Yanina Boschmann: Mujer al volante

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En un momento difícil de su vida, encontró la manera de ayudarse y, al mismo tiempo, ayudar a otras mujeres que fueron postergando su independencia.

Foto: Alejandro Anzoátegui

El 31 de diciembre de 2020, a la medianoche, en pleno brindis, Yanina Boschmann se hizo a sí misma una promesa: “Esto no puede continuar así, tengo que hacer algo”. El año pandémico pegó fuerte en el ánimo, en la salud mental y en los bolsillos de muchas personas, y ella no fue la excepción. Perdió su trabajo en la municipalidad de Puerto Rico, Misiones, y los meses a partir de ese momento se hicieron cuesta arriba.

Esa noche, antes de acostarse a dormir, creó un grupo de Facebook llamado “Mujer al volante – Puerto Rico”. A la mañana siguiente, cuando agarró su celular, tenía mensajes de al menos treinta mujeres interesadas en tomar clases de manejo.

Licenciada en Trabajo Social, Yanina cultivó desde siempre una sensibilidad hacia las personas vulnerables en general, que luego combinó con el feminismo y la noción de que solo nacer con un género u otro implicaba, en nuestra sociedad, privilegios o desventajas. Y se propuso actuar para matizar o, en el mejor de los casos, revertir aquello.

A sus nueve años, juntaba ropa para donarles a los guaraníes de la zona. A veces, volvía del colegio sin su guardapolvo, porque se lo había regalado a alguien en el camino. Cuando veía pasar delante de su casa a algún niño que tuviera menos que ella, le daba alguno de sus juguetes. “El trabajo social en mí es innato. Es una vocación, nací para esto y amo lo que hago. Siempre estoy problematizando y pensando en una propuesta de solución”, asegura.

En 2018 les enseñó a manejar a dos amigas. Fueron ellas las que le dijeron que debía dedicarse a esto. En aquel momento, le gustó la idea, pero no se animó a darle marcha. Cuando el tema volvió a surgir en su vida, fue por necesidad económica y no había en ella, inicialmente, una intención de hacer trabajo social a partir de este nuevo rol. Aquello cambiaría rotundamente al leer los mensajes: “Me escribían mujeres de más de cincuenta años, que me contaban sus frustraciones, los intentos que hicieron y el anhelo pendiente. Identifiqué, en esas historias, los patrones machistas que les impidieron aprender a manejar”, dice Yanina.

Padres que solo enseñan a manejar a hijos varones, maridos con poca paciencia, la culpa pesando sobre las espaldas de las mujeres que intentaban manejar y los vehículos como espacios destinados a los hombres son el marco en el que crecieron todas estas personas que ahora Yanina ayuda. 

“Hay una desigualdad de género ahí. Nosotros tenemos mucha zona rural y se trabaja mucho en la chacra. Todo el trabajo tiene que ver con tractores y máquinas, y está destinado al varón. El varón recibe las máquinas, las herencias. Hoy casi la totalidad de las familias argentinas tiene un vehículo en la casa, pero el que utiliza el auto es varón casi siempre. A veces me dicen ‘Mi marido me deja manejar, pero si le pasa algo al auto creo que se pudre todo’. Este miedo que tiene la mujer es lo que la frena. Trabajo sobre esos condicionamientos que tienen que ver con cuestiones históricas”, explica Yanina.

En 2022, mientras manejaba, vio un colectivo conducido por una mujer. La siguió, embelesada, y no paró hasta poder entrevistarla. Aquel caso llegó a los portales de noticias nacionales. Se dio cuenta de que compartir historias producía un efecto multiplicador en el interés de otras mujeres, en localidades diferentes a la suya.

Actualmente, Yanina recuperó la posibilidad de trabajar como asistente social, en el Estado provincial, pero se hace un lugar en la semana para mantener las clases de manejo, aquel espacio que la rescató en un momento complicado y que le permitió llevar adelante su militancia desde una perspectiva diferente.

“Siempre les dije a las mujeres que tienen que empoderarse, ser autónomas, independientes. Con lo del manejo es la primera vez que siento que no queda solo en el discurso y que le brindo a una mujer una herramienta real, concreta y práctica para transformar su vida. Es el granito de arena que aporto a la causa”, concluye.