Dislexia, cuando leer resulta un imposible

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Es una de las principales causas de fracaso escolar. De a poco y gracias a una ley nacional, el sistema educativo comienza a formar docentes para enseñar a chicos con esta dificultad.

Por: Juan Pablo Margutti

 

Como mamá de un joven disléxico nos resultó muy difícil transitar el sistema educativo. Ya en jardín de infantes nos dimos cuenta de que algo no andaba del todo bien. Nos dijeron que teníamos que esperar, que estábamos ansiosos porque era nuestro hijo menor. Pero hoy, habiendo estudiado los predictores de las dificultades de aprendizaje, somos conscientes de que fuimos mal asesorados”, relata María Arabetti, una de las tantas mamás que, investigando junto a su marido, descubrió que su hijo Santi poseía dislexia. En ninguna escuela supieron detectarlo ni, lo que es peor, acompañar al chico en su aprendizaje.

La dislexia es una dificultad de aparición inesperada para aprender a leer en forma fluida, exacta y automatizada, en una persona sana, con capacidades cognitivas adecuadas (inteligente), a pesar de haber recibido una instrucción formal y sin presentar ninguna causa física, psíquica o social que la justifique.

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“Las instituciones educativas todavía no están preparadas para tener en el aula a chicos con dislexia debido fundamentalmente a la falta de formación. Las dificultades escolares son frecuentemente asociadas a un origen psicogénico, situación que lleva a malinterpretar a estos niños dañándolos innecesariamente y sacándoles las ganas de estudiar. Hoy se acepta internacionalmente que estas son dificultades que tienen un origen neurobiológico”, detalla Gustavo Abichacra, médico pediatra y presidente de DISFAM (Dislexia y Familia).

La dislexia tiene un origen genético y hereditario. Y afecta entre al 10 y al 15 por ciento de la población. Al ser la dificultad específica del aprendizaje (DEA) más común (80 por ciento), es una de las principales causas de fracaso escolar. Otras DEA son la disgrafía (dificultad para escribir), la discalculia (dificultad para realizar cálculos matemáticos) y la disortografía (dificultad para escribir sin faltas de ortografía).

“La dislexia no se cura porque no es una enfermedad. Más que corregirse, se compensa”.

Rufina Pearson

Abichacra explica que dentro de los indicios para detectar dislexia, el más evidente es la dificultad para leer en niños de primaria. “Lo hacen en forma lenta, poco fluida, presentando omisiones, inversiones, sustituciones, etc. En los pequeños de nivel inicial, tiene mucho peso el antecedente familiar de dificultades escolares. Pueden presentar complicaciones en el habla, falta de comprensión de consignas o problemas para recordar más de una. Confusiones derecha-izquierda, antes-después, ayer-mañana”, ejemplifica.

Otras pueden ser dificultades para recordar el nombre de los colores o de sus compañeros; para abrocharse los botones o atarse los cordones; para seguir las rimas y en especial para reconocer los sonidos que forman parte de las palabras, o confundir palabras similares.

“La dislexia no se cura porque no es una enfermedad. Más que corregirse, se compensa y se aprende a convivir con ella. No todos logran el mismo nivel de compensación ni aprenden a llevarla sacando provecho de sus aspectos positivos. Ello depende de a qué edad se detecte, de la ayuda que se reciba y de lo apropiado de la intervención”, indica Rufina Pearson, autora del libro Dislexia, de Editorial Paidós.

El rol de la escuela es fundamental y es el ámbito natural en que la dislexia se manifiesta, el lugar donde deben ofrecerse las herramientas para que pueda ser encaminada y así poder explotar todo el potencial de esa persona. Una de las características de esta dificultad es que no proviene de un déficit intelectual. Estas personas tienen coeficiente intelectual normal o incluso elevado.

 MARCO LEGAL Y CAPACITACIÓN

En 2016 el Congreso aprobó el proyecto de Ley Nacional 27.306, que garantiza el derecho de chicos y adolescentes a la educación, y el acceso al diagnóstico y el tratamiento oportunos. La ley también se ocupa de la formación docente para reconocer la dislexia en el aula y poder intervenir a tiempo para facilitar el proceso de aprendizaje. “Lamentablemente, no todas las escuelas cumplen con lo que la ley pide, por falta de formación y conocimiento de lo que son las DEA y sus implicancias. Muchos papás tenemos que recurrir a las inspectoras para lograr que las escuelas respeten los derechos de nuestros hijos”, relata María Arabetti.

En septiembre de 2017, el Ministerio de Educación de la Nación publicó en su muro oficial de Facebook un curso on-line gratuito sobre dislexia en el que ya se inscribieron más de 10 mil personas. De ese total, el 74 por ciento son docentes. Este curso virtual, llamado “Herramientas para una educación inclusiva. Dislexia, desde el aula al mundo del trabajo” (disponible en www.dislexiacampus.com.ar), fue desarrollado en el marco del convenio que firmó el Ministerio con Samsung para la campaña Dislexia Dytective.

“El objetivo del curso es poder explicar rápida y masivamente qué es y qué no es la dislexia, y qué se hace en caso de tener un alumno o familiar con ella”, explica la psicóloga y psicoterapeuta Ruth Rozensztejn, autora del curso junto con la psicopedagoga Liliana Fonseca. “Buscamos presentar el desarrollo de casos con aplicaciones prácticas. En toda persona con dislexia hay fortalezas y debilidades que se deben tener en cuenta para pensar la adecuación en la escuela”, añade Rozensztejn.

En su libro, Rufina Pearson indica que la dislexia se asocia a un desarrollo mayor en áreas vinculadas con la imagen, el diseño, la creatividad y el pensamiento paralelo. Ello suele ser producto de las conexiones neuronales alternativas que buscó el cerebro para compensar la dificultad. “Suelen pensar en imágenes, y ello es muy positivo para carreras y ocupaciones vinculadas con el marketing, el diseño y la arquitectura”, explica.

“Es elemental para los padres de chicos diagnosticados con DEA hacer respetar dentro de las instituciones las adaptaciones de acceso y de forma indicadas por los especialistas, como agrandar la letra, otorgar más tiempo para realizar sus tareas, adelantar los textos, asegurarse de que han entendido las consignas, fraccionar las evaluaciones y, en especial, favorecer la oralidad, etcétera”, cierra Abichacra.

Otra recomendación para los padres es vincularse con otros padres cuyos hijos presenten la misma dificultad, o a través de las asociaciones como DISFAM. Y consultar con los especialistas adecuados: con su pediatra, fonoaudiólogas, neurolingüistas y psicopedagogas que tengan orientación neurocognitiva con el fin primordial de realizar un diagnóstico correcto.

MITOS

Pensar que es un tema madurativo y transitorio. Esta situación agrava más el desarrollo adecuado de la persona con dislexia.

Diagnosticar que la dislexia se pasa con el tiempo. Dura toda la vida, y el retraso en el diagnóstico y la intervención pueden llegar a generar problemas escolares, físicos y psicológicos difíciles de solucionar.

Sostener que el niño no lee porque tiene un bloqueo emocional. Esto no es así. Hoy se conoce que la dislexia es hereditaria y posee un origen neurobiológico.

Que es un tema de esfuerzo. Nunca más esfuerzo para hacer una tarea que el que realiza una persona con dislexia. Gasta cinco veces más energía cerebral para leer y tarda tres veces más. La falta de reconocimiento de este esfuerzo hace que el niño no se quiera superar, ya que su trabajo no se ve recompensado ni valorado.

Que los padres sobreprotegen a estos niños. Solo el que lo vive sabe del sufrimiento que genera en estos niños el desconocimiento.

*DISFAM Argentina.

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