El Valle de Uco: La exaltación de los sentidos

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Al pie de la Cordillera, en el corazón de Mendoza, el Valle de Uco ofrece la posibilidad de turismo familiar con una gama enorme de alternativas en contacto con la naturaleza. A ello se suman los caminos del vino y los circuitos emparentados con la aventura, la religión, la cultura y la vida rural.

Fotos iStock y Ente Mendoza Turismo

Las imponentes altas cumbres de los Andes que forman el valle son ancestrales testigos. Probablemente ya desde antes de los años contados a partir de Cristo, diversos pueblos indígenas fueron los apacibles habitantes originarios de la región. Claro que a mediados del siglo XVI llegó el explorador Francisco de Villagra y todo cambió. Allí estaban los huarpes, familias indígenas dóciles y laboriosas, comandados por el cacique Cuco. Eran sus valles, y permanecieron allí hasta que poco después arribaron los españoles desde el otro lado de la Cordillera. No solo le quitaron la ce inicial al nombre. Un siglo después, los jesuitas fundaron el Curato de Uco. Cinco siglos más tarde, una enorme colección de piezas que les pertenecía da cuenta de esa cultura en el Museo Arqueológico de Tunuyán.

Es el espléndido Valle de Uco, que significa “vertiente de agua”. Casi colgado del Cordón del Plata andino, ubicado en el corazón mismo de la provincia de Mendoza, cubre una extensión total de 17.370 km2 y posee paisajes verdaderamente deslumbrantes. De sus entrañas nacen pequeños valles, sierras y también el río Tunuyán. Lo cobija el Cordón del Portillo, que alcanza alturas de hasta 6670 metros en el volcán Tupungato, que delimita una alucinante y profunda quebrada. Claro que no es el único volcán: hacia el sur se ubica el Maipo, que suele retratarse reflejado en la laguna del Diamante; decididamente es una imagen bellísima, tanto que se convirtió en una de las postales mendocinas más impactantes. 

El valle está integrado por los departamentos de Tunuyán, San Carlos y Tupungato, cada uno con sus características y atracciones especiales. El primero, a 80 km de Mendoza, es tierra de manzanas y sabores, con un microclima que enaltece la forestación y su variedad de paisajes de valles, sierras, arroyos y lagos, junto con una impresionante flora y fauna. Ofrece las propuestas más diversas, desde apacibles paseos contemplativos hasta desafiantes actividades de altura. Además, allí se encuentra el famoso Manzano Histórico.

San Carlos se halla a 100 km de la capital, en el centro de la provincia, con sus viñedos, alamedas y girasoles que bordean seductores senderos enmarcados por el paisaje precordillerano; con su tradición de luchas y sus horizontes deslumbrantes de montañas, oasis y desierto; con sus circuitos religiosos, desafiantes propuestas de aventura y alternativas rurales.

Y Tupungato, conocido como el Mirador de Estrellas, se ubica a unos 70 km de la principal ciudad mendocina, rodeado de bellezas panorámicas y custodiado por el gigantesco volcán que le da nombre y por el majestuoso cerro El Plata, en una zona de frutales y pintorescos viñedos, excelentes servicios al turista y la paz del arroyo El Sauce.

Dentro del departamento San Carlos, aparece la imponente Laguna del Desierto, que refleja el volcán Maipo, con sus 5323 metros sobre el nivel del mar.
El Monumento del Manzano Histórico. Allí se detuvo San Martín en varias ocasiones, antes y después de cruzar la Cordillera. Está en el Portillo, camino a Chile.
La paz de la montaña. La mixtura de los colores. La pureza del aire. La belleza del paisaje. Todo eso en Tunuyán.
Un recorrido por las diferentes bodegas del Valle es otro de los atractivos de la región. Y de paso probar un muy rico vinito…

UN BAÑO DE NATURALEZA

El valle tiene infinitos atractivos. Uno de ellos, tal vez el más conocido y más convocante para el turista, es el Manzano Histórico, de El Portillo, ya que conlleva una excepcional historia: allí solía parar el mismísimo general José de San Martín cuando gobernaba Cuyo, tenía su sede en Mendoza (entre 1814 y 1816) y organizaba el cruce de los Andes para liberar a Chile y Perú. También era uno de sus lugares predilectos luego, cuando regresó. El Monumento Retorno a la Patria rememora el reposo del prócer. 

Es un punto ideal para hacer base y pensar en diferentes paseos y recorridas por una zona de gran hermosura que ofrece campings, la chance de una muy buena excursión de pesca o el recorrido por un circuito histórico, complementado con un bellísimo vía crucis: a 16 km, pasando el refugio de gendarmería Portinari, se ubica el cajón de Arenales, un sitio de escalada con gran variedad de rutas y vías para arribar al cerro Punta Negra, donde funcionaban minas de wolframio o tungsteno, en cuya cima, a 3900 metros de altura, se encuentra un Cristo blanco, inmaculado, de 6 metros. Una alternativa es hacerse una escapada para realizar trekking en el circuito del Chorro de La Vieja, a solo 12 km de la reserva.

La mítica ruta 40 es el gran portal turístico que abre la puerta al Valle de Uco. Es la mejor manera de arribar, por ejemplo, a alguna de las viejas estancias jesuíticas del Alto de Las Carreras, en las que actualmente se produce cebada, papa y alfalfa en abundancia. Por caso, el Chateau de Ancón, elegante castillo estilo europeo erigido en medio de frutales y viñedos, muy cercano al pueblo de San José (del que se recomienda visitar su antigua capilla). Es uno de los tantos alojamientos temáticos y emprendimientos artesanales que presenta la imponente quebrada del Cóndor, un magnífico lugar para disfrutar a pleno una cabalgata, realizar caminatas por sus senderos boscosos o recorrerlos en bicicleta, e incluso en sulky. Y también para deslumbrarse con el avistaje de nidos de cóndores o de las manadas de guanacos, especialmente en zonas cercanas a lagunas como la Reserva Laguna del Diamante.

Otros circuitos para disfrutar el turismo rural y realizar un viaje a la tradición y al pasado con el contacto con paisanos y vida campestre son el de los Caminos de Altamira, Manos de Jaurúa o la Vieja Ruta 40, que permitirá reconocer algunos pequeños pueblos que mantienen sus costumbres rurales, las viejas despensas, los bares y cines antiguos, y centenarias casas de gruesas paredes de adobe. Y, por supuesto, la inigualable cocina campestre.

También es muy recomendable reparar en los cursos de agua. Por caso, el arroyo Arenales, que presta su nombre al cajón, un sitio de una excepcional belleza natural, con sus enormes paredes rojizas y amarillas que convocan a los escaladores. Allí se forman un montón de lagunitas de agua azul turquesa y de singular belleza. Sus aguas provienen de los glaciares de los cerros Gemelos, Huarpe y Tres Picos de Amor. O también el río Tunuyán: en él confluyen los arroyos Gaucha, Las Tunas, Pircas y Grande, que depositan los deshielos de la nieve cordillerana. Sus aguas cristalinas tienen las condiciones ideales para la cría de salmónidos, por ejemplo, las deliciosas truchas arco iris, piezas de gran calidad y alto porcentaje del factor omega 3. 

La flora del valle es variada y rica: gramíneas, líquenes, helechos, coirón, rosa mosqueta, tomillo, jarilla, chañar, atamisqui, retamillo y junquillo, entre otras. Y ni que hablar de la fauna: además de los cóndores, que concitan la mayor atención, el visitante se puede encontrar con águilas, liebres, quirquinchos, vizcachas, patos, zorros, zorrinos, guanacos, pumas y piuquenes, especialmente en las serranías. También, en las regiones más bajas, hay nutrias, liebres, perdices, conejos, lagartijas y serpientes.

La zona es sumamente fértil. No fue un dato desconocido para Juan Giol, Bautista Gargantini y Pascual Toso. Cada uno por su cuenta, llegó a la región desde la Europa que habitaban en la década de 1880 y apostaron a la vitivinicultura. En un principio fue la Bodega y Viñedos San Polo. Actualmente, luego de cinco generaciones de bodegueros, la zona permanece siendo un centro viñatero de excelencia mundial, con centenares de emprendimientos chicos o grandes, al punto que, desde fines del siglo pasado, se reveló como un floreciente corredor productivo donde se producen vinos de calidad reconocida en todo el planeta. El clima, el suelo, la variedad y calidad de las uvas junto con la disposición de los viñedos generan el concepto de terroir en determinados vinos. En los caminos del Valle de Uco se elaboran algunos de muy elogiada complejidad y estructura. También son excelentes sidras, jugos, conservas y esencias obtenidos en esos establecimientos.

Y por supuesto suponen un atractivo muy especial para recorrer la zona y no solo admirar sus imágenes, sino también llevarse en el alma sus mejores sabores. Justamente se prepararon los caminos de la ruta 40 y otros, incluso muchos de ellos fueron pavimentados para generar ese corredor productivo que recorre los tres departamentos, empezando por Tunuyán, para continuar entre los duraznos de Vista Flores, pasando por pueblos tan pequeños como acogedores, como El Corredor y El Cepillo. Las muchas curvas muy pronunciadas de algunas de las rutas le dan una belleza muy particular, pero también exigen mucha atención del conductor.

Además, se puede aprovechar el Camino de las Bodegas, que llega desde Tupungato hasta el Manzano Histórico, adentrándose en la reserva protegida, atravesando las vides del pedemonte, la población de Los Árboles y un camino que se eleva en las primeras montañas para llegar a Manantiales y al Portillo. Se combina así una maravillosa vista de las vides con la posibilidad de inmiscuirse en la naturaleza haciendo trekking o incluso de generar adrenalina al ascender o escalar por sus incipientes laderas.

Por todo ello, y mucho más, el Valle de Uco representa la exaltación de los sentidos. 

DATOS ÚTILES

CÓMO LLEGAR

La ruta 40 recorre el Valle de Uco sobre su margen este y atraviesa la zona de viñas de Tunuyán, Tupungato, Pareditas y San Carlos. Da acceso a la Cordillera y a las localidades de Tupungato, La Consulta, Manzano Histórico y sus bodegas. Las distancias desde Mendoza capital son de no más de un centenar de kilómetros. Hasta Buenos Aires, pasando por la capital provincial hay unos 1134 km. Se puede llegar, claro, en avión a la capital provincial, que ofrece el Aeropuerto Internacional conocido como El Plumerillo. Desde allí mismo salen buses a distintos puntos del valle. Hacia el sur, a 113 kilómetros de San Carlos, se encuentra el aeropuerto de San Rafael “Santiago Germano”.

PASEOS

Uno particularmente recomendable es el que propone realizar una cabalgata reproduciendo alguna de las rutas sanmartinianas, desde el Portillo, lo cual requiere muy buena predisposición, una preparación previa adecuada y un guía que conozca bien la zona. El recorrido promete ser extraordinario. Casi como incentivar el vértigo haciendo una excursión en parapente en el cerro El Manzano.

CLIMA

Su clima se caracteriza por escasas lluvias y heladas casi diarias en los meses de junio, julio y agosto. Sus suelos son arenosos y pedregosos, produciendo así excelentes drenajes. 

ALOJAMIENTO 

Toda la zona cuenta con excelentes servicios dedicados al turista, comenzando por la muy amplia oferta de alojamiento fundamentalmente en posadas, casas de campo, cabañas, fincas y estancias rurales, como así también los establecimientos hoteleros de muy diverso tamaño y estrellas, ubicados en los centros urbanos, y, claro, como una característica esencial de la región, los campings acondicionados con muy buenas comodidades.

FESTIVALES

Hay muchos y muy variados durante todo el año. En el calendario de festividades sobresalen el Festival Nacional de la Tonada, que se realiza en febrero en Tunuyán, y la Fiesta de la Tradición de San Carlos en noviembre.

RECOMENDACIONES

No olvidar ropa adecuada (pantalón largo, abrigo, sombrero) ni tampoco agua, protector solar, merienda y cámara de fotos. En toda la región se tiene un cuidado especial por la naturaleza, por lo que hay múltiples consejos en relación con respetar las normas, ir y volver por la misma senda, no cortar flora de ningún tipo, no perturbar ni matar la fauna del lugar, no llevarse piedras u objetos naturales, y no generar basura, o al menos no dejarla en los recorridos.