Raras y fascinantes

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Las plantas carnívoras conforman una rama diferente dentro del reino vegetal y, opuestamente de lo que muchos creen, no demandan excesivos cuidados.

Las plantas carnívoras siempre han despertado curiosidad por su exotismo y sus peculiares hábitos alimentarios, y, aunque a más de uno le gustaría poseer ejemplares de estas hermosas especies, el desconocimiento que existe acerca de los cuidados que requieren lleva a descartar esa posibilidad.
No gozan de buena prensa y se cree, equivocadamente, que son peligrosas, delicadas y de difícil adaptación.
La realidad es que, por el contrario, su cultivo es relativamente sencillo, por lo que cualquiera puede gozar de su belleza singular y de sus dotes para tener a los insectos a raya.


CUIDADOS

Para empezar, es preciso saber que la mayoría proviene de zonas pantanosas, por cuanto para que se aclimaten adecuadamente es indispensable trasladarlas a una maceta (preferiblemente de plástico) que contenga algo de arena y mucho musgo, o, en su defecto, un sustrato especial para plantas carnívoras. Al llevarlas a casa, una buena idea es emplazarlas en terrarios, debido a que estos son ideales para replicar artificialmente su ambiente natural.
En líneas generales, es importante proporcionarles un hábitat húmedo, por lo que es conveniente mojarlas con un pulverizador, mantener el sustrato continuamente hidratado y colocarles un plato con agua bajo el receptáculo para que absorban lo que precisen.
Un tema para destacar es justamente el del agua: la corriente (de la canilla) no sirve, ya que es muy alcalina para las especies de este género; necesitan agua destilada, que se puede obtener, por ejemplo, a partir de la lluvia o de la que expulsan los acondicionadores de aire (siempre envasada en recipientes en los que no les entre luz para evitar la proliferación de algas y bacterias).
Respecto a la luz, demandan muchas horas de gran iluminación –pero sin exposición directa al sol– para llevar a cabo la fotosíntesis y para que se destaquen sus colores, gracias a los cuales muchas atraen a sus presas. Por lo general ingieren insectos tales como mosquitos, moscas, arañas y hormigas, que atrapan por sus propios medios. En este sentido, es imprescindible recordar que no se les debe dar comida, ya que posiblemente se intoxiquen y mueran. Lo mismo corre para los fertilizantes: el abono las aniquila.

ALGUNAS ESPECIES

Droseras: Hay alrededor de 100 especies –si bien las más conocidas son las Droserascapensis, Capensis alba, Capensisall red, Aliciae, Binata y Spatulata– y por su capacidad para aclimatarse son las más convenientes para los que se inician en el cultivo de estas plantas. Son perennes y su particularidad se encuentra en las hojas, que poseen una sustancia dulce y viscosa con la que atraen a sus potenciales “víctimas”, tras lo cual se enrollan para impedir que se escapen.
Dionea muscipula: Conocida como “venus atrapamoscas”, es quizá la más representativa de las plantas carnívoras. Tiene forma de roseta y está constituida por hojas que se caracterizan por cerrarse rápidamente cuando capturan una presa; es en ese momento que inician el proceso de digestión, que dura unos diez días. Puede “diferenciar” entre insectos vivos –que son los que ingiere– y muertos, como así también descartar a los polinizadores. Por el gran desgaste de energía que sufre cada vez que cierra sus hojas, es primordial no estimular esta actividad, ya sea tocándoselas o sobrealimentándola, si deseamos que crezca saludable.
Sarracenia: O “planta trompeta”, se distingue por cazar insectos mediante el néctar tóxico que emana desde el borde de sus hojas, que guardan la forma de un tubo o una jarra en donde acumulan agua. Una vez capturados, los bichitos caen en el interior, en donde las enzimas que despide empiezan a trabajar. Vive mucho tiempo –aunque es de crecimiento lento– y a partir del cuarto año da unas flores bellísimas.