Clubes

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El trabajo original fue realizado entre 2009 y 2011. Dice Franco Verdoia sobre él: “Pudimos descubrir historias familiares, lazos entrañables y vínculos fraternos tejidos alrededor de esta pasión”.

Fotos: Inés Tanoira y Franco Verdoia

Un auto, a veces, es mucho más que un auto. Puede llevarnos directo, sin escalas, hasta un amor, un amigo, o ponernos frente a una historia inolvidable. En definitiva, la vida son momentos que se guardan en la memoria y la piel hasta el final. Rescatar del olvido y del desarmadero a esos autos que nos llevaron hasta ese fabuloso instante es como una reivindicación personal y, también, un deseo humano, el de la inmortalidad. 

En cualquier lugar del país hay alguien que tiene una cupé Fuego, un Fiat 600, un Ford Fairlane, un Citröen 3CV o una Dodge GTX brillante, intensa, como el primer día. Pero a diferencia de los museos, donde los objetos se guardan como huellas del pasado para las nuevas generaciones, en los clubes de autos, las personas y las máquinas construyen una simbiosis que prolonga al infinito la experiencia inicial. No se trata solo de un acto individual o un fetiche personal, es también una razón para el encuentro con otros lo que impulsa esa misma búsqueda. 

Por supuesto que en ese juego participa el mostrar y mostrarse con esos hermosos “fierros”. No importa si es un pequeño Gordini o una potente cupé Chevy. Es una seña de identidad, una representación que trasciende, una especie de mundo con cuatro ruedas. También, una obligación colectiva, que lleva a preservar el significado de la marca y la autenticidad del modelo. 

“A todos se nos jugaba un poco nuestra propia historia y la relación que nos unía a un auto en particular”, plantea Inés Tanoira, autora junto a Franco Verdoia de este reportaje. “Esa reliquia es el mismo coche con el que se mueven por la vida”, reflexiona Verdoia. 

Viajar por las webs de los clubes de autos es una experiencia única. Comparten secretos de mantenimiento, buscan piezas que les faltan como si fueran corporizaciones de Sherlock Holmes, se cuentan historias y festejan las alegrías de sus integrantes como una gran familia. El auto, allí, es otro ser querido: “Les presento a mi fitito” o “Miren cómo quedó la cupé”. 

Para todo eso, existen los clubes de autos. 

Inés Tanoira

Buenos Aires, 1979. Fotógrafa. En 2020 recibió el Primer Premio en el Concurso de Artes Visuales del Fondo Nacional de las Artes. Obtuvo distintos premios por su labor y participó en numerosas muestras y exposiciones.

Las Varillas, Córdoba, 1977. Director de cine, teatro y publicidad. Dramaturgo y fotógrafo. Publicó Cuñadas (La Luminosa, 2013). El Museo Provincial Emilio Caraffa (Córdoba) lo invitó a exhibir su obra en una muestra individual (2017-2018).

Franco Verdoia