Mar de las Pampas – Las Gaviotas – Mar Azul:
Un bosque atrapante con vista al mar

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Al sur de Villa Gesell, 30 kilómetros de playas de arenas claras, mar de azul profundo y naturaleza rabiosa abrazan a los tres balnearios y se prolongan por la Reserva Dunícola y el faro Querandí. Perfecta combinación de aventura, sol, confort y paisajes deslumbrantes.

Fotos Gentileza Turismo Villa Gesell

Al culminar los tres kilómetros de ruta agreste y zigzagueante, arena y tierra que prolongan la tan geselina avenida 3, un llamativo cartel, rústico y a la vez elegante, anuncia el comienzo del balneario que encabeza la trilogía. Es uno de los ingresos, el que sucede desde la paternal Villa Gesell, para desembocar en Mar de las Pampas y la belleza de su irregularidad; para trasladarse a Las Gaviotas, virgen y agreste, con sus arenas que devoran sol; o para arribar a Mar Azul, familiar y serena, cabal representante de la intensidad de esa costa atlántica impetuosa. 

Una zona de médanos y arenas claras, enmarcada en álamos, sauces, pinos, acacias, eucaliptos, cipreses y otras especies. Un bosque profundo, intenso, verdísimo, tan joven que sorprende la información: hace no más de medio siglo, toda la zona no era otra cosa que una serie de desérticos cordones de dunas y hoy exulta aire puro, en una especie de estupenda ventana al mar, ideal para las vacaciones que se avecinan, para disfrutar un verano de arenas cálidas, en una continuidad que vaya desde los asombrosos amaneceres hasta las noches maravillosamente estrelladas.

A solo 370 kilómetros de Buenos Aires, al sur de la villa fundada por Carlos Idaho Gesell, 30 kilómetros de playas y naturaleza rabiosa contienen a los tres balnearios y se prolongan por la Reserva Municipal Dunícola hasta arribar al faro Querandí. Un trayecto muy propicio para realizar en 4×4. Aunque, al mismo tiempo, existe la posibilidad de alquilar cuatriciclos y sumergirse en ciertos sectores playeros, para explorarlos por cuenta propia o en travesías guiadas, o ir por allí hasta otros balnearios de la zona, como por caso Cariló (al norte, unos 30 kilómetros), siempre respetando la velocidad máxima de 20 km/h y evitando los ruidos excesivos. Tanto el bosque como la playa también son ideales para ser recorridos en tranquilas caminatas, paseos en bicicletas o en cabalgatas. Los palenques suelen encontrarse sobre el camino de arena que lleva a Gesell, saliendo por la calle Las Acacias. En todos los casos, si la temporada es de luna llena, los paseos nocturnos tienen un condimento muy especial para redescubrir sensaciones diferentes.

Uno de los ingresos a la playa desde el centro de Mar de las Pampas.
Casas características de la región, moldeadas entre álamos y pinares.

RESPETO POR LA NATURALEZA

Asombra la belleza de ese laberinto tan sinuoso de calles de arena talladas en el bosque. También el saber que, en un principio, se había ideado como un cuadriculado casi perfecto, pero la intención fue superada por la naturaleza. En realidad, la historia comenzó en abril de 1957. El anuncio decía: “Entre Mar del Plata y Pinamar –frente al mar en dos grandes lotes– extraordinario ofrecimiento para hombres de empresa… El jueves 11 a las 16 horas. Por orden judicial remataremos…”. Esos “hombres” fueron Antonio Vázquez, Manuel Rico y Jacobo Zceltman, quienes se propusieron replicar experiencias cercanas como la de Gesell en su villa, la de los Guerrero en Cariló y la de los Bunge en Pinamar. En la denodada lucha por la fijación de médanos para frenar la movilidad dunícola constante, comprendieron, ya en 1969, que el cuadriculado no se adaptaba al suelo, y, tras ingentes trámites, transformaron la habilitación para finalmente realizar el actual dibujo, sumamente irregular, pero “diseñado” por el propio terreno, respetando el medioambiente.

Nacía Mar de las Pampas. Ya cerca de fin de siglo, la zona sufrió un boom inmobiliario y se plagó de chalets, a cual más bonito y práctico, pero también de muy elegantes casonas. De los 92 habitantes de 1993 se llega a los cerca de 3000 actuales. “Vivir sin prisa” es uno de los lemas oficiales de una comunidad obstinada por mantener pautas que la preserven de contaminación, tanto ambiental como visual. En ese sentido, se dispuso que los bosques sean construibles a lo sumo en un 30 por ciento de los espacios que ocupan, que haya pautas definidas en el diseño y la construcción de los inmuebles, o, por caso, que se evite la publicidad en la vía pública o la cartelería callejera. Y fundamentalmente, que las callecitas conserven el aspecto agreste que tuvieron desde un comienzo. Su zona céntrica desborda de construcciones y galerías de madera y piedra, copiando sin excepción las alternativas naturales del terreno. Por supuesto, mantienen un estricto respeto por los médanos, al punto que para no modificar el laberinto natural que forman, los ingresos a las playas son solo los necesarios. 

La intención es que Mar de las Pampas siga siendo ese paraíso ideal para disfrutar con tranquilidad y en familia de las arenas amplias que surgen de los médanos. Para los que buscan mayor confort, en la salida de la calle Virazón se encuentra el único parador que cuenta con infraestructura suficiente para brindar todos los servicios requeridos: carpas, sombrillas, vestuarios y gastronomía. Está construido a tono con los afamados restó del pueblo –varios de ellos insertos en los recovecos de los médanos–, con elegancia y mucha madera, para cobrar coherencia ambiental. 

El abanico de sabores en Mar de las Pampas es muy amplio, empezando por una especial variedad de pescados y mariscos, aunque como es un balneario especialmente receptivo para las familias, también ofrece otros muchos restaurantes, locales de comida rápida y las cafeterías más renombradas. 

En el centro comercial se pueden encontrar todo tipo de productos.
El sol se filtra entre las arboledas y el camino de arena se pierde, interminable. Una imagen que se repite en cada uno de los balnearios.
El faro se erige entre los árboles. Subir hasta su cima representa un paseo imperdible.

EL SUR TAMBIÉN EXISTE

La calle Las Acacias es la continuación de la 3 geselina. Luego se transforma en Las Toninas, hasta que en el centro comercial de Mar de las Pampas se topa con la avenida Cruz del Sur y allí se convierte en El Lucero por pocos metros. En ese punto, nace Padre José Cardiel, que en su irregular trazado atraviesa Las Gaviotas para ser definitivamente Punta del Este, ya recta, que va desde la calle 28 hasta la 47 y se zambulle en la playa con destino a las dunas y el faro.

Sí, en ese trayecto se pasa por Las Gaviotas: exactamente siete cuadras de arenas finas y claras, elegantes complejos y modernas construcciones, en un terreno algo más llano. Es el más nuevo de los balnearios, con una historia más reciente que la de sus afamados vecinos, a los que vino a darles, en el trazado cercano al bosque, la misma continuidad que el visitante encuentra en las playas. Justamente su actividad central se concentra en ese manto de arena cercado por dunas, aunque también ofrece espacios forestados que tientan a realizar paseos serenos o, por ejemplo en días de viento fuerte en la orilla, encontrar un clima mucho más calmo e intentar breves campamentos en el bosque.

Claro que luego de ese puñado de cuadritas, surge un balneario de profundo azul, que hasta hace unos años era un foco de enorme atracción por su excepcional camping, que se encontraba en el corazón de la localidad, pleno centro, sobre la calle Punta del Este hacia el mar, testigo de carpas, fogones, mates y guitarreadas a toda hora, especialmente cuando se oculta el sol y la luna ilumina las playas extensas, atrapantes y genera millones de fantasmas dándole brillo a la sal de las olas. Pero más allá de que emprendimientos inmobiliarios le cambiaron el paisaje, Mar Azul continuó siendo un balneario muy propicio para cientos de núcleos familiares que lo eligieron para instalarse no solo en verano, sino todo el año, desafiando la rigurosidad invernal, optando por un modo de vida sereno, sano, muy apegado a la naturaleza. Además, Mar Azul sí tiene un damero estrictamente cuadriculado, y su centro, en el corazón de la población, “está cerca de todo”. Todo el año seduce, especialmente, su Casa de Cultura Mercedes Sosa.

En toda la zona se impone la costumbre de recorridos en camionetas 4×4, jeeps y cuatriciclos, como también las cabalgatas. Aunque en muchos de los casos el destino final sea el faro. Antes, se encuentra la Reserva Municipal Dunícola, la más importante de nuestra costa atlántica, con sus 5500 hectáreas, un ecosistema clave para la protección de las dunas costeras y su influencia en la flora y la fauna de la región, y consecuentemente en su clima. Es fundamental para lograr un equilibrado desarrollo del sistema que forman las dunas activas, las llamadas “vivas” (no poseen vegetación y cambian constantemente de formas), que conviven entre las inactivas o fijas. El límite sur de la reserva lo constituye el faro Querandí, ya que solo 2 kilómetros más allá comienza la Reserva Municipal Dunas del Atlántico, perteneciente al partido de Mar Chiquita. 

Justamente al transitar la reserva crece en la vista ese “monumento” de franjas negras y blancas, como un obelisco construido de conos de colores opuestos, que surge del bosque. El faro Querandí está ubicado a 30 kilómetros de Gesell y sus 54 metros de altura lo convierten en el segundo más alto, tras el de Bahía Blanca. Su alcance es de 20 millas marinas. Se asciende hasta su lámpara por una escalera caracol de 254 escalones. Solo se arriba al lugar con vehículos de doble tracción que estén capacitados para atravesar el arenal, que originalmente fue habitado por los aborígenes que le dan nombre al faro. Significa “huelen a grasa” por sus cualidades para la caza. En visitas guiadas se explica la historia de la región. Sin dudas, vale la pena el esfuerzo de llegar y trepar hasta su cima: el panorama es sencillamente espectacular. 

El faro se convierte, entonces, en uno de los paseos indispensables para completar una estadía en estos balnearios del sur geselino. Año tras año, renuevan la captación del turismo nacional e internacional, que encuentra en estas playas la combinación de confort y paisajes cálidos enmarcados entre el mar y el bosque. 

DATOS ÚTILES

CÓMO LLEGAR

Los ingresos originales y más frecuentes a los balnearios son por la ruta que los une con Villa Gesell, pero desde hace varios lustros, cada uno tiene su ingreso individual desde rotondas instauradas en la RP 11. La distancia desde Buenos Aires hasta Mar de las Pampas es de 359 km, por la autopista Buenos Aires-La Plata y luego por la RP 11. Hacia el sur, continuando por la RP 11, pasando por Mar Chiquita (67 km) y Santa Clara del Mar (83 km), se llega a Mar del Plata (97 km). El trayecto hasta Rosario es de 677 km, vía RP 11, RP 63, RN 2, Autopista Buenos Aires-La Plata, AU-12 (16 km) y RN 9.

La empresa El Último Querandí pasa por los diferentes balnearios, con una frecuencia de 30 minutos, partiendo de Gesell. Hasta allí llegan numerosas empresas de media y larga distancia, como Álvarez Hermanos, Grupo Plaza, Plusmar y El Rápido Argentino, entre otras. 

GASTRONOMÍA

Los balnearios, con su cercanía entre sí, completan un gran abanico de sabores que se inicia en Villa Gesell. Por ser una región especialmente receptiva para los grupos familiares, ofrece, además de los restaurantes, múltiples variantes de locales de comida rápida y las más famosas cafeterías. Algunos de los restaurantes: Cabaña Huinca (comida y dulces caseros, y cerveza artesanal), Indio Pampa, La Jofaina (carnes a las brasas, pescados y pastas caseras), Las Pampas (comida casera), Los Fuegos del Bosque (gourmet), El Sitio (gourmet), Lupulus Bier Restó, La Bernardina (pastas caseras, empanadas, pescados y mariscos), Casa del Sol (carnes, pollos, pescados, mariscos), La Lía (comida tradicional).

CLIMA

El clima en la región es de tipo templado, con temperaturas medias que oscilan entre 17 y 27 ºC en verano, con días que superan los 30 ºC, y entre 6 y 16 ºC durante la temporada invernal.

ALOJAMIENTO

La zona cuenta con una muy amplia oferta hotelera y de servicios. Son múltiples los hoteles con alternativas para todos los bolsillos, a los que se suman cabañas, casas de alquiler, hostels y una gran diversidad de campings que, en su mayoría, se encuentran muy cercanos al mar, como los ubicados en la ruta que une a Gesell con los balnearios. 

POR LAS DUNAS

En toda la zona es muy común el alquiler de cuatriciclos, por hora o por jornada. Se recomienda mucha cautela en el manejo para evitar accidentes. Las agencias son varias y se encuentran en todo el recorrido. También un clásico de la zona son las cabalgatas, y hay puestos para alquilar los caballos en cada uno de los balnearios.