Mujer valiente

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Felipe Pigna

Historiador, profesor de Historia, escritor; director de la revista Caras y caretas y de elhistoriador.com.ar.

 

Juana Paula Manso nació en Buenos Aires el 26 de julio de 1819. A los siete años fue inscripta en la escuela porteña de Monserrat, uno de los establecimientos para niñas regenteados por la Sociedad de Beneficencia.

En 1840, la familia se instaló en Montevideo. En la otra orilla comenzó a publicar sus primeros poemas, con el seudónimo de “Mujer Poeta”, en periódicos antirrosistas como El Nacional y El Constitucional. La familia se mudó a Río de Janeiro, donde, en 1851, Juana publica por entregas en el Jornal das Senhoras su novela Los misterios del Plata. Tras la caída de Rosas, Juana decidió entonces volver a su querida Buenos Aires. Aquí publicó en La Ilustración Argentina un artículo pionero titulado “La emancipación moral de la mujer”.

El 1º de enero de 1854 comenzó a aparecer, a su riesgo, el Álbum de Señoritas; escribía Juana:

La sociedad es el hombre: él solo ha escrito las leyes de los pueblos, sus códigos; por consiguiente, ha reservado toda la supremacía para sí; el círculo que traza en derredor de la mujer es estrecho, lo que en ella clasifica crimen, en él lo atribuye a debilidad humana […]. ¿Por qué se condena su inteligencia a la noche densa y perpetua de la ignorancia? […] ¿Por qué reducirla al estado de hembra cuya única misión es perpetuar la raza? […] ¿Por qué cerrarles las veredas de la ciencia, de las artes, de la industria, y así hasta del trabajo, no dejándole otro pan que el de la miseria, o el otro mil veces horrible de la infamia?

En 1859, a su regreso de una nueva estadía en el Brasil, José Mármol le presentó a Sarmiento, que en ese momento estaba al frente de las escuelas bonaerenses. Se hizo cargo de los Anales de la Educación Común. Desde sus páginas, Manso da a conocer las ideas del pedagogo suizo Pestalozzi, que basaban la enseñanza en la observación y la reflexión, tomaban en cuenta los grados de maduración de los chicos y rechazaban la “pedagogía” que recurría a los castigos y el aprendizaje de memoria.

En 1864 escribe junto a Eduarda Mansilla, la sobrina de Rosas, en el semanario La Flor del Aire, dirigido por Lope del Río. Allí Juana, bajo el seudónimo de “Dolores”, se convierte en pionera en rescatar el lado femenino de la historia a través de su columna “Mujeres Ilustres de la América del Sud” dando a conocer las vidas de Juana Azurduy y Manuela Pedraza, entre otras.

“Manso rechazaba la ‘pedagogía’ que recurría a los castigos y el aprendizaje de memoria”.

En 1869 se convirtió en la primera mujer en integrar, como vocal, el Departamento de Escuelas, y dos años después, de la Comisión Nacional de Escuelas. Fue la introductora de la enseñanza del idioma inglés en las escuelas públicas y dio una dura batalla contra la designación a dedo de docentes y directivos, promoviendo los concursos por méritos y antecedentes en todos los niveles. Desde todas partes arreciaban las presiones sobre Sarmiento para que la “renunciara”. La respuesta fue: “La señora Manso no renunciará por ahora, porque ella no pertenece al gremio de los cobardes que se suicidan”.

No paró de pelear un solo día de sus 55 años. Algunos amantes de las cadenas y de la ignorancia no pudieron disimular su alegría aquel 24 de abril de 1875 cuando Juana se fue de este mundo que ella tanto quería y que fue tan descortés con esta dama que gustaba vestirse a lo varón. Sus restos fueron despedidos por Juana Manuela Gorriti, quien dijo en la ocasión: “Juana Manso, gloria de la educación, sin ella nosotros seríamos sumisas, analfabetas, postergadas, desairadas. Ella es el ejemplo, la virtud y el honor que ensalza la valentía de la mujer, ella es, sin duda, una mujer”.