece tu respeto. Al igual que cuando salgo de la función y alguien quiere sacarse fotos, claro que acepto. Son muchos años, uno se ha metido en la casa de la gente. Es una cosa familiar”, dice en el mismo instante en que lo reconocen en la calle. Por supuesto, devuelve el saludo con la gentileza que lo caracteriza.
A principios de los 70 conoció a Lindsay Wagner, la actriz de La mujer biónica, un romance que comenzó en el Festival de Cine de San Sebastián. Sin embargo, su futuro no estaría en Hollywood ni en Europa. Volvió al país a pasar las fiestas con su familia y se encontró con el libreto de Más allá del sol, donde debía interpretar al pionero de la aviación de la Argentina, Jorge Newbery. “Hacer un personaje que existió es una experiencia grandiosa”, asegura. Era 1975, y acá se quedó.

“La fama no me recompensa para nada ni cumplió la deuda que le prometí a mi actor, le prometí otras cosas”.

Desde entonces, trabajó casi sin parar, con la rigurosidad como uno de sus valores principales. El año pasado fue intenso en este sentido y lo tuvo arriba del escenario en El té de los angelitos y Mi mujer se llama Mauricio. Su esposa en la vida real es María Cristina, quien está lejos de las tablas.
Si bien se reconoce como una persona solitaria (“Por ejemplo –dice–, no me molesta ir al cine o salir a comer solo”), el mes que viene cumple 75 años y en los festejos estará rodeado de sus amistades, su hija Triana y su pareja. En caso de tocarle ser el asador del evento, comenzará bien temprano para que la carne se haga a fuego lento, tal como lo hizo con su carrera.

Sueño de verano
Haber sido parte de Su comedia favorita le trae muy buenos recuerdos. “Fue maravilloso hacerlo, ya que eran obras de teatro, no programas de TV. Eran obras famosas, de autores importantes. Fue un entrenamiento actoral increíble, todas las semanas se encarnaba un personaje distinto”, cuenta. En el set de grabación conoció a Georgina Barbarossa, y se hicieron grandes amigos. Desde aquel momento, ambos sintieron como asignatura pendiente volver a encontrarse laboralmente, pero en el teatro. “Siempre nos quedaba en el tintero y nunca se nos daba. En general, se debía a que alguno de los dos estaba trabajando”, cuenta. Casi 30 años después, se les dio la oportunidad y en esta temporada comparten cartel en San Rafael, Mendoza, una de las nuevas plazas del verano. Se trata de No hay dos sin tres, una comedia sobre las relaciones de pareja.

  • ¿Qué es lo que te interesa de un proyecto?

En primera instancia, el texto, es fundamental. Después, el director, creo mucho en ese rol y me gusta que me dirijan. El elenco también tiene importancia, porque arriba del escenario estás a pura piel y es importante poder conectar con el otro.

  • ¿Por qué lo primero es el guión?

Porque el protagonista es el libro. Entonces trato de entender qué quiso contar el autor, cuál es la historia para darle vida a ese personaje. Más allá de lo que uno pueda armar con experiencia y oficio, intento ir a la historia, al contexto, qué quiso decir, lo que está explicitado en el subtexto.

  • ¿Qué te gusta de los ensayos?

Es el lugar donde no hay riesgo, donde uno se puede explayar y jugar. Que se pueda jugar sin la expectativa del resultado es lo que permite el crecimiento.

  • Fuera del personaje, ¿qué tipo de compañero sos?

Siempre es necesaria la buena onda arriba del escenario. Para que los personajes crezcan y el público esté conectado. Por ahí postergo algunas cosas que podía exigir en pos de la buena onda en el escenario. No es virtud, es de oficio. No dejo de ser director en ningún momento. Dentro de lo posible, sin pasar por encima del director de esa ocasión, trato de dar consejos, alguna cosita he aprendido en estos 50 años para aconsejar, sobre todo a los jóvenes.

  • ¿Qué diferencias hay con las nuevas generaciones de actores?

Ha cambiado mucho, pues los actores y el teatro son referentes de una actualidad. En la medida en que cambian los parámetros, la forma de comunicarse, el idioma, también lo va haciendo nuestra profesión. Siento que se ha perdido la bohemia de nuestro oficio y las escuelas de formación no son las mismas. Antes uno aprendía arriba del escenario, mientras que hoy, entre tantas academias, hay mucho verso también. Estudiar sirve como entrenamiento, prepara al actor para que cuando tenga su compromiso profesional ya haya pasado por exigencias a nivel protagónico, sin sufrirlas por primera vez arriba del escenario.

  • ¿Sos exigente con vos mismo?

Sí, la verdad, demasiado. Aunque cada vez menos, los años tienen mucho que ver con el actor. Lo positivo es que uno va incorporando más historias personales que en algún momento necesitás para los roles. Pero es fundamental que uno se ocupe de eso. Hay actores que, con los años, maduran y se vuelven buenísimos, mientras que otros, por falta de entrenamiento o desidia, van para atrás o pierden la impronta que tenían de jóvenes. Me pasa que soy menos exigente conmigo porque me estoy tomando otros tiempos y tampoco tengo la expectativa por el resultado. Pienso trabajar hasta que no pueda más. Por suerte tengo para rato, entre el 2018 y la temporada de verano 2019, me he demostrado que estoy en carrera todavía. No esperar mucho los resultados me relaja y me tranquiliza, es decir, ya no espero que mi carrera cambie de aquí en más ni que me llegue el gran éxito, lo cual me calma los nervios.

  • ¿Cuáles son las palabras claves que describen tu trayectoria?

Mucho trabajo. No soy artista, soy artesano, laburante de la profesión. Lo positivo siempre fue mi perseverancia y el entrenamiento, nunca dejo de entrenar, lo necesito. Esto es lo que me ha llevado a esta permanencia de tantos años, 50 sin parar.

  • ¿Te sentís un galán sin tiempo?

Es algo que les pasa a los demás conmigo. ¿Todavía me están llamando para hacer de galán? Me llama la atención, pero el público es muy comprensivo y muy cariñoso [entre risas]. Tuve una gran virtud, no mía sino de las cosas que me han pasado por la profesión. Hoy las chicas que miraban las novelas románticas tienen 60 años, quienes miraban “Dibu” son treintañeros. Entonces me dio un espectro amplio de generaciones. Cuando hago de galán es una convención teatral [vuelve a reír].

  • ¿Qué relación tenés con la fama?

La fama es algo que se puede adquirir de cualquier manera, no tiene una explicación lógica ni artística, sucede por alguna razón. Igual, no soy famoso, soy conocido. La fama no me recompensa para nada ni cumplió la deuda que le prometí a mi actor, le prometí otras cosas.

  • ¿Qué le prometiste a tu actor?

Le prometí el crecimiento, poder comunicar, llegar a emocionar a la gente y producir este hecho de comunicación, pero no ser famoso o que me rompan el saco.

  • ¿Qué le dirías al Germán de los comienzos?

Que no sufra tanto. El principio fue una época de mucho sufrimiento. Los primeros años no podía acreditar ante mí lo que pasaba, me generaba angustia, no me sentía acreedor. Hoy le diría que no se caliente, que le gusten los momentos y que no se estrangule con los pensamientos.

  • ¿Sos un animal de televisión?

Soy feliz haciendo TV. No puedo negar el lugar que me dio, sería demasiado desagradecido. El teatro me gusta, me he iniciado en las tablas y sigo haciéndolo.

  • ¿Le ves futuro a la ficción de TV?

El día que vuelvan a poner a escritores a escribir, en vez de que sean los contadores, supongo que sí. Hoy los libros son deficientes. Por otra parte, ha cambiado la actitud actoral. El actor de tele desprecia el libreto, entonces se convierte en autor, empiezan a poner cosas de su cosecha, la improvisación… Pero el actor es intérprete. Ahí es cuando los libros empiezan a perder forma.

PING-PONG

Un libro: Libros de teatro, soy un maniático, voy a la fuente.
Una película: Relaciones peligrosas, soy admirador de John Malkovich.
Un género musical: La música folklórica de Puerto Rico.
Cine o Netflix: Netflix.
Una comida: Como mucho y de todo, pero los mariscos están entre mis preferidos.
“Lo positivo siempre fue mi perseverancia y el entrenamiento, nunca
dejo de entrenar”.