Parejas LAT: Separados, pero juntos

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Cada vez más hombres y mujeres deciden hoy constituir una relación e, incluso, una familia juntos, pero en casas separadas. ¿Quiénes toman esta determinación y por qué? ¿Cuáles son sus pros y sus contras?

Se aman, pero eligen no convivir. Cuando se trata de los acuerdos privados de las parejas, no hay reglas. Si bien la mirada ajena suele prejuzgar lo que sale por fuera de la norma, hay muchos que se animan a plantear que la formalidad y la fidelidad no siempre van de la mano con la convivencia. Ya sea porque entienden que les resta libertad o porque refieren que, de este modo, se estimula más el romanticismo, la tendencia conocida por la sigla anglosajona LAT (“Living Apart Together”, que se traduciría como “viviendo separados, pero juntos”) comenzó como la decisión de unos pocos para consolidarse en un nuevo modo de construir no solo una relación, sino también una familia. 

DOS CASAS Y UN AMOR

Se podrían diferenciar claramente tres grupos de parejas que viven en casas separadas. Por un lado, están los jóvenes por debajo de los 30, que, si bien tienen relaciones consolidadas, entienden que sus tiempos no contribuirían a llevar una convivencia fructífera y optan por mantener hogares distintos. Por otro lado, hay familias ensambladas o con hijos propios que deciden que uno de los dos padres se mude a un lugar diferente, aunque cercano, de modo que no se dificulte la organización familiar. Por último, están los adultos, que, usualmente, ya probaron el concubinato en el pasado y no quieren repetirlo, aunque se permiten pasar juntos los fines de semana.

Sin dudas, no hay reglas escritas y hoy los contratos se adaptan a las necesidades propias de cada situación particular. “La lógica de esta nueva modalidad es funcional, porque tiende a oxigenar el vínculo y aliviana a los integrantes de la pareja. Sería como volver a un ‘modo noviazgo’, donde hay tiempo de extrañarse y la motivación para verse se presenta mucho más que si se tiene al otro asegurado todos los días de tu vida”, explica el psicólogo Sebastián Girona, especialista en vínculos y autor del libro No te aguanto más. Para el experto, “las parejas no se separan porque haya presencia de muchos conflictos, sino porque hay ausencia de buenos momentos”, lo cual es un problema, ya que en esa relación está la base de la familia. 

Lo cierto es que no son pocos los que actualmente optan por esta modalidad relacional. Se sabe, por ejemplo, que la actriz Sarah Jessica Parker no convive con su marido, Matthew Broderick, con quien está casada hace 20 años y tiene tres hijos. “Sé que esto parece una locura, pero tenemos vidas que nos permiten estar lejos y volver a estar juntos sin que eso conlleve ningún problema. De alguna manera, creo que ha sido muy beneficioso, porque cuando nos juntamos tenemos mucho que compartir”, confesó la protagonista de Sex and the City. La misma decisión tomó la “Mujer Bonita” Julia Roberts con su marido, Danny Moder. A nivel local, el actor Mike Amigorena manifestó sus dudas respecto a la convivencia con su novia, a pesar de haber sido padre recientemente. “En principio –reveló– vamos a usar lo que tenemos y veremos cuál es la necesidad del vínculo. A lo mejor decidimos convivir. O quizá estamos bien así. Hasta que no lo experimentemos, no lo vamos a saber”.

BLANCO SOBRE NEGRO

Como todo, la decisión de vivir en casas separadas tiene sus pros y sus contras. Para Girona, si bien es interesante pensar los contratos de cada pareja, donde una de las cláusulas podría ser mantener la individualidad, sostenido en el tiempo entiende que habría que revisar si no se esconde detrás de la no convivencia una nueva forma de narcisismo, la necesidad de controlarlo todo. “Puede ser un narcisismo excesivo disfrazado de pareja moderna”, cuestiona el psicólogo. ¿Cómo saber, entonces, qué es lo mejor para cada relación? ¿Es posible convivir sin que la rutina destruya el amor? ¿Se podría asegurar que el otro es egoísta por no querer pasar todos los días bajo el mismo techo?

Los especialistas manifiestan que para establecerse en casas separadas debe haber un acuerdo mutuo. La modalidad no sirve si a alguno de los dos le genera miedos o si alguno es celoso, ya que la flexibilidad de estas relaciones puede generar inseguridad. Por eso, una de las claves para que funcione es conversar y acompañarse. A su vez, hay que considerar que pueden aumentar los sentimientos de soledad, si bien el tiempo compartido se disfruta más, y que para organizarse en dos hogares el requerimiento de ingresos será mayor. Otro riesgo que se corre es reducir la relación sentimental a puro goce, cuando apoyarse en momentos difíciles y atravesar dificultades es parte fundamental de esa compañía. 

INTELIGENCIA EMOCIONAL

Para la inteligencia emocional, existen siete principios para una mejor convivencia: autonomía personal (trabajar para conocerse y ser autónomo), prevención de dependencias (asumir las responsabilidades de autocuidado), sembrar lo positivo (lo bueno que se hace vuelve), reconocer la individualidad (respetar los gustos diferentes), moralidad natural (no hacer lo que no se quiere que le hagan a uno), autoaplicación previa (amarse primero a uno mismo) y limpieza relacional (nutrirse de relaciones sanas).