Para dejarse llevar por la naturaleza

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En plena época de avistaje de la ballena franca austral, la zona de Península Valdés con su belleza tan particular invita a disfrutar de esa experiencia y del reconocimiento del hábitat de una fauna marina única en el mundo, transitando por playas hermosas.

La embarcación golpea contra las olas. El mar es de un turquesa conmovedor, pero se puede percibir, más o menos profundo, un movimiento muy particular. Hasta que la enorme cola del cetáceo se despliega hacia el exterior y bruscamente produce una magnífica lluvia de espuma, un diluvio universal de pequeñas gotitas, un abanico de infinitos arcoíris. No hay manera de no conmocionarse con semejante despliegue de naturaleza, energía descomunal, una demostración de vida apabullante. 

Es Puerto Madryn, es península de Valdés, es el sur patagónico, es la costa más salvaje del mar Argentino. Es fin del invierno y principio de primavera.

Es el avistaje de ballenas, un espectáculo verdaderamente singular en el mundo que solo se compara
–aunque no se iguala– con los que se pueden observar en islas Azores, Portugal; Hervey Bay, Australia; Glacier Bay, Alaska; Hermanus, Sudáfrica; o el mar de Cortés, Baja California. Los conocedores del tema mencionan a esta región argentina, declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad, como muy especial por acoger una de las mayores poblaciones de cetáceos, alrededor de 2500 ejemplares, entre los que destaca claramente la ballena franca austral, una especie que realmente impresiona y ha sido estudiada exhaustivamente: puede llegar a medir 15 metros de largo y a pesar entre 40 y 45 toneladas. La revista National Geographic suele referirse a ella como única e incomparable.

Cuando esa mole resuena en el mar luego de cada salto, no puede no estremecer el ánimo de todo ser humano que tenga la dicha de admirarla. El slogan es “Dejate llevar por la naturaleza sin límites: descubrí Puerto Madryn y elegí tu propia aventura”. Nada más apropiado.

La zona se referencia por Puerto Madryn, en el departamento Biedma, en el noreste de Chubut, con unos 120 mil habitantes y miles de turistas que todo el año se aprestan a disfrutar las bondades de la región. La península de Valdés es un accidente costero, un verdadero capricho de la naturaleza, con su forma geográfica que es como una extremidad redondeada que sobresale del continente y se incrusta en el mar Argentino. Conforma un Área Natural Protegida de cría y reproducción de esas especies marinas, que llegan anualmente de a millares desde sus áreas de alimentación. Se trata de un muy interesante proceso que se inicia en abril, cuando suelen arribar los primeros cetáceos, solitarios: generalmente son hembras adultas preñadas y algunos ejemplares juveniles. Para agosto se empieza a producir un fenómeno excepcional cuando se vislumbran la mayoría de los nacimientos. El espectáculo llega al cenit poco después, cuando comienza la migración. De todas maneras, los avistajes se reiteran hasta al menos los últimos días del año o poco antes.

En la península, a solo 10 kilómetros de Madryn, Puerto Pirámides es una población clave en la región, ya que se trata del único centro de servicios dentro del área natural. Ofrece alternativas de alojamiento y restaurantes de toda índole, además de la única estación de servicio. 

Desde allí salen los avistajes embarcados, organizados oficialmente por seis empresas. Las embarcaciones –lanchas, gomones y catamaranes– tienen capacidad de entre 20 y 70 pasajeros, y zarpan para realizar excursiones de una duración promedio de una hora y media. Se realizan durante el día o cerca del atardecer, siempre con la compañía de guías. 

Claro que también se pueden observar las ballenas desde la propia ciudad de Madryn: mediante un paseo por la rambla, se obtiene una vista realmente diferente. Y, por supuesto, son espectaculares los avistajes en el Área Natural Protegida El Doradillo, a solo 18 kilómetros del centro de la ciudad. La zona de playas Las Canteras es un lugar paradisíaco de estepa, mar y fauna. Con arenas extensas y tranquilas, de acceso libre y gratuito, es un sitio extraordinario para pasar un largo rato de relax y a la vez muy propicio para el avistaje, por sus aguas profundas y calmas. En reiteradas ocasiones, los ejemplares se acercan a pocos metros de la costa, ya que allí se congrega la mayoría de las madres para parir y amamantar a sus crías. 

Puerto Pirámides, por su parte, es un importante centro de buceo que recibe tanto a principiantes como a avanzados. Además, cuenta con una atracción muy particular: sus playas, de por sí amplísimas, lo son mucho más cuando baja la marea, y así se tornan indispensables las caminatas bajo el sol que busca el horizonte. A buen paso se pueden transitar los 5 kilómetros para arribar hasta el asentamiento de lobos marinos de un pelo. Y si se arranca más temprano, es posible llegar a pie (también con vehículos 4×4) a Punta Pardelas, o un poco más allá, a Playa Colombo. Los atardeceres en esta zona son extraordinarios. Muchos los combinan con deportes de aventura. Las restringas son muy recurrentes en un paisaje costero peninsular que abarca 25 kilómetros de costa ubicados entre Punta Arco y Cerro Prismático.

Otra buena recomendación es una visita al Centro de Interpretación Istmo Ameghino, a la ida o al regreso, para saciarse con información didáctica sobre la flora y la fauna de la zona, así como con ilustraciones y audiovisuales. Además, allí se puede admirar una réplica a escala de una ballena. Se encuentra en el istmo Carlos Ameghino, la franja más angosta de la península, desde donde se tiene una observación muy particular del golfo Nuevo (girando hacia el sur) y del golfo San José (al norte).

Entre los paseos atrayentes también se encuentra la isla de los Pájaros, que suele ser la primera parada de un circuito natural que se generó en forma espontánea. Claro que la mejor observación se realiza desde un mirador, ya que el acceso al interior está vedado para una correcta conservación de tantas especies de cormoranes, gaviotines, ostreros, pingüinos, biguás y garzas, entre muchas otras. Una verdadera reliquia de la naturaleza. 

Al fondo, la pujanza de Puerto Madryn. La flora y la fauna en la región son de las más ricas de toda la Argentina.

La Punta Norte ofrece el más generoso asentamiento de lobos marinos. Sus senderos fueron generados naturalmente por los visitantes para contemplar una experiencia única en el mundo: las orcas llegan hasta casi la costa a cazar lobos marinos mediante la llamada “técnica de varamiento”, durante los meses de octubre y abril. La Punta Loma es otro reservorio natural de lobos marinos y aves costeras, como guanacos, zorros, ñandúes, maras y copetonas. La Playa Paraná representa un corolario perfecto. La Punta Delgada, en cambio, al sur de la península, es un espectacular apostadero de elefantes marinos. La visita se complementa con un ascenso al faro, desde donde la vista es bellísima: en verano arriban cerca de 400 mil pingüinos que conviven con ñandúes, guanacos, maras y colonias de elefantes marinos.

Los circuitos turísticos se pueden ceñir a los alrededores de Madryn, aunque la opción es ampliarlo al valle del río Chubut, cuyas aguas son embalsadas por el dique Florentino Ameghino (a 135 kilómetros) y forman un lago, en realidad un increíble oasis en un terreno sumamente árido. Villa Ameghino, por su parte, es un poblado reducido, casi de película, que ofrece todos los servicios y un área arbolada junto al río, frecuentada por turistas en pos del descanso y por pescadores que encuentran allí unas extraordinarias truchas. 

«Cuando esas moles resuenan en el mar luego de cada salto, no puede no estremecer el ánimo de todo ser humano que tenga la dicha de admirarlas.»

Claro que si se elige el camino a la pingüinera de Punta Tombo, transitando 86 kilómetros se llega a la capital chubutense, Rawson. Pero antes se pasará por la apacible Trelew, una ciudad de ingente economía, en su rol de centro de la lana que produce en la región. También tiene una vida cultural muy rica, sostenida por la delegación de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco. Son imperdibles los paseos por la galesa capilla Tabernaci, la reserva ecológica de seis hectáreas de la laguna Cacique Chiquichano y el Museo Regional Pueblo de Luis, instalado en la antigua estación del ferrocarril.

En Trelew, además, se encuentra el Aeropuerto Almirante Marcos A. Zar, el más activo de la región. Aunque la propia Madryn volvió a tener dos vuelos semanales directos desde CABA, los jueves y domingos, en su aeropuerto El Tehuelche, a 10 kilómetros de la ciudad. 

Tras las exitosas experiencias del verano y del fin de semana largo del 9 de julio, la zona transitó una temporada invernal a pleno, con casi la totalidad de los trabajadores de turismo vacunados y todos los protocolos. Una región para disfrutar a pleno. 

En verano arriban cerca de 400 mil pingüinos a la región que conviven con otras colonias.
YELLOW SUBMARINE

Año tras año se multiplican las ofertas, y en los últimos tiempos surgió una tentadora alternativa: el semisumergible Yellow Submarine. No es justamente el de The Beatles, sino la primera embarcación diseñada especialmente para la observación de las ballenas tanto en superficie, desde la cubierta superior, como desde la cabina submarina. A través de las 40 ventanas que permanecen sumergidas, se asiste a un verdadero show acuático, estremecedor, que se completa con hidrófonos que permiten percibir los sonidos que emiten las ballenas.

DATOS ÚTILES

CÓMO LLEGAR

En auto: la ciudad de Puerto Madryn se encuentra a 1300 km de Buenos Aires; de Rosario, 1410 km; de Córdoba, 1506 km; y de Mendoza, 1457 km. El camino más corto desde Buenos Aires es tomar la RN 3 hasta Azul; la RN 226 hasta Olavarría; la RP 76 y RP 51 hasta Bahía Blanca; la RN 22 hasta Río Colorado, la RN 251 hasta San Antonio Oeste y la RN 3 hasta el acceso a Madryn. En micro: las empresas Don Otto, Vía Bariloche, Cóndor-Estrella, El Pingüino, Que Bus, TUS, Cata, Central Argentino, Mar y Valle y El Ñandú llegan a diario a la Terminal de Puerto Madryn. Desde Buenos Aires un viaje se realiza en unas 21 horas. 

El prefijo telefónico de Madryn es 0280.

INGRESO A CHUBUT

Como turista se debe contar con el Certificado Turismo, que se tramita en www.argentina.gob.ar7circulacion/turismo; aplicación CUIDAR; obra social con cobertura en la provincia o Seguro Covid-19; y reserva de alojamiento habilitado o declaración del domicilio donde se va a alojar. Quienes arriben desde la provincia de Buenos Aires o la CABA vía aérea o en transporte terrestre deberán contar con un certificado de test de hisopado negativo (test antígeno o PCR) realizado dentro de las 72 horas anteriores.

ALGUNOS PRECIOS

El ingreso a El Doradillo es libre y gratuito; al Área Natural Protegida Península Valdés cuesta $600. Precios de avistajes: temporada baja (15 de junio al 31 de agosto), mayores $5250, menores $2530; temporada alta (1 de septiembre al 15 de diciembre), mayores $7875, menores $3940. Fuente: Madryn Travel.

RECOMENDACIONES

La península de Valdés se suele recorrer de forma circular, dando la vuelta de norte a sur o viceversa. La gran mayoría de las rutas y los caminos son de ripio, por lo cual se debe tener especial precaución. No está permitido conducir a más de 60 km/h. Se recomienda puntualmente no manejar con cansancio o sueño, y llevar agua para beber.

GASTRONOMÍA

Pescados, mariscos y el famoso cordero patagónico son los platos tradicionales que se pueden degustar en Madryn. La ciudad ofrece una amplia gama de precios y ofertas para todos, paradores en la playa donde se come abundante y variado, el clásico bodegón de mar, menúes por pasos en hoteles y restaurantes de autor. También hay cervecerías, bares y restaurantes de comida étnica. 

CLIMA

Puerto Madryn tiene un clima árido patagónico donde se destacan la sequedad del aire y los días soleados. Su amplitud térmica es muy marcada. En la región costera de la Patagonia los vientos suelen soplar todos los días. Las precipitaciones son muy pocas.