El Valle del Paraíso

Valparaíso, también conocida como la Joya del Pacífico, envuelve con su aire bohemio e impacta por su colorido. Sus escaleras, sus galerías, su arte urbano y los laberintos que forman sus cerros. Como salida de la inspiración de pintores y escultores, fue una de las moradas de Pablo Neruda.

Fotos Gentileza de Sernatur Chile 

Sentado frente a ese ventanal escribió: “Valparaíso, qué disparate eres, qué loco, puerto loco, qué cabeza con cerros, desgreñada, no acabas de peinarte, nunca tuviste tiempo de vestirte, siempre te sorprendió la vida, te despertó la muerte, en camisa, en largos calzoncillos con flecos de colores…”.

Un sillón estilo francés y una mesita reducida pero pesada, de hierro, junto a uno de los tantos ventanales, continuos, recorren la esquina redonda del penúltimo piso de la casa de cuatro niveles de Pablo Neruda. De frente, el puerto de Valparaíso, imponente. A la derecha, la bahía, recortada en estos tiempos por algunos edificios que todavía no se erigían cuando el 18 de septiembre de 1961 fue inaugurada con una gran fiesta. Allí guardaba sus caracolas, sus libros, sus botellas y sus mascarones. Y si bien su última morada, tal vez la más conocida, fue la de Isla Negra, había retornado ese fin de año a La Sebastiana, donde solía pasar largas temporadas que se unían invariablemente en los comienzos de año. También el del 1973, antes de que un cáncer se lo llevara el siguiente 23 de septiembre. 

La casa hoy es un monumento nacional y uno de los atractivos mayores de Valparaíso. Se encuentra enclavada en el Cerro Bellavista, uno de los más de 40 que forman la ciudad repleta de casas multicolores, de estilos arquitectónicos tan diversos que van del victoriano hasta el gótico. Esa ciudad que parece producto de un pintor enloquecido con una caja de lápices o crayones de toda la gama de colores. Ubicada a apenas una hora y media de Santiago de Chile en auto o en bus, Valparaíso es un destino espléndido para reconocer las entrañas del país. 

Desde hace muchos años, se la conoce con el amistoso apelativo de “Valpo”. Su primer nombre fue Valle del Paraíso, y muchos años después fue rebautizado como Valparaíso. Jamás la fundaron. Y aunque fue erigida por los españoles en una fecha incierta, se cree que en días cercanos a abril de 1536, Juan de Saavedra llegó a la bahía de Alimapu, en el Valle de Quintil. El 16 de agosto de 1906 sufrió el peor terremoto de su historia, de una magnitud 8,2° y quedó prácticamente destruida. Desde el 2 de julio de 2003, es considerada una Ciudad Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Dentro de esta ciudad tan cultural existen más de 95 monumentos nacionales.

A sus nativos se los llama “porteños”. Un profundo ambiente bohemio recorre sus cafecitos, restaurantes, hoteles boutique, hostales y bares, la mayoría con una vista conmovedora del océano Pacífico. Valparaíso está formada por cerros interconectados por una red impresionante de funiculares, más de tres decenas, llamados “ascensores”, todos ellos multicolores. Como el Reina Victoria, que habilita el ascenso al cerro Alegre, desde cuya cima, la vista de la ciudad es imperdible: la subida fue declarada monumento histórico luego de que en 1988 fuera remodelada para reparar los daños sufridos en los terremotos de 1971 y 1985.

“Piérdete entre los cerros de Valparaíso y descubre las historias que esconden sus escaleras, ascensores y pintorescas viviendas”, es una de las frases que la ciudad ofrece a los visitantes. Valparaíso tuvo un auge importante en el siglo XIX al convertirse en uno de los puertos de comercio y embarque más importantes de la costa del Pacífico que le dio una extraordinaria prosperidad. Y claro, influyó notoriamente en su economía, como así también en sus costumbres y su cultura. 

Por caso, su arte callejero, una de las más acabadas tradiciones que la convierten en un “museo abierto”. Las demostraciones artísticas, en especial las pinturas que embellecen las fachadas de las más diversas construcciones, tienen una fuerte razón social y, en general, representan luchas contra la dictadura, denuncias de injusticias sociales y las peleas de los pueblos originarios de la región, mayoritariamente mapuches. También se pueden advertir imágenes más modernas aunque no despojadas, como la de la “Casa de la abuelita”, creada por los artistas franceses Ella & Pitr. Se encuentra en el Cerro Concepción, que junto con el Bella Vista y el Alegre son algunos de los que mantienen con orgullo esa tradición de pinturas populares.

El pintoresco ascensor Reina Victoria, en el cerro Alegre, es uno de los 30 de la ciudad.
La arquitectura de las casas, invariablemente, debe adaptarse a lo irregular del terreno.
La bohemia también se advierte en la fisonomía colorida de sus edificios.

ESCALERAS AL CIELO

La ciudad también es famosa por sus escaleras al aire libre, imprescindibles por la realidad topográfica tan irregular, que se mixturan con esas intervenciones de arte callejero. La subida de la calle Templeman fue ilustrada hace algunos años con la frase “We are not hippies, we are happies” –No somos hippies, somos felices– por el colectivo Art&believe, de origen británico. La escalera Apolo es la más popular: se encuentra frente otra muy famosa, la Fischer que lleva al Pasaje Gálvez y que finaliza en el cerro Alegre. O la que recuerda el teclado de un piano, sobre la calle Beethoven. Algunas de ellas son realmente estrechas, lo que a veces produce que los visitantes deban esperar largos ratos para que se disipe el gentío y, finalmente, poder retratarlas con sus teléfonos o sus cámaras. 

Otro recorrido tradicional de Valparaíso es la subida por el ascensor El Peral, para llegar al hermoso Paseo Yugoslavo, donde se encuentra el magnífico Palacio Baburizza, sede del Museo Municipal de Bellas Artes. Allí hay un mirador delicioso hacia la bahía del puerto principal. Y a través de la calle Montealegre se cruza al Cerro Concepción, con su llamativa iglesia luterana de La Santa Cruz y el paseo Dimalow, con sus bellos hoteles boutique.

La plaza Sotomayor, al pie del cerro Cordillera, es la más emblemática de la ciudad y es utilizada como centro de encuentro por millares de visitantes. Originalmente llamada Plaza de la Aduana, está enclavada en el Barrio Puerto y rodeada por el Monumento a los Héroes de Iquique, donde yacen los restos de Arturo Prat, así como la antigua intendencia, el Edificio Armada de Chile, la Iglesia de la Matriz y la sede del diario El Mercurio. Suele ser recomendada también por sus pintorescos bolichitos y la vista hacia el puerto y a sus navíos.

Y suena como imprescindible una visita al mercado El Cardonal, construido a mediados del siglo XIX, ubicado en el sector de El Almendral, de dos pisos entre los que se reparten gran cantidad de puestos de quesos, fiambres, verduras, frutas y productos regionales, entre un sinfín de “cocinerías” de comida típica y ambiente tradicional. Ruidoso, pintoresco y siempre atestado de gentes de diversos lugares del mundo, así como lleno de gatos y tan multicolor como el resto de la ciudad.

Valparaíso también se caracteriza por la alegría de su gente que invita a contagiarse en los festejos de carnavales o en los tradicionales shows de juegos de artificio con los que despiden cada año desde el mar con estruendosas fiestas de Fin de Año. El epicentro del festejo es en ese puerto que, según dicen, es “fiel retrato de la idiosincrasia chilena”, con sus puestos de comidas y el mercado de productos del mar recién extraídos que son comercializados por los propios pescadores. Así como el Paseo Muelle Barón, desde donde se vislumbran los cerros con todo su esplendor y colorido. Además, desde 2004 funciona el Centro Náutico Público en Chile que promueve actividades náuticas, como velerismo, buceo, kayak y diversos eventos que se llevan a cabo en el lugar. 

Para finalizar el día, un punto neurálgico de la movida nocturna es la Subida Ecuador, donde originariamente se ubicaba el consulado de Dinamarca y varias hermosas casonas. Desde la década del 90 se instaló allí un intenso polo de actividad nocturna, con más de 60 locales que se extienden por todo el camino de Bellavista hasta la calle Guillermo Rivera. Es la vía que une los cerros San Juan de Dios, Cárcel y Panteón. Durante el día, funcionan zapaterías, carnicerías, verdulerías y almacenes. En la noche, explotan los bares, restaurantes y discotecas. El volumen de la música sube y la calle se llena de jóvenes. 

Un amplio abanico de posibilidades entre los múltiples atractivos que ofrece la Joya del Pacífico. 

La profusa actividad artística convive y se complementa con la producción de artesanos.
El arte callejero y sus muchas escaleras, tradicionales y multitonales, convirtieron a la ciudad en un “museo abierto”.
Viña del Mar

Está a solo 8 kilómetros de Valparaíso y, para muchos, es su opuesta. Más sofisticada y hasta refinada, Viña del Mar tiene una belleza diferente y suelen preferirla las clases sociales de más elevado poder económico. La llamada “Ciudad Jardín” es justamente muy  reconocida por sus áreas verdes, sus altos edificios y sus amplias playas, “custodiadas” por una larga costanera. Imperdibles los atardeceres desde los balnearios Reñaca, Concón y Las Salinas. También por el Festival de la Canción de Viña del Mar, que se realiza todos los años en febrero. Desde Valparaíso se llega con el transporte público que rodea la playa. 

DATOS ÚTILES

CÓMO LLEGAR

Valparaíso es una ciudad ubicada a 115,3 kilómetros al oeste de Santiago. Se llega por la Ruta 68. Es el principal puerto del país, capital de la Quinta Región y sede del Poder Legislativo. En bus: desde Santiago a Valparaíso (2 horas). Tur Bus, la principal de Chile, la cual tiene salidas cada 15 minutos. En avión, Aeropuerto Internacional Comodoro Arturo Merino Benítez (Santiago). Desde Buenos Aires, los aéreos se pueden conseguir desde los 200 dólares.

GASTRONOMÍA

Valparaíso se encuentra en la zona central de Chile, donde las alternativas gastronómicas son muy variadas: charquicán, cazuela o sopaipillas con pebre son ideales para atacar el frío del invierno; preparaciones hechas a base de maíz como pastel de choclo y humitas son más características para épocas estivales. Y durante todo el año, una gran variedad de pescados y mariscos que se encuentran a lo largo de toda la costa: caldillo de congrio, machas a la parmesana, empanadas de camarón y ostiones al pil son solo algunos de los platos más característicos del país. Y, por supuesto, los vinos chilenos, que mantienen una muy alta reputación. 

ALOJAMIENTOS

Como todas las localidades turísticas importantes, Valparaíso ofrece una gran diversidad de hospedaje, de acuerdo con las preferencias y las disponibilidades económicos: hoteles, residenciales, cabañas, aparts hoteles, casas. Aunque, en los últimos años, aumentó mucho la oferta de hostels. Uno de los hostales más famosos es Casa Volante, en el Cerro Concepción, un verdadero epicentro turístico, ubicado a menos de 10 minutos del centro.

CLIMA

El clima en la V Región chilena a la cual pertenece Valparaíso es mediterráneo fresco, con veranos secos e inviernos húmedos y templados. La temperatura media anual asciende a unos 15 °C. En invierno 11° y en verano superan los 25 °C.

ISLA DE PASCUA

Ubicada en la Polinesia, en medio del océano Pacífico, a 3700 kilómetros de Caldera, en el departamento de Valparaíso. La isla es uno de los principales destinos turísticos del país debido a su belleza natural.