Los caminos del vino cordobés

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Además de sus bellos paisajes serranos, la simpatía de su gente y la pureza del aire que se respira, Córdoba despliega un atractivo que no muchos conocen: sus viñedos y la elaboración de vinos únicos y especiales.

Córdoba tiene grandes secretos por descubrir. Como ser el hogar del cactario más grande de Sudamérica, por ejemplo, o haber sido la primera provincia donde se elaboró vino. También hay varios datos curiosos. Pocos saben que la Plaza Federal, junto al lago San Roque, es el centro geográfico de la Argentina, o que en la capital, más específicamente en la avenida Olmos 91, está el inmueble más angosto de Sudamérica (algunos dicen del mundo): un edificio de solo 3,7 metros de profundidad diseñado por dos arquitectos franceses. ¿Cuántos saben que el famoso festival folklórico de Cosquín tiene un festival “mellizo” que se festeja desde hace 46 años en una pequeña ciudad de Japón y dura tres días? Al parecer en 1955, un profesor de la ciudad de Kawamata escuchó por la radio una canción de Atahualpa Yupanqui, se enamoró del folklore y así nació la idea de replicarlo. Tampoco es muy conocida su larga tradición vitivinícola que data de hace 400 años, mucho antes de que se pensara en producir vino en el resto del país. Córdoba tiene muchas historias para contar y muchos lugares por visitar. 

El camino del vino cordobés atraviesa cinco zonas que albergan alrededor de 18 bodegas: en Sierras Chicas están las más antiguas; en el norte, el corazón del valle de Ischilín, una pareja fundó en 2007 una de las más nuevas; Calamuchita y Traslasierra fueron las últimas zonas en desarrollarse; y en Punilla, tres hermanos armaron una bodega de cero en las tierras favoritas de su mamá. Pero para entender esta ruta que atraviesa la provincia, primero hay que viajar un poquito al pasado.  

Gastronomía y vinos en la Bodega Noble San Javier

SIERRAS CHICAS

Al igual que en muchas otras partes del mundo, fueron los monjes, en este caso los jesuitas, quienes plantaron las primeras vides. Pero cuando estos partieron de Córdoba a misionar por otras latitudes, la tradición decayó hasta que, a mediados del siglo XIX, numerosas familias italianas provenientes del Friuli se instalaron en la zona y con todo su conocimiento a cuestas, resucitaron la industria del vino. Fundaron Colonia Caroya, nació la frauma, una cepa mestiza local, y para 1900, La Caroyense, la principal bodega de la provincia, se ubicaría entre las diez más importantes del país. Luego vendrían algunos vaivenes políticos, económicos y hasta climáticos que dejarían a Córdoba fuera del juego durante varias décadas hasta su regreso con gloria a las pistas enológicas en los 90, cuando nacería un nuevo “camino del vino”. 

Colonia Caroya ya no es solo famosa por sus salames, aunque nadie se resista a un vermú y una picada vespertina en el Bar 9, donde se rumorea que preparan los mejores, también es reconocida por los vinos que se elaboran en Terra Camiare, una de las bodegas más modernas de la provincia, a solo 52 kilómetros de la capital y que se extiende hasta Quilino. El proyecto no se limita al vino, también conjuga diversas actividades que suman gastronomía, paseos y un poco de historia. En La Folie, su restaurante, se preparan deliciosos platos para acompañar sus vinos dondevinos: resaltan el premiado Socavones Semillón por su expresión y frescura o el particular Zambua seco, un blend de Malbec, Bonarda e Isabela, una cepa única de la región, que tiene marcadas notas a frambuesa y frutillas. En la entrada de la bodega hay expuestas algunas maquinarias que se utilizaron más de 100 años atrás, cuando esta aún pertenecía a los Nanini y cobraba fama por sus vinos únicos. Cuando la familia Mizzau la compró en 2015, la bodega se renovó completamente y esas máquinas empezaron a contar un poco de la historia y la tradición del vino en la zona.  

La Caroyense, el comienzo de la historia del vino cordobés.

TRASLASIERRA

Los pueblos de San Javier, Yacanto y La Población son conocidos por su encanto y sus hermosos paisajes, pero desde hace algunas décadas es también una rica zona vitivinícola. Noble de San Javier fue la primera bodega en presentar un vino de la región y continúa con la elaboración de vinos orgánicos y biodinámicos. Cerca, la bodega Aráoz de Lamadrid cuenta con doce hectáreas con un particular diseño: el viñedo se integró al paisaje y así crecen las vides entre rocas y árboles frondosos. Sus particulares dueños, que vienen del mundo de la educación y el paisajismo y se están iniciando en el universo del vino, decidieron respetar las características de la zona y crearon una bodega que llama la atención y se convirtió en una suerte de oasis serrano. Allí se encuentra el cactario más grande del mundo: hay más de 6000 cactus de más de 450 especies que llegaron desde los lugares más remotos del mundo y 30 estanques con flores de todos los colores. El propio Goyo Aráoz de Lamadrid, descendiente directo de Francisco y Gregorio Aráoz de Lamadrid, héroes de la independencia argentina, repasa la historia familiar mientras acompaña a los visitantes en un recorrido por el viñedo. La visita culmina con una degustación de sus vinos acompañados por productos de la zona. Para los que quieran quedarse, hay una serie de habitaciones para alojarse  y vivir la experiencia completa. Aquellos que estén de paseo por La Población, a pocos kilómetros de San Javier,  podrán visitar Peperina, el restaurante revelación del año que cuenta con Alejandro Digilio como chef. Más conocido como “Nitu”, el cocinero que pasó por El Bulli y tuvo en Buenos Aires la maravillosa Vinería de Gualterio Bolívar se instaló antes de que la pandemia sacudiera el mundo en tierras serranas y allí comanda los fuegos del restaurante de la bodega. 

El primer vino elaborado en tierras cordobesas fue bautizado “Lagrimilla”.

Cerca de allí, en la finca El Boleado, la familia Westerdhal elabora un Viognier que ya es famoso. Su historia se remonta a su bisabuelo danés, que se enamoró del lugar cuando pisó la Argentina. Para este año prepara su primer rosado de Syrah y Bonarda y en los planes está elaborar un espumante de Viognier, una uva que se da muy bien en la zona. Y al pie del cerro Champaquí, en San Javier, está La Matilde, una comarca biodinámica abierta todo el año con una posada que cuenta con ocho habitaciones con vista a los viñedos y las Altas Cumbres. Todo allí se encuentra en consonancia con la naturaleza, se recuperaron lagunas que estaban secas, se mejoraron los drenajes y canales para acumular el agua de lluvia, se hace una utilización responsable de los recursos, se reciclan todos los desechos y trabajan su cocina con un criterio de kilómetro cero, para evitar el innecesario transporte de alimento: se cultiva lo que se come y el resto es de los productores más cercanos. Este trabajo apoyado en la sustentabilidad y la preservación del medioambiente se traslada a sus vinos, orgánicos y biodinámicos, elaborados por el enólogo Matías Michelini. 

Vinos Finca Altos.

CALAMUCHITA

Desde hace ya varios años, entre los diques y embalses que caracterizan la zona de Calamuchita, surgieron diversos emprendimientos familiares vinculados al mundo del vino. Durante el verano, además de aquellos que se aventuran a los deportes acuáticos y los turistas que se instalan en los alrededores de los diques, cada vez son más los que recorren esta ruta del vino que propone la provincia. Cerca de Los Reartes, se puede visitar la bodega Río del Medio, que hoy elabora dos vinos que pueden encontrarse en la carta de El papagayo, uno de los mejores restaurantes de la provincia: el Tizún Malbec y el Malabar Chardonnay. Siguiendo la ruta, en Villa Ciudad Parque, asoma Famiglia Furfaro, una bodega comandada por dos hermanos. Jorge vive todo el año en Córdoba, y Hugo reparte su tiempo entre Italia, donde tiene un restaurante que vende los vinos familiares, y la finca de Calamuchita. Dueño de una risa contagiosa, es un gran anfitrión para las catas y degustaciones que se hacen de sus Primaterra. 

A pocos kilómetros, la bodega Vista Grande comenzó en 2012 con un viñedo de Malbec, pero en poco tiempo decidió expandirse a otras cepas. Hoy también elabora vinos tintos a base de Cabernet Sauvignon; Merlot y Cabernet Franc; y blancos de Chardonnay, Sauvignon, Gris y Roussanne. La edificación de la bodega destaca por su diseño moderno y diferente. Allí cuenta con una sala de arte itinerante donde se realizan catas y degustaciones de sus dos líneas: Surmenage, compuesta por vinos jóvenes, y 30/08, los de guarda. 

Viñedos de Vista Grande.

FIN DEL RECORRIDO 

Si el viaje culmina en el norte, la parada obligada para los amantes del vino será Ischilín, un pequeño pueblo cuyo nombre significa “alegría” en lengua sanavirona, la que hablaban los primeros pueblos originarios que habitaron la región. Ischilín parece detenido en el tiempo, mantiene sus aires coloniales, su pulpería y antiguos edificios, los ranchos de adobe y la casa museo del artista Fernando Fader. En las afueras está la bodega Jairalla Oller, el emprendimiento de un matrimonio que dejó Buenos Aires y se enamoró del despojado paisaje de la zona. Además de los ricos vinos de la bodega, hay que ir a probar las empanadas y los dulces de La Serena, y los platos de La Rosada. Ambos lugares cuentan además con alojamiento para los visitantes. 

Por otra parte, al este de la capital, en la zona de Santa Cecilia del departamento de Punilla, recién están naciendo los primeros vinos de Nébula, un viñedo plantado por tres hermanos en honor a su madre. La bodega abre los fines de semana hasta que cae el sol y suele tener actividades programadas que pueden consultarse en su Instagram. 

Los vinos de Córdoba están construyendo su identidad a partir de la recuperación de una larga tradición que durante años se mantuvo latente. Tintos y blancos expresivos y sabrosos terroirs con distintos perfiles, variedad de suelos y de climas donde se están trabajando además de las cepas tradicionales otras con gran potencial. Córdoba está definiendo un perfil que empieza a reconocerse en las góndolas y que en poco tiempo dará mucho para hablar. 

[email protected]

Chacra de Luna.
DATOS ÚTILES

En la página de Córdoba Turismo (cordobaturismo.gov.ar) se puede encontrar un detallado catálogo de actividades y experiencias así como mapas, información general y recorridos virtuales por las bodegas, que, además, publican en sus perfiles de Instagram sus lanzamientos, actividades y propuestas. Si bien la mayoría brinda la posibilidad de visitarlas, en algunas debe hacerse reserva previa.

¿CÓMO LLEGAR?

Por micro hasta la capital de Córdoba y otras ciudades de la provincia. Horarios y pasajes en www.plataforma10.com.ar. 

EN AUTO: 

Sierras Chicas/Colonia Caroya: desde la ciudad de Córdoba tomar la RN 9 norte, pasando la Estación Juárez Celman y General Paz. 

Traslasierra/San Javier: tomar el Camino a las Altas Cumbres y luego seguir por la ruta 14 que desemboca en diversos pueblos de Traslasierra.

Calamuchita/Villa Ciudad Parque/Los Reartes: tomar RP 5 hasta Villa General Belgrano o hasta Villa Ciudad de América, pasando Potrero de Garay, tomando luego la ruta S271 hasta Los Reartes.

Ischilín: se encuentra a unos 120 kilómetros de Córdoba Capital. Se puede llegar por la RN 9 y la RP 17, o por la ruta E 53 y luego la RP 17.

Punilla: desde la ciudad de Córdoba tomar la ruta 20, luego continuar por la RP 73 y la RP 55, hasta desembocar en la RN 38.

POR AVIÓN: 

Hay vuelos de Aerolíneas Argentinas, FlyBondi y JetSmart. Los precios varían según la fecha y la disponibilidad.